Por desgracia, y más allá de la pertinencia o no de la jugada parlamentaria planteada por el partido de Abascal, hay aún un stablishment en nuestro país que cree en el turnismo, en la alternancia, en la inevitabilidad y (peor aún) hasta en la necesidad de que caiga el PSOE para que tome el relevo el PP o de que salga del poder éste para que lo recupere con prontitud el primero. Sin que nada apenas ocurra. Bueno, sí: ocurriendo que esta dinámica viciosa ha arrastrado a nuestro país, de legislatura en legislatura y especialmente desde el año 2004, a la ruina y la irrelevancia.
Podría resultar sorprendente, pero es más bien grotesco y ridículo que todos los esfuerzos que un intelectual independiente va a poner en exponer públicamente (como mínimo ante toda Europa) el pliego de cargos contra el ejecutivo más negro de la Historia de España, los estén duplicando y triplicando las terminales mediáticas que responden invariablemente al toque de silbato de Génova para intentar zarandear y descuartizar a Tamames, blanqueando al tiempo la imagen del inquilino de Moncloa frente a las maniobras de la ‘ultraderecha’.
El cainismo explica las actitudes hostiles y hasta revanchistas hacia los propios compañeros o amigos o compatriotas o correligionarios. Y esta escalada de ruido y furia orquestada torpemente para intempestiva y absurda gloria de Feijóo tiene su única causa, precisamente y una vez más, en una guerra intestina, PP-VOX, cuyos principales ganadores son quienes la contemplan, indemnes, desde el palco que abonan los ninguneados y sufridos ciudadanos españoles.