Ser despierto y a la par estar vigilante no es más que detectar raudo con un golpe de vista por un lado la ausencia de la presencia y por otro, lo que es más difícil y no es menos importante, es descubrir la presencia de la ausencia. Y para el alumno aventajado que aspira a subir nota, es distinguir cuándo solo muta la carencia de cuándo esta desaparece sin dejar en herencia otra diferente.
Y así partiendo de las siguientes reflexiones: que realmente el frio no existe como tal, el frío es sencillamente la ausencia de calor; que la oscuridad no existe como tal, sencillamente la oscuridad es la ausencia de luz; que la tristeza no existe como tal, sencillamente la tristeza es la ausencia de alegría; y que el mal no existe como tal, sencillamente el mal es la ausencia del bien.
Por iteración sigo con esa pauta de razonamiento, y me gusta concluir que el egoísmo humano no existe como tal, sencillamente el egoísmo es la ausencia de generosidad, y aquel, frente a esta, por defectuoso se conforma con muy poco; el querer antes solo a uno, pudiendo querer primero a los otros. Para llenar la existencia se precisa de un propósito, como única vía que tenemos para remitir la ausencia de vacío y ello solo se consigue cuando se goza de algo a lo que estamos muy unidos y que nos fortalece, lo que únicamente se alcanza cuando a los demás de forma individual les solucionamos un problema que les agobia, les enseñamos disminuyendo su ignorancia, los curamos reduciendo su dolor o sencillamente los amamos sin más. La ausencia se elimina dando, nunca acaparando.
Y que quede claro en primer lugar para los conservadores tradicionales que ni de forma tangencial o por casualidad estoy hablando de caridad, y en segundo lugar que ni duden por un segundo los progresistas modernos que no estoy hablando de solidaridad; entendiendo para la primera el amor desinteresado por el prójimo, por cualquiera que necesite ayuda, y entendiendo por la segunda la unidad que mantienen y defienden aquellos que comparten un interés. Ni a los caritativos al dar un pez de los muchos que hay en el cesto, ni a los solidarios al compartir hoy su pez bajo el principio de ahora por ti y mañana por mí, aunque no les reste ni les sume méritos, les asocio a sus actos la presencia de generosidad en el sentido de la ausencia del egoísmo que realmente hay al enseñar a pescar, y por tal motivo ni los unos ni los otros me despiertan mayor interés.
La razón de tal indiferencia es fácil, se basa exclusivamente en el resultado obtenido por el uso dado al acuático ser de respiración branquial, tanto con la caridad como con la solidaridad se fomenta la dependencia y también de una particular manera se hace nacer una obligada gratitud; en cambio con la generosidad al pivotar sobre el sincero desprendimiento se crean los pilares básicos de la independencia y no se precisa de gratitud, ya que solucionar, enseñar, curar o amar a individuos concretos no son juegos de suma cero; las normas que los regulan garantizan a los jugadores en globales términos netos la ausencia de pérdidas; y donde de una forma u otra directa o indirectamente todos los participantes disfrutan de la presencia de una ganancia no hay gratitud que valga.
O en todo caso esta se manifiesta callada y silente en la mirada, el gesto y la actitud, lo que gusta a raudales donde hay abundancia en la presencia de inteligencia por la serenidad, calma y tranquilidad que proporciona; pues a vueltas con la misma pauta de razonamiento anteriormente aplicada, el silencio no existe como tal, sencillamente el silencio es la ausencia de sonido y lo que es mucho mejor, en beneficio de la garantía del mantenimiento de la paz, es la ausencia de ruido.
Sea este texto como cualquier otro para todos sin excepción, pero de manera muy especial y en particular para aquellos, y ellos perfectamente saben quiénes son, que hacen que la presencia de la soledad, sencillamente sea la consecuencia de la ausencia de su compañía.