1.- ¿Conocía la mujer de Santos Cerdán la corrupción de su marido por proximidad personal y convivencia?
2.- ¿No tenía acceso la mujer de Santos Cerdán a detalles de su vida cotidiana que le resultaban sospechosos? ¿Nada sobre sus ingresos, sobre sus conversaciones, sobre sus movimientos, físicos o de otra índole?
3.- ¿Ha podido tener algún tipo de participación o complicidad indirecta la mujer de Santos Cerdán o vivía completamente sorda, ciega, engañada por este presunto y encarcelado corrupto socialista?
4.- ¿Ha sido beneficiaria la mujer de Santos Cerdán de su presunta corrupción y, por ende, podría ser legalmente responsable de la misma? ¿Le ha podido ayudar ‘en algo’?
5.- ¿No se le ha pasado por la cabeza nunca a la mujer de Santos Cerdán no ya denunciar sino cuestionar algunos actos de los que haya sido -siquiera vagamente y como consorte- testigo, o acaso es una convidada de piedra en la vida de su propio esposo?
6.- ¿De verdad es creíble que durante años y años la mujer de Santos Cerdán se haya mantenido al margen absolutamente de todo?
7.- ¿No ‘debió saber’ la mujer de Santos Cerdán lo que se ha venido cociendo durante años y años, o es que no contempló ni de raspada manera ninguna evidencia material, ningún tenue indicio de enriquecimiento ilícito?
Respetando la presunción de inocencia también de este mediocre, de este indocumentado, ahora investigado por la megacorrupción socialista, hay razones de peso para despreciar olímpicamente esa supuesta acusación de ‘acoso periodístico’ de esta buena señora. Al contrario: habría motivos bastantes para pensar -el tiempo lo dirá- que este desconocimiento total de las desventuras, fechorías y tropelías del encarcelado Santos Cerdán es… altamente improbable.