No me decido. Llevo unos cuantos años renegando del principio inevitable que anuncia la cercanía de la jubilación, a la que en mi caso todavía faltan peldaños para alcanzar el cielo del paraíso, pero se acerca, siendo hoy además mi cumpleaños, de manera inexorable. Y en ese deambular, entre fantasía negada y realidad implacable, perturban el duermevela de mi presente noticias que resucitan la borrachera de estupefacción que aceleran, como el novato que pisa la capital por vez primera vez, el acelerón de reflexiones que sólo el sosiego y la risa provocada, calman. De nuevo hay que encontrar una salida...
Anuncia nuestro demócrata gobierno, ese que deja la hierba cuando la pisa igual que el caballo de Atila, que se plantea aprobar una ley que multe a periodistas con hasta 2,5 millones de euros, simbólica cantidad que no habré ganado ni rejuntando lo salarios de toda una vida hablando y escribiendo sobre las diatribas carroñeras de quienes han ocupado los gerifaltes cargos de la poltrona política. La risa vuelve a estirar la comisura de mis resecos labios, a sabiendas que es la mejor opción que los años y la experiencia me otorgan, ante la imposibilidad de romper a nadie el cráneo.
Y claro, te preguntas de nuevo ¿en que momento se jodió España para estar aquí y ahora leyendo aquello y escribiendo esto?. Decía Ana Rosa Quintana que todos los gobiernos han intentado controlar la opinión pública, pero nunca como ahora. Lo confirmo y añado que, si con eso no tienen bastante, aprueban, junto con comunistas, independentistas y filoterroristas, todos encantados de haberse conocido en el patio de “jodamos España como sea”, la norma que te fríe con multas, que si no puedes pagar, sirven de antesala para empapelarte, sino enchironarte, con el añadido implícito de la legal restricción del profesional secreto de revelar las fuentes. Y hasta aquí hemos llegado. Si quieres más información de lo que pasa después, habla con cualquier venezolano mayor de 40 años o algún cubano, vivo, en edad de jubilación.
Tengo poco de que preocuparme. No debo nada a nadie y mi mente está en paz. Sería además la segunda vez que me llevan a una celda. Sobre la primera, en febrero de 2016, siendo concejal del ayuntamiento de Benidorm y durante dos horas, todavía estoy esperando que alguien me de una explicación. “O te callas o te pasas aquí todo el fin de semana”, es a lo máximo que pude aspirar. En esta ocasión no habría duda, antes en la trena que desvelar una fuente de información, me lo enseñó mi sagrado padre, el mejor periodista que nunca tuvo su calle. Nos queda la esperanza de ver que también los jueces, los policías y los fiscales se revelan contra esa reforma de las oposiciones que les quieren colar por la puerta de atrás, para que les quite el puesto cualquier mindundi sin formación, al estilo de la invasión de zombis sin criterio que se ha hecho con el Congreso, ahora también sin el apellido de Diputados. Ningún cineasta hubiera imaginado este surrealista guion hace sólo un par de décadas.
Se hace difícil concluir como va a terminar todo esto. La sensatez dicta un final que ya debería haberse producido, la triada oscura del psicópata que duerme en Moncloa hace complejo predecir el futuro. No hay ningún Elon Musk en España con los cojones y el dinero suficiente para cantarle las cuarenta al descerebrado de Pedro Trump o Donald Sánchez, como prefieras. Quizás sean los 65 millones de folios que nos ha dejado en herencia Koldo García, antes de venirse a vivir a Benidorm, los que nos pongan el “The End” en la pantalla de esta legislatura. Estoy entre los voluntarios para leer unos cuantos y ayudar a su señoría, porque los va a necesitar si queremos un veredicto antes del año 2.165 después de Cristo.
En cualquier caso, y es lo importante, el pastel se va desinflando, ni los números del turismo están siendo los que se esperaban, ni se desinfla la gangrena de la inmigración ilegal, ni parece reducirse la herida que se ha creado en los precios de una vivienda que une de más a las familias españolas, pues los hijos de 30 y 40 años siguen viviendo con sus padres. Esos mismos que sí pudieron compran una casa o heredarla de sus abuelos en la época de aquel malvado Franco de las 4 millones de viviendas sociales.
La industria nos anuncia que se ahoga y que ya destruye una cuarta parte del empleo, mientras la fiscalidad ha dejado de ser abusiva para convertirse en confiscatoria y poder así mantener a funcionarios, pensionistas, parados, vividores y chiringuitos sin fin... ¿Será Barbón, cansado de que le esquilmen a los asturianos para que su señorito se pueda mantener en la poltrona, aprendiz tardío de Page, quien encienda la mecha definitiva de un partido socialista en coma y cuyo despertar es el único camino para que España entera recobre el sendero de la sensatez?. Dejemos de errar el tiro, Sánchez sigue porque le mantienen los paniaguados que le aplauden en ese Congreso sin apellidos a cambio de un salario que en su vida han visto y jamás volverán a ver. Todo lo demás son tiros al aire y como hago yo, desahogos para cumplir con uno mismo. Ya lo saben, disfruten lo votado.