En lo que es un debate candente, el colaborador de EMF se refiere a los empleos que desaparecen y los roles que emergen, a la educación y el conocimiento aumentado y subraya la propia función de la IA como tutor, guía y creador de contenido educativo.
Capítulo a capítulo, y en un aspecto más puramente empresarial, pone el acento en cómo la IA está condicionando las nuevas finanzas, el comercio y la productividad, redibujando golpe a golpe el sistema capitalista y la propia gestión de los asuntos públicos a través incluso de las instituciones.
Uno de los aspectos más interesantes que se abordan es el de cómo dirigir organizaciones híbridas (humanos + IA), y lo que representa desde un punto de vista ético en este sentido. Y, en paralelo, como apunta Asencio, no hay que olvidar los “riesgos de vigilancia, los riesgos de manipulación y siempre la tentación de control detrás del uso de herramientas tecnológicas”.
En un prólogo brillante y prefacio de lo que continúa en las páginas de la obra, el autor apunta: “vivimos un momento decisivo en la historia de la humanidad. No es una exageración ni una frase de impacto: es una realidad silenciosa que avanza a una velocidad nunca antes vista. Las máquinas ya no solo ejecutan órdenes; ahora aprenden, deciden, recomiendan, predicen y, en muchos casos, actúan sin que seamos plenamente conscientes de ello (…) la inteligencia artificial dejó de ser una promesa futura para convertirse en una presencia cotidiana, casi invisible, que habita en nuestros teléfonos, trabajos, gobiernos, escuelas y hogares (…) este libro nace de la necesidad de comprender ese cambio profundo. No desde el miedo, pero tampoco desde la ingenuidad. Durante años hemos celebrado el progreso tecnológico como sinónimo automático de bienestar, sin detenernos a preguntarnos qué significa realmente vivir en un mundo donde los algoritmos comienzan a influir en decisiones que antes solo pertenecían al ser humano. La automatización no es únicamente un fenómeno técnico; es, sobre todo, un fenómeno humano”.
Al final, no se trata de elegir entre la máquina o el ser humano, sino de decidir qué tipo de humanidad queremos preservar en un mundo cada vez más automatizado.