Esa “brecha de difusión” —quién puede implementar IA a escala y quién queda fuera— se convirtió en una de las ideas recurrentes. En una de las sesiones sobre competencia global, la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, lo expresó sin rodeos: “un tsunami está golpeando el mercado laboral”. La institución calcula que, de media, el 40% de los empleos se verá afectado por la IA, en forma de transformación o sustitución parcial. La pregunta, en Davos, ya no es si habrá impacto, sino si la transición será gestionable y socialmente aceptable.
En paralelo al protagonismo político —con intervenciones de alto voltaje y lecturas geoestratégicas—, la agenda tecnológica del Foro reunió a algunos de los nombres que están marcando el rumbo de la IA: Satya Nadella (Microsoft), Jensen Huang (NVIDIA), Dario Amodei (Anthropic), Demis Hassabis (Google DeepMind), Yoshua Bengio (Universidad de Montreal) o Alex Karp (Palantir), entre otros, según la propia organización del WEF. La concentración de perfiles no fue anecdótica: reflejó que la IA ya opera como infraestructura crítica, comparable —por su peso— a la energía o a las cadenas de suministro.
La IA como infraestructura: energía, empleo y legitimidad
En esta edición, Larry Fink (BlackRock), en su rol de copresidente interino del Foro, moderó diálogos con líderes del sector tecnológico. En la conversación con Elon Musk, por ejemplo, el debate se desplazó rápidamente hacia el punto que Davos suele traducir mejor que nadie: los límites físicos de la revolución digital. Sin energía y capacidad industrial, la IA no escala; sin escala, no hay transformación macroeconómica.
Esa realidad material —centros de datos, electricidad, costes, talento— fue el telón de fondo de una edición donde el relato del “modelo” dejó paso al relato de la “implantación”. Y ahí emergió un espacio relevante para la presencia hispana, más allá de la diplomacia: la de organizaciones que plantean cómo aterrizar la IA en el tejido productivo sin convertirla en una ventaja reservada a gigantes tecnológicos o corporaciones con recursos ilimitados.
La delegación hispana representada por las empresas más disruptivas del sector
El matiz relevante de esta edición es que el papel hispano no se limitó a la foto institucional: hubo conversaciones, más discretas pero estratégicas, sobre cómo Europa y el mundo hispano pueden evitar quedar relegados a ser solo consumidores de tecnología diseñada en otros centros de poder. En ese contexto, varias sesiones del Foro Económico Mundial dieron voz a innovadores del sector. Entre ellos, la empresa española AiKit y su Fundación BeAI, representadas por la ex diplomática y doctora en Derecho Eliana Bejarano, situaron en el centro del debate una cuestión decisiva para gobiernos, instituciones y empresas: cómo acelerar la adopción de la IA con garantías plenas sin asfixiar la innovación.
La presencia hispana en Davos 2026 se percibió también en el plano político, con mandatarios y representantes de distintos gobiernos, como el presidente argentino Javier Milei y su homólogo de Ecuador, Daniel Noboa, además de la representación española, encabezada por responsables del área económica y de Transformación Digital, tras la cancelación de la asistencia del presidente Pedro Sánchez.
El valor de la economía real: pymes, productividad y formación
En Europa, AiKit es una de las startups tecnológicas con mayor proyección de crecimiento en IA aplicada. Su propuesta está orientada a la economía real: hacer la IA empresarial accesible a organizaciones de cualquier tamaño — “acercar las pymes a la IA”—, evitando dependencias tecnológicas y reforzando marcos de gobernanza responsable. El debate, compartido con otros líderes del sector, se desplazó así del “IA sí o no” al “IA cómo”: reglas claras, despliegue práctico y preparación ante el impacto en el empleo.
Ese enfoque —técnico y normativo— conectó con la idea más repetida en Davos: la adopción masiva no vendrá solo de modelos más potentes, sino de confianza; y esa confianza se juega, en 2026, en tres frentes: privacidad y seguridad; trazabilidad y explicabilidad; y responsabilidad ante decisiones automatizadas.
La perspectiva de AiKit y el trabajo de impacto de su fundación BeAI encaja especialmente en este debate global por un motivo estructural: en países europeos —y, en particular, España— la competitividad depende de la modernización de pequeñas y medianas empresas, no solo de grandes corporaciones. Si la IA se integra únicamente en determinadas agrupaciones empresariales, el salto de productividad quedará concentrado; si se difunde con herramientas y formación, el impacto se amplifica. En Davos 2026, esa aproximación opera como contrapunto a la carrera por la frontera tecnológica: no compite por el “modelo más grande”, sino por la pregunta más difícil de ejecutar: cómo convertir la IA en una mejora operativa medible para la mayoría de empresas.
España y el anuncio del fondo “España Crece”: ambición, pero exigencia de gobernanza
En clave española, Davos coincidió con el debate interno sobre el fondo soberano “España Crece”, anunciado por el presidente Pedro Sánchez como instrumento para prolongar el impulso de los fondos Next Generation. Según la información oficial, partiría de una base de 10.500 millones de euros con el objetivo de movilizar inversión adicional a través de coinversión y financiación privada, bajo gestión del ICO, priorizando sectores como digitalización e inteligencia artificial.
La discusión, dentro y fuera de España, es previsible: transparencia, criterios de inversión, controles y resultados. En un entorno donde la IA ya se considera infraestructura estratégica, el capital es importante; pero la credibilidad —cómo se gobierna ese capital y cómo se mide su impacto— lo es aún más.
La conclusión de Davos 2026: la IA no se “anuncia”, se despliega
Sin duda, Davos 2026 dejó una foto nítida: la IA está entrando en su fase industrial. Eso implica energía, inversiones y carrera tecnológica, pero también una disputa por las reglas y por la cohesión social. La brecha entre adopción y exclusión ya está sobre la mesa, como advirtió el FMI, y el debate sobre legitimidad será decisivo para que la IA se escale sin rechazo.