Luego están los otros, con la bombilla de adorno porque no luce. Y ahí podemos poner a todos los mezquinos, a los que intentan imponerse por encima de cualquier cosa, a los que hablan solamente con atajos culturales y perogrulladas, a los que recurren al cambio climático para todo, a los que desprecian aquello que no entienden. En definitiva, un territorio para espabilados y tontos. Alguien dijo en una ocasión que no había nada más peligroso que un tonto con una idea.
Vivimos en una sociedad nacional, europea y en algunos aspectos mundial, en donde la luz se va apagando. Quizá la prueba más clara es ver el laberinto en el que estamos metidos, en búsqueda activa de errores cometidos en el pasado para pedir perdón en el presente, así como un intento de reparación. Y aquí cabe todo: colonizaciones, guerras de siglos atrás, abusos de todo tipo. Es curioso que cuanto más lejano es el conflicto más notoriedad se le otorga. Ni más ni menos que juzgamos el pasado con los ojos de hoy.
Y para ello se usa un lenguaje que intenta simplificar hasta el absurdo lo que no puede ser sencillo. E incorporamos frases con un origen rústico o científico, pero que se adornan con confeti: “las que entran por las que salen” “tenemos no sé qué en el adn” y otras frases brillantes por el estilo
Quizá no sabemos (o no saben) lo que ha costado alcanzar la sociedad que tenemos y por eso se dedican a criticarla e intentan medrar con ello.
Al final, este mundo occidental en el que vivimos es el principal enemigo de sí mismo. Y de tanto análisis, de tanto arrepentimiento, de tanto observatorio que nos observa, nos hemos detenido. Y vemos como otros nos adelantan. Parálisis por el análisis.
Para vivir, por favor, siempre una luz que nos ilumine, que no haya miedo a la persona competente, que no se degrade a funcionarios de carrera a posiciones menos relevantes para poner en su lugar a los que se pone. En el caso de los trenes, por ejemplo, teníamos a técnicos que consiguieron crear una red férrea que es (era) envidia de muchos países. Tomaban decisiones y administraban presupuestos. Ahora, su lugar, su voz y su manejo de presupuesto lo tienen otros que cuando hablan se definen. Y tras ese ejemplo pongamos los que queramos.
Por mi parte animo a la rebelión. Hay muchas bombillas encendidas, se pueden reconocer y hay que ponerlas en su sitio. Y si vemos una bombilla apagada se cambia como siempre se ha hecho.