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El Sahel, polvorín al borde del Mediterráneo

El Sahel es una vasta región de transición en África que separa el desierto del Sáhara, al norte, de las sabanas tropicales y selvas del África subsahariana, al sur. La región se extiende como un cinturón de aproximadamente 6,000 kilómetros de longitud desde el océano Atlántico hasta el mar Rojo, abarcando los siguientes países: Senegal, Mauritania, Malí, Burkina Faso, Níger, Chad, Sudán y Eritrea. Además, hay unas áreas de influencia, partes del norte de Nigeria, Camerún, Etiopía, Gambia y el sur de Argelia también comparten sus características climáticas y sociales.
El Sahel es una vasta región de transición en África que separa el desierto del Sáhara, al norte, de las sabanas tropicales y selvas del África subsahariana, al sur. La región se extiende como un cinturón de aproximadamente 6,000 kilómetros de longitud desde el océano Atlántico hasta el mar Rojo, abarcando los siguientes países: Senegal, Mauritania, Malí, Burkina Faso, Níger, Chad, Sudán y Eritrea. Además, hay unas áreas de influencia, partes del norte de Nigeria, Camerún, Etiopía, Gambia y el sur de Argelia también comparten sus características climáticas y sociales.

· La particular zona ecoclimática es una de las regiones más comprometidas, afectada por una creciente violencia yihadista y con instituciones frágiles y laminadas por la corrupción

martes 17 de febrero de 2026, 10:00h

La inestabilidad se extiende a los países costeros con repercusiones directas para Europa y España. Basándonos en el Global Terrorism Database (GTD) de la Universidad de Maryland (más información al enlace https://shorturl.at/NfnSD), la región del Sahel es uno de los escenarios más volátiles y peligrosos de África. Más del 50% de las víctimas por atentados terroristas a novel global del último año perecieron en la franja que se extiende desde el Océano Atlántico hasta el Mar Rojo. Las causas de similar polvorín no se han resuelto pese a las millonarias financiaciones comunitarias y lo acontecido en los últimos meses confirma una inestabilidad estructural, economías frágiles, inseguridad alimentaria y gobernanzas regionales a la merced de colectivos armados yihadista. Estos no tienen escrúpulos en reclutar forzosamente entre la población civil y recurrir a la violencia indiscriminada en las zonas rurales de Burkina Faso, Mali o Níger.

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Sin embargo, la presión de estas milicias radicales no se limita a los estados del área centro-occidental, solitamente valorados como el epicentro de la inseguridad regional. Los ataques mortíferos y los episodios de insurgencia están afectando a países costeros como Benín, Togo y Costa de Marfil. El aumento de la violencia se constata tanto entre fuerzas locales de seguridad como por parte de los ejércitos nacionales contra la población civil (se aconseja la lectura del detallado informe del académico Jalale Getachew al enlace https://shorturl.at/dUmFx). Un panorama desolador al que se suman los intentos de golpe de Estado en África Occidental.

Por lo tanto, similares dinámicas plantean alarmantes interrogantes sobre el futuro político del Sahel y sus implicaciones para España y el continente europeo.

Al Qaeda y el Estado Islámico llevan la voz cantante al patrocinar grupos armados como Jama'at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (Jnim) o el Islamic State in the Greater Sahara (ISGS). Si bien tanto su modus operandi como su estructura interna son diferentes, ambos han logrado reforzar la presencia territorial y proyectan operaciones más allá de las fronteras nacionales desde sus fortines ubicados en el Sahel central y la cuenca del lago Chad. En 2025 se han registrado ataques en Benín, Ghana, Todo y Costa de Marfil, sufriendo Níger la perdida de decenas de civiles el pasado marzo. Terroristas del ISGS atacaron bases militares conduciendo pick ups y motocicletas vislumbrando de tal manera la capacidad ofensiva del grupo armado.

En Mali los terroristas del Jnin lograron bloquear el suministro de combustibles a las grandes urbes del país, incluida la capital Bamako. La destrucción de cientos de tanques y el secuestro de decenas de transportistas imposibilitan el abastecimiento habitual desde Senegal o Guinea. Una estrategia perfectamente calculada que repercute en el suministro eléctrico, daña la economía local e imposibilita una gestión de las infraestructuras estratégicas, de los centros sanitarios o educativos. Según datos de Naciones Unidas en 2025 alrededor del 28% de la población maliense necesitó asistencia humanitaria (véase datos al link https://shorturl.at/tqAkB), agravando la estremecedora crisis que atraviesa un país en llamas y forzando su población a buscar cobijo en Mauritania. Tampoco han logrado frenar los ataques las fuerzas del Africa Corps – antiguos mercenarios del Grupo Wagner – cuyo despliegue está siendo insuficiente para devolver una cierta normalidad al país.

El Jnin está implementando nuevas estrategias de reclutamiento adaptándose a cada entorno. No pretende llevarse sujetos que pertenecen a un grupo étnico específico, sino más bien involucrar a diferentes grupos e individuos de origen e idiomas distintos. La coalición insurreccional está conformada por tuaregs, fulani, bambara o shangai. Esto ha contribuido a limitar la resistencia de la población civil vigorizando significativamente la percepción grupal.

Un modus operandi que pone al descubierto los fracasos de las autoridades castrenses de Mali, Níger y Burkina Faso a la hora de combatir a los yihadistas y aminorar el proceso de radicalización. El lanzamiento de una nueva iniciativa militar – la Fuerza Unificada de la Alianza de los Estados del Sahel (Fu-AES) - representa un brindis al sol pese al interés de algunas potencias internacionales. Trátense de un contingente de cinco mil uniformados con base operativa en Niamey, la capital de Níger. A mediados de enero protagonizó varias incursiones en el norte de Mali, pero los resultados no han sido los esperados.

Por añadidura, desde noviembre de 2025 se han ido sucediendo intentos de golpes de Estado. En Guinea-Bisáu el ejército depuso a Umaro Sissoco en los momentos previos a que se hicieran públicos los resultados electorales. El mandatario fue arrestado y exiliado forzosamente a Senegal, mientras el jefe del Estado Mayo asumía la presidencia interina. La maniobra castrense no debería estar condicionada por factores externos y narrativas anticoloniales. Parece más bien una acción oportunista llevada a cabo por militares. Un desenlace muy diferente al de Benín, dónde la ocupación del coronel Pascal Tigri fracasó ante la intervención repentina del ejército de Nigeria y de una coalición formada por tropas de Ghana, Sierra Leona y Costa de Marfil. La celebración de las legislativas y municipales el 11 de enero de 2026 revalida la necesidad de alianzas estratégicas supranacionales.

EE.UU., el perejil de todas las salsas, parece haber recuperado cierto interés en una zona marcada por el fúnebre desenlace somalí en 1993. El 25 de diciembre Donald Tump ordenó un bombardeo aéreo en la zona septentrional de Nigeria como represalia al exterminio de cristianos a mano del Estado Islámico. Trátense de un importante despliegue que confirma la estrecha relación militar entre Washington y Abuya. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, vaticinó nuevas intervenciones, pero es cuestionable que este ataque conlleve una implicación estadounidense en el Sahel. Contrarrestar la amenaza yihadista exige de una planificación estructurada y que aborde las causas de la violencia. “La retirada de las tropas de Afganistán y la fallida misión en Irak siguen avergonzando a los estrategas del Pentágono”, asegura un ex alto oficial de las boinas verdes. Es más bien probable “una colaboración con el ejército nigeriano y con los servicios de inteligencia para salvaguardar intereses estratégicos mutuos”, detalla el ex piloto de helicópteros.

El crecimiento y fortalecimiento de grupos yihadistas en el Sahel tienen implicaciones directas para la política exterior de España. Desde hace años en Moncloa están observando con extremo interés las rutas migratorias, y no han sido baladíes los desplazamientos del primer ministro Pedro Sánchez a Senegal, Gambia y Mauritania, socios claves para la estabilidad de la zona. Los acuerdos firmados el 16 de julio de 2025 en Nuakchot aseguran una presencia diplomática en el Sahel bendecida por las máximas instancias comunitarias. Tanto Ursula Von der Leyden en su discurso sobre el Estado de la Unión en 2023, como Kaja Kallas en la cumbre que tuvo lugar en Angola a finales de noviembre de 2025 se mostraron dispuestas a reforzar los vínculos con los países africanos.

Mediante estas reuniones, España aspira a seguir siendo un interlocutor de confianza. El objetivo es promover una cooperación en materia de seguridad que no incluya únicamente a Rabat y que facilite herramientas para contrarrestar obligaciones tan polémicas como la gestión de los flujos migratorios. Sería oportuno que nuestro gobernante mantuviera una beneficiosa coherencia y no se desmarcara de las restantes cancillerías europeas con medidas “samaritanas” que únicamente pretenden blanquear la inoperancia y fragilidad doméstica. Como bien señalaba Nacho Cardero en un acertado editorial (véase texto completo al enlace rb.gy/50dxoy), “Moncloa no tiene una política exterior, más bien de supervivencia. El mundo no se ordena a golpes de tuit ni como una campaña electoral permanente por muchas ínfulas cinematográficas que uno tenga en la cabeza”.

Recuérdese, Mr. Handsome, de la amenaza de una santabárbara que está a punto de explotar.

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