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Factura

domingo 22 de febrero de 2026, 08:37h
Factura

En una esquina del único restaurante/bar del lugar, estaba acodado en la barra sin molestar un hombre de los que, al moverse, prefiere no hacer notar ni un soplo de aire y que, de poder pedir un deseo, con garantía de materialización, este sería ser invisible, que no desaparecer, sin que ello impida que, si le conviene y así decide hacerlo, con un simple parpadeo no levante un huracán.

Cuando unos parroquianos, de esos que por habituales se creen dueños del garito, bajo el directo o indirecto amparo de la cuadrilla y un poco de la falsa valentía que infunde el alcohol, muestran un exceso de osadía, agotadas las repetidas internas bromas propias de todo grupo, sin mediar saludo ni permiso alguno, encontrado otro objeto para sus diversiones, a bocajarro, con la voz un punto más alto de lo necesario, le preguntaron:

.- ¿Por qué nos parece que es usted de esos tipos que siempre está solo, amigo? Siendo el que parecía el cabecilla, no exento de cierto donaire chulesco, el que la formuló.

.- Y el hombre, con un gesto a mitad de camino entre sonrisa y mueca, haciendo evidente, un punto más de lo necesario, estar en posesión de una buena educación, con voz calmada, respondió: “¿Hoy qué se prefiere, buenos vecinos, la respuesta corta o la larga?”

.- Y el líder de la pandilla, bajando al tuteo, apuntó: “De momento empieza por la corta”. Y luego, si nos siguen quedando restos de curiosidad, desarrollas.

.- De acuerdo, la breve por egoísta comodidad es fácil de entender para los hombres que, como a vosotros, se les nota que antes de nada piensan en ahorrar saliva a los demás; siempre estoy solo porque así mi silencio solo me lo rompo yo.

.- Mala suerte, con este mudo a la par que vano aviso me temo que no te libras, nos dejas con deseos de indagar. ¿Y cuál sería la larga? Anímate, la noche puede ser dura y es mejor confraternizar.

.- Ya veo, pero cada cual defiende su costumbre, y esta segunda viene en paquete con una ineludible condición; y así gustoso la doy para recuperar el sosiego, solo si con ella compro para siempre vuestro silencio.

.- Es justo y asumible, compadre. Que así sea, es sábado con noche estrellada y aceptamos el precio.

.- Tampoco esta os parecerá difícil; es la solución que encontré para poder satisfactoriamente cumplir, y en consecuencia estar todo el día cómodo, con un útil consejo que me dieron, y que decía: “Cuando con otros estés sentado compartiendo mesa, si a los cinco minutos no has distinguido quién es el más tonto de los allí reunidos, deja de buscar, pues ya lo has encontrado. ¡El más tonto eres tú!”. Y tras aplicarlo en varias ocasiones sin conseguir encontrar a otro que cumpla mejor los requisitos, para evitar tanta incomodidad decidí retirarme, ceder el testigo a otro y desde ese momento acompañarme solo de mi silencio. Y ahora, tras puntualmente haber pagado por ello como hemos acordado, también del vuestro.

.- Veo que sigues por el mismo camino. Sutil insinuación que no ha pasado desapercibida, colega. Nosotros vamos a cenar aquí mismo, dentro en el restaurante. ¿Por qué no te unes? Y tienes ocasión una vez más de experimentar en carne propia el consejo. Para tu información, como somos muy democráticos y nos gusta repartir lo que haga falta, aquí se paga a escote.

.- Ese no fue el trato.

.- No, ciertamente no lo fue, pero la vida sorprende con cambios de última hora.

.- De chico aprendí que siempre no se puede elegir la sopa que toca de cena; luego, de adulto, descubrí que a veces llena y satisface más quedarte con el estómago vacío.

.- Entonces, ¿no vas a pasar? ¿Estás seguro de ello?

.- Sin ninguna duda, pero os ofrezco, sin emolumento alguno a cambio, un último intento de explicación para aplacar tensiones, dando gustoso la razón por la que no comparto cena con notables ilustres desconocidos como ustedes, y ello es porque no tienen nada de originales y me recuerdan: a la banda que haciendo mucho ruido, con pocas nueces en los bolsillos, tras llamar al mesonero para encargar la comanda con innecesario escándalo pidieron verduras asadas, lechón con patatas, torrijas y vino de buena añada para todos en cantidades generosas, y al servirles le pusieron delante a cada uno un cuenco con sopa de borrajas acompañada de un triste chusco de pan y en mitad de la mesa para compartir por todos una jarra con agua del tiempo; tras mirar al mal encarado y forzudo mesonero, comieron callados y pidieron la cuenta; y para su sorpresa al traerles la factura ponía negro sobre blanco debidamente detallado y sumados todos y cada uno de sus importes para su puntual abono: verduras asadas, lechón con patatas, torrijas y vino de buena añada.

.- ¿Ahora qué hacemos contigo, forastero?

.- Ambos de sobra lo sabemos, me temo. Y es fácil, solo mira las caras y el movimiento tragando saliva en las gargantas de tus callados amigos: bien, tú y tus compañeros me dejáis expedito el justo hueco de paso hacia la puerta; o, sin necesidad de exponer otros remilgos, abrís cancha amplia y, sin quitaros siquiera las chaquetas, subís la música a tope y, para despejar las dudas y saldar de una vez por todas esta factura que está empezando a incomodarme, tomamos postura y, sin más, damos comienzo al baile.

Me importa bien poco el cuatro a uno, porque, aunque no os lo parezca, ya os aviso que va a estar muy igualado el partido y ambos equipos van a encajar muchos goles. Vosotros decidís lo que más os conviene y lo que es más importante, a quién le toca el sacrificio de hacer el saque de apertura y detener mi primer resto, pero, por favor, al haber con mis respuestas ya por adelantado pagado el doble por ello y para que no se nos vaya todo el resto de la noche en esto, hacedlo rápido y respetando el silencio que me corresponde.

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