El ministro Marco Riquelme ha defendido esta hoja de ruta como una palanca para atraer inversiones, reducir ineficiencias y dar más certidumbre a las empresas. El objetivo es que el crecimiento industrial deje de concentrarse en puntos aislados y pase a apoyarse en una estructura más coordinada, con suelo identificado, logística definida y especialización por territorios.
Uno de los principales obstáculos detectados es la escasez de zonas industriales formalmente delimitadas. En la actualidad, solo 40 de los 262 municipios del país cuentan con espacios reconocidos para este uso, una limitación que dificulta la instalación ordenada de fábricas y complica la planificación de servicios, transporte y expansión urbana.
Según ha explicado el ministro, esta carencia genera varios problemas: industrias ubicadas en zonas que luego quedan rodeadas por viviendas, mayores riesgos logísticos por el tránsito pesado, dificultades para asegurar suministros básicos y un entorno de menor previsibilidad para los inversores. Desde el punto de vista empresarial, la falta de clasificación industrial del suelo resta atractivo a proyectos que requieren estabilidad regulatoria y seguridad a largo plazo.
La propuesta del Ministerio se articula en cuatro fases. La primera consiste en identificar corredores logísticos y nodos industriales para mejorar la conexión entre rutas, transporte y exportaciones. La segunda prevé que los municipios situados en esos ejes empiecen a delimitar zonas industriales con mayor claridad.
La tercera fase se orienta a la creación de clústeres productivos vinculados a las fortalezas de cada territorio. Entre los ejemplos planteados figuran el arroz en Villa Oliva y Villafranca, la madera en Caazapá o la yerba mate en Itapúa. La idea es que cada zona pueda desarrollar ventajas competitivas propias y construir cadenas de valor más sólidas.
La cuarta línea del plan pasa por impulsar centros de investigación y capacitación técnica. El Ministerio considera que el crecimiento industrial necesita mano de obra cualificada y una relación más estrecha entre educación y empresa, especialmente para facilitar la incorporación de jóvenes al mercado laboral formal.
Proyecto nacional
Riquelme ha insistido en que esta estrategia no puede desarrollarse solo desde la administración central. El planteamiento pasa por implicar a intendentes, legisladores, cámaras empresariales y autoridades departamentales en una coordinación amplia que permita descentralizar el crecimiento industrial.
Con esta apuesta, Paraguay busca corregir una concentración histórica de la actividad económica en Asunción y su entorno. El propósito es extender la industria a otras regiones, equilibrar oportunidades y reducir las diferencias territoriales en inversión, empleo y desarrollo productivo.
Desde una perspectiva económica, el plan combina varios elementos que hoy resultan decisivos para competir en la región: ordenación del suelo industrial, mejora logística, formación técnica y especialización productiva. Si esta hoja de ruta avanza al ritmo previsto, Paraguay podría reforzar su atractivo para nuevas inversiones y consolidarse como una plataforma industrial con mayor proyección regional.