Ese impacto ya se siente en las empresas: las grandes tecnológicas han comenzado a trasladar a sus clientes el incremento de los costes energéticos y computacionales, encareciendo licencias y servicios. Para José María Fachado, director de Ciberseguridad de la tecnológica i3e, esta tendencia amenaza la adopción de la IA en miles de compañías: “las empresas están utilizando la inteligencia artificial para mejorar su productividad, pero si la productividad queda mermada por los costes que esta tecnología tendrá, el uso de la IA decaerá en muchas empresas”. Los ataques también han afectado infraestructuras clave como desalinizadoras que refrigeran centros de datos, acelerando el replanteamiento global sobre dónde deben ubicarse estas instalaciones.
España ante un nuevo mapa de riesgo y oportunidad
La inestabilidad en Oriente Medio está acelerando un cambio profundo en la geografía europea de la inteligencia artificial. El encarecimiento de la energía y el riesgo geopolítico empujan a las grandes tecnológicas a buscar territorios más estables para ubicar centros de datos y operaciones sensibles. En ese nuevo escenario, España aparece como un destino especialmente atractivo: su energía es más competitiva que en otros países europeos tensionados por la crisis y dispone de una mayor capacidad renovable. Según explica Sergio García, gerente de i3e, Madrid se ha consolidado como polo estratégico de IA, atrayendo inversiones de Microsoft, Amazon, Google o Meta que buscan estabilidad energética y política.
Otros territorios como Cataluña, en cambio, juegan un papel distinto, aunque complementario. Su limitación de suelo industrial y la fragilidad de su red eléctrica dificultan competir en volumen de centros de datos. Sin embargo, su fortaleza reside en el conocimiento: concentra un ecosistema de start‑ups tecnológicas muy sólido, universidades punteras y una infraestructura científica única como el Barcelona Supercomputing Center, lo que la convierte en candidata natural a liderar la IA aplicada y la investigación avanzada, no la computación masiva. En este contexto, Sergio García advierte que la incertidumbre energética “no frenará la IA, pero sí condicionará su implantación”, porque “todo depende del coste de mantenerla”.
Catalunya también avanza en tecnologías diseñadas para reducir el consumo energético de la IA, como las redes neuronales de impulsos inspiradas en el cerebro humano, un campo en el que ya trabajan investigadores locales. Así, mientras Madrid concentra la capacidad bruta, Catalunya se posiciona como el cerebro: un referente en aplicaciones de alto valor en sectores como la salud, la automoción o el turismo, y en soluciones más eficientes, clave en un mundo donde la energía se ha convertido en el gran limitador tecnológico.
La guerra en Oriente Medio está redefiniendo la geografía de la inteligencia artificial, aseguran los expertos. El conflicto obliga a replantear dónde se computa, dónde conviene invertir y qué territorios podrán sostener la IA a largo plazo. Para los países europeos, esa transformación abre una ventana inesperada: España destaca como refugio energético estable para infraestructuras críticas, mientras Catalunya puede consolidarse como centro de conocimiento y valor añadido. El desafío ahora es decidir si ambos territorios quieren y pueden ocupar ese lugar estratégico antes de que otros lo hagan.