Hoy, los vascos en su reclamación del cuadro argumentan “es una cuestión de reparación y de memoria histórica (...) una reparación simbólica y política, no solo al pueblo vasco, sino un mensaje al mundo con ese traslado del Guernica».
Digamos que el cuadro tiene unas peculiaridades que simplemente hacen imposible dicha pretensión.
Vamos a por lo fácil. Es un encargo hecho por el gobierno Español de entonces por el que se pagaron 200.000 francos de 1937 (11,5 millones de euros de hoy). Por tanto el cuadro de marras es Patrimonio del Estado y por extensión de todos nosotros. No hay datos que especifiquen si el Gobierno Vasco de Aguirre aportó o no dinero en el encargo, circunstancia que podría ser causa de debate en cuanto a si el cuadro es una comunidad de bienes y los vascos copropietarios, pero como digo, eso no consta.
Hay que añadir que en voluntades de Picasso, jamás, especificó nada sobre la ubicación del cuadro en el País Vasco una vez volviera España. Todo lo contrario. Él lo quería en el Prado (por supuesto) y como el Cubismo tiene poco que hacer entre el Barroco, se construyó el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, para mayor gloria del artista, ya que por Real Decreto de 1995 estableció el año de nacimiento de Picasso (1881) como punto de partida cronológico para las obras de la Colección del Museo.
Hay otro tema. El cuadro está hecho unos zorros y como lo muevan otra vez más a lo mejor se les queda entre las manos. Picasso lo pintó en menos de 45 días y los materiales no debieron ser los mejores, teniendo en cuenta que era para un evento efímero como la Exposición Internacional de Paris de 1937. El cuadro se ha movido más que el culo de Josephine Baker, (por aquello de contextualizar y sin ningún animo racista o sexista) y fue enrollado y desenrollado más de 40 veces a lo largo de 89 años, sin saber como ha llegado hasta nuestros días.
Queda la cuarta opción: ¿Y si el cuadro no es un alegato ni denuncia al bombardeo? . Esta tesis va cobrando fuerza como demuestra un articulo que publico en breve sobre esta posibilidad. Lógicamente mi propuesta es un divertimento, ya que la figura del Picasso político sigue siendo sagrada y cualquiera que ose decir algo al contrario se le considera anatema. A la polémica de Rosalía me refiero, pero le está bien empleado a la vedette cantante por meterse en camisas de once varas en su intento de ir de intelectual, y no perseverar en lo único que le interesa, que es ser la nueva Madonna.
El análisis no es baladí. He empleado varias fuentes: La del catedrático José María Juarranz de la Fuente, que dice abiertamente de que va el cuadro. El análisis de la personalidad del siquiatra Juan Antonio Vallejo-Nájera sobre Picasso. Este perfil sicológico se ha puesto en duda ya que Vallejo-Nájera es “sospechoso”, es decir, trabajó y no se exilio durante el franquismo. La tercera, el testimonio personal de un colega coetáneo. La cuarta es la extensa bibliografía y testimonios de las amantes que sobrevivieron la misoginia patológica de Picasso, y la quinta es la intrahistoria del personaje. No voy a hacer Spolier, así que léanlo en Pecados del Arte a partir del 3 de abril.
En este punto la intrahistoria del personaje desmontaría mitos y leyendas, y lo más grave, si se tomara en consideración la historiografía académica y los relatos. Lo de intrahistoria, para que nos entendamos, es la manera elegante que tenemos los expertos en arte para definir las anécdotas, las circunstancias vitales o personales e incluso el chismorreo que rodean a los artistas y su obra , y ayudan a comprenderlas. Todo dependerá de las fuentes, y con Picasso hay muchas fuentes. Digamos que algunas fiables y otras que simplemente engordan al personaje. He tenido la suerte de conocer el testimonio de otros artistas amigos y coetáneos de Picasso en París. También a Maya y Claude (hijos) que no sentían afecto por él especialmente, o a los Bosé, que para marujadas sobre Picasso eran una enciclopedia.
La cosa esta de que el Guernica es una denuncia del bombardeo por parte de Picasso, como que no. Sería una consecuencia oportunista. El malagueño estaba pintando el cuadro desde 1935, el gobierno de la Republica le hizo un encargo en 1937 y Picasso transformó su trabajo artístico en un alegato.
El colega coetáneo del que hablo es familiar lejano y de Teruel, tierra donde hay poco embustero, y contaba que al pintor lo de la Guerra Civil le preocupaba más bien poco, una vez le nombraron director del Prado en octubre de 1936. A la quien si le importaba era a su amante titular de entonces, Dora Maar, activista de izquierdas de verdad. Por aquello de que Picasso vivió una etapa crucial de su infancia y formación artística en La Coruña, entre 1891 y 1895 podríamos emplear el refrán gallego “Máis tira un pelo de cona que unha xunta de bois” y que se podría resumir en un “lo que tu me digas bonita”.
Por tanto, y volviendo a lo de los 1.000 millones de euros, y a la negativa total del gobierno a la restitución de cuadro al País Vasco como “cuestión de reparación y de memoria histórica” queda plantearse la siguiente reflexión que yo haría como Lendakari: “Bien, no me quedo el cuadro pero ¿Qué me das Pedrito a cambio, y que valga 1.000 millones de euros, pues?”.