Parece solo una cifra, un número frío en un PDF oficial, pero detrás de ese dato hay un cambio de paradigma que está sacudiendo los cimientos de nuestra sociedad. Es, de hecho, el nivel más bajo desde que se tienen registros.
Un país que se parte en dos
Si miramos atrás, no hace tanto que rozábamos el 80%. Sin embargo, a finales de 2024, la foto fija es inquietante. Aunque un 82,6% de las unidades familiares todavía posee algún activo real (ya sea la casa donde vive, una segunda residencia o un local), el acceso a la vivienda habitual, ese refugio sagrado, se está volviendo un privilegio de clase y de edad.
Y es que, mientras que los mayores de 74 años mantienen tasas de propiedad superiores al 83%, los jóvenes menores de 35 años apenas llegan al 36,7%. La brecha no es solo generacional; es un abismo. Es la diferencia entre quien pudo comprar cuando el esfuerzo salarial era razonable y quien hoy, por mucho que se esfuerce, ve cómo el precio de la vivienda (con una mediana de 170.000 euros para la vivienda principal y 200.000 euros si sumamos otros activos) se escapa como arena entre los dedos.
Anatomía de la caída.
No estamos hablando de un grupo pequeño. Si calculamos sobre los aproximadamente 19 millones de hogares que hay en España, esa caída de casi diez puntos porcentuales respecto a los picos históricos significa que hay cientos de miles de familias que han sido empujadas al mercado del alquiler, un mercado que, lejos de ser una opción de movilidad, se ha convertido para muchos en una trampa de gasto.
- La clase media "alquilada":Familias con ingresos medianos que antes aspiraban a la propiedad y que ahora destinan más del 30%, o incluso el 40%, de su sueldo a pagar un techo que nunca será suyo.
- La juventud invisible:Aquellos que ni siquiera aparecen en la estadística porque no han podido emanciparse. Si no tienes casa propia ni alquilada porque vives en tu habitación de la infancia a los 30 años, el sistema ni siquiera te cuenta como "hogar".
Del presente incierto a un futuro hipotecado
Lo que hoy vemos como una dificultad para ahorrar, mañana será una crisis de bienestar. Ser propietario en España funcionaba como una "pensión en especie". Al llegar a la jubilación, la falta de una hipoteca compensaba las pensiones bajas. ¿Qué pasará cuando la generación del 70% llegue a los 70 años y tenga que seguir pagando alquileres a precio de mercado con pensiones públicas?
La realidad es que estamos asistiendo a una pobreza estructural sobrevenida. Hoy, el 17,4% de las familias cae bajo el umbral de la pobreza tras pagar la vivienda. Es una asfixia lenta. Además, esta precariedad habitacional retrasa la natalidad, afecta a la salud mental por el estrés de la inestabilidad y genera una sensación de "no pertenencia" que erosiona el tejido social.
¿Dónde ha quedado la digninidad?
La verdad es que los activos reales de las familias siguen teniendo un valor importante (esos 200.000 euros de mediana), pero están cada vez más concentrados. Si no se actúa sobre la oferta, con ese déficit de más de 600.000 viviendas que denuncian los expertos para 2026, y no se facilita el acceso al crédito para los más jóvenes, el modelo de bienestar español colapsará.
No es solo una cuestión de ladrillos y cemento. Es una cuestión de dignidad. Al final del día, todos necesitamos sentir que el suelo que pisamos es firme. Y ahora mismo, para casi un 30% de los españoles, ese suelo pertenece a otro.