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Madrid exprime su suelo ante un abismo de 150.000 hogares vacíos

Madrid exprime su suelo ante un abismo de 150.000 hogares vacíos
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· La Asamblea de Madrid ha dado luz verde a una nueva e intensa vuelta de tuerca urbanística

By Angel Manuel Gómez
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angelbereales/5/5/12
https://www.bereal.es/

La maquinaria legislativa del Gobierno regional, respaldada por la mayoría del PP y la abstención de Vox, ha sacado adelante una ley de medidas urgentes destinada a levantar 18.000 Viviendas de Protección Oficial (VPO) en los próximos cuatro años. Pero la verdad es que el texto no se limita a poner ladrillos; lo que hace es cambiar, de forma profunda y radical, las reglas del juego de cómo se diseña, se estira y se transforma el paisaje de nuestros barrios.

Bajo el argumento de combatir la asfixia del mercado inmobiliario, la normativa introduce un incremento notable de la edificabilidad, permitiendo construir hasta un 20% más, y de la densidad, que se eleva un 30% en las parcelas públicas destinadas a vivienda asequible. Además, y aquí radica uno de los puntos más debatidos y llamativos de la reforma, se abre de par en par la puerta para que suelos calificados para uso dotacional privado o terciario de hospedaje, es decir, hoteles y complejos residenciales obsoletos, puedan reconvertirse de la noche a la mañana en bloques de pisos.

A primera vista, la música suena bien. ¿Quién podría oponerse a que se fabrique techo en una región donde alquilar un piso se ha convertido en una carrera de obstáculos financiera? Sin embargo, cuando se baja al barro del análisis crítico, el panorama se vuelve mucho más gris y complejo.

Números que abruman: la brecha entre la promesa y la realidad

La prisa del Ejecutivo regional responde a un diagnóstico dramático: la propia Comunidad estima que Madrid sufre un desajuste sangriento de 150.000 hogares necesarios para mitigar la escasez actual. A esto se le suma un ritmo demográfico vertiginoso que proyecta que la región sumará un millón de habitantes por década, rozando los ocho millones en 2039.

Hagamos cuentas de forma fría:


- El déficit real: 150.000 viviendas de brecha inmediata.

- La promesa de la ley: 18.000 VPO en cuatro años (hasta 2030).

- El impacto:Esos prometidos hogares apenas cubren el 12% de la demanda urgente.

- El histórico: Durante la última década, la promoción de VPO en la región apenas superó una media de 3.000 unidades anuales.


Y es que, al mirar con lupa la letra pequeña, uno se da cuenta de que la ley funciona como un analgésico potente para un enfermo que necesita cirugía mayor. Aliviará a los futuros adjudicatarios, unas cuantas miles de familias y jóvenes asfixiados por precios de alquiler que devoran más del 40% de sus salarios, pero dejará fuera a la inmensa mayoría de los afectados por la crisis habitacional.

El peligro de la "londinización": estirar los barrios sin estirar los servicios

Para meter más casas donde antes no cabían, la ley recurre a una vieja receta técnica que recuerda a las agresivas políticas de densificación urbana de ciudades como Londres. Al permitir edificar dos plantas más sobre los bloques planificados originalmente sin necesidad de modificar los farragosos planes generales de ordenación urbana, los promotores ganarán altura y espacio.

La jugada económica es redonda. Para aceitar la maquinaria, el Gobierno regional inyectará 15 millones de euros en créditos a través de Avalmadrid para avalar a cooperativas y constructoras, esperando movilizar hasta 900 millones de euros en inversión privada. El problema es que las ciudades no son solo paredes y ventanas; son ecosistemas vivos.

La analogía del colador: Imagina que en una comunidad de vecinos donde el agua llega con la presión justa para diez familias, de repente se mudan quince más sin cambiar las tuberías. El resultado es evidente.

Al elevar un 30% la densidad poblacional en determinadas parcelas y, en paralelo, reducir la obligación de plazas de aparcamiento (bajando de 1,5 a una sola plaza por vivienda), la presión sobre el espacio público será brutal. Las consecuencias futuras se perfilan con claridad: barrios más congestionados, aceras más saturadas y una demanda masiva de escuelas, centros de salud y transporte público en zonas que ya están al límite de su capacidad operativa.

La ley acelera la construcción, sí, pero delega el colapso del día a día en los ayuntamientos, que tendrán que lidiar con la gestión de esta repentina masa humana de forma voluntaria.

Hoteles que se vuelven pisos: ¿solución mágica o canibalismo urbano?

El apartado de los cambios de uso es, sin duda, el más agresivo. Tras haber experimentado con la transformación de oficinas vacías en pisos de alquiler, una medida que ha alterado distritos enteros como Tetuán o barrios del sur de la capital, el Ejecutivo amplía ahora el filón a los hoteles y al suelo industrial en desuso, donde se autorizará el coliving y los alojamientos temporales.

A corto plazo, la reconversión de hoteles de cadenas privadas en complejos residenciales puede parecer una genialidad para reciclar metros cuadrados. Sin embargo, este urbanismo a la carta genera una profunda incertidumbre sobre el modelo de ciudad que se está diseñando. ¿Qué pasará con el empleo ligado a esos sectores? ¿Estamos destruyendo tejido productivo y turístico para tapar un agujero residencial que el propio mercado no sabe solucionar de otra manera?

Además, para asegurarse de que el capital privado no se desespere en los despachos, la ley introduce el polémico silencio administrativo positivo. Si los informes sectoriales de la administración tardan más de tres meses, el promotor puede seguir adelante con las excavadoras. Es una declaración de intenciones: se prioriza la velocidad del inversor sobre la cautela fiscalizadora del técnico público. "Queremos que quienes ponen en riesgo su capital lo hagan en el menor tiempo posible", justificaba el consejero de Vivienda, Jorge Rodrigo. Una frase que resume a la perfección el espíritu de la norma.

Un modelo al límite

La verdad es que Madrid se encuentra en una encrucijada emocional y económica. Para el ciudadano de a pie, ver que se aprueban leyes de vivienda genera una mezcla de esperanza y escepticismo. La urgencia es real: los jóvenes madrileños no pueden emanciparse, las familias se ven expulsadas a la periferia y el asfalto de la capital quema las expectativas de futuro de toda una generación.

Pero el análisis crítico nos obliga a mirar más allá del titular grandilocuente de las 18.000 viviendas. Esta ley es un traje a la medida del sector inmobiliario, diseñado para desregular, agilizar y densificar el suelo a marchas forzadas. Al final, corremos el riesgo de encontrarnos con un Madrid del futuro donde los barrios hayan perdido su equilibrio, donde las torres sean más altas, los coches no tengan dónde aparcar y los antiguos hoteles sean colmenas de alojamiento temporal. Todo ello para solucionar apenas una décima parte de un problema estructural que sigue devorando el bienestar de los madrileños.

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