El mensaje de cambio de ciclo preventivo se produce en un momento en el que la economía europea muestra signos de debilidad ante el efecto arrastre del impacto bélico en los precios de la energía. El PIB de la eurozona sufría el pasado mes de mayo su primera caída desde el año 2022 al retroceder un 0,2% en el primer trimestre del año. La crisis energética se refleja en que la inflación de la eurozona alcanzó el 3,2% en el mes de mayo y las proyecciones esperan que la tendencia sea alcista el resto del año. El contexto, sin embargo, no es equiparable por el momento al de la guerra en Ucrania de 2022, sino que el movimiento del BCE estaría más cerca de evitar una situación inflacionista como la de entonces.
¿Cómo afecta este escenario al mercado hipotecario? El Euríbor, que arrastra subidas desde el mes de enero por el conflicto iraní, ya descuenta la previsible decisión del BCE. Este pasado martes el dato del Euríbor alcanzó el 2,866%, una subida de 0,050 puntos respecto al día anterior, lo que sitúa la media de junio en el 2,818% y que podría cerrar el mes en torno al 2,8% o 2,9%. Este comportamiento se traduce en que los hogares que revisen su hipoteca variable respecto a junio del año pasado –cuando el Euríbor se encontraba en el 2,081%– podrán ver cómo sus cuotas aumentan. Este cambio de expectativas sobre la política monetaria puede provocar que algunas entidades revisen sus ofertas comerciales al alza para evitar una pérdida de competitividad, aunque no supondrá un problema grave para el mercado hipotecario, dado que el ánimo general de las entidades no es el de trasladar la subida a decisiones agresivas respecto a los usuarios. Además, esta subida se produce a las puertas de los meses de verano, momento en el que se frenan el volumen de firmas hipotecarias.
Habrá que esperar por tanto al mes de septiembre para observar cómo responde el mercado hipotecario a la decisión del BCE y a las presiones inflacionistas. Algunos analistas prevén como máximo dos subidas de tipos más durante el año 2026, aunque también se muestran cautelosos respecto a cómo el contexto económico y geopolítico pueda influir en las próximas decisiones. El mensaje del BCE seguirá siendo previsiblemente moderado, a la espera de cómo evolucionen los precios energéticos.