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¿Qué pasaría si España invirtiera el presupuesto migratorio en levantar su propio techo?

¿Qué pasaría si España invirtiera el presupuesto migratorio en levantar su propio techo?
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· El mapa del problema en España tiene dos aristas que queman al tacto: un acceso a la vivienda completamente desbocado y la gestión presupuestaria de los flujos migratorios irregulares

By Angel Manuel Gómez
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angelbereales/5/5/12
https://www.bereal.es/

Y es que, si uno se sienta a echar cuentas en la mesa de la cocina, esa donde los jóvenes hacen malabares para ver si llegan a fin de mes, el dilema no es meramente abstracto. La realidad es que España arrastra un déficit estructural que el sector inmobiliario calcula en torno a 1,7 millones de viviendas para satisfacer la demanda real. Mientras tanto, la población en situación administrativa irregular ha crecido sensiblemente en los últimos años, superando las 800.000 personas según proyecciones de centros de análisis como Funcas.

El debate presupuestario y ético está servido: ¿qué pasaría si la totalidad de los recursos estatales, autonómicos y europeos destinados a la atención, custodia y gestión de la inmigración ilegal se volcaran de lleno en el ladrillo público?

La radiografía del gasto y la factura oculta

Determinar la cifra exacta que las administraciones públicas destinan a la inmigración irregular no es tarea sencilla; los presupuestos suelen estar disgregados entre ministerios, comunidades autónomas y subvenciones a ONGs. Sin embargo, entre la partida del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones (programas de primera acogida, atención en costas, manutención y centros de internamiento) y las partidas derivadas a comunidades insulares como Canarias o Ceuta, el desembolso directo e indirecto escala a varios cientos de millones de euros anuales.

Además, hay que sumar el coste por plaza en centros de menores no acompañados, que en algunas regiones supera los 4.000 euros mensuales por persona, y los operativos de seguridad desplegados en fronteras.

Si reuniéramos toda esa bolsa de dinero público, imaginemos una partida consolidada de unos 600 a 800 millones de euros anuales, y la canalizáramos íntegramente hacia la edificación de vivienda protegida de alquiler social, la matemática empezaría a cambiar de bando.

El cálculo del ladrillo: ¿cuántas casas son?

Construir una vivienda de protección oficial (VPO) de tamaño medio (unos 75 metros cuadrados) tiene un coste de ejecución material que ronda entre los 90.000 y los 120.000 euros, dependiendo de la región y si el suelo es de titularidad pública cedida.

- Impacto anual directo: Con 700 millones de euros anuales, el Estado podría financiar directamente la edificación de unas 6.000 a 7.500 viviendas públicas de alta eficiencia energética cada año.

- El efecto multiplicador (Colaboración Público-Privada): Si ese dinero se utilizase no como pago directo, sino como aval o subsidio para desbloquear suelo público con promotoras privadas, el volumen podría multiplicarse por cuatro, rozando las 25.000 viviendas anuales.

La verdad es que no solucionaría el déficit total de 1,7 millones de golpe, pero supondría un balón de oxígeno gigantesco para los más de 1,5 millones de jóvenes y familias vulnerables que hoy se ven expulsados del mercado.

Los afectados de hoy: angustia en la puerta del piso de alquiler

Detrás de las cifras hay rostros con nombres y apellidos. La consecuencia actual de no levantar vivienda pública es la asfixia socioeconómica.

- Jóvenes emancipados al límite: En ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia o Málaga, la tasa de esfuerzo para pagar un alquiler supera holgadamente el 45% del salario medio. La frustración de toda una generación que pospone la maternidad o el proyecto vital sencillamente porque no tiene un techo propio donde caerse muerta.

- Familias trabajadoras precarizadas: Matrimonios con rentas bajas que ven cómo su contrato de arrendamiento finaliza y el propietario les duplica la cuota, empujándolos a la periferia o al hacinamiento.

Si esos fondos se reasignaran, miles de esas familias accederían a alquileres regulados de 300 o 400 euros mensuales, permitiéndoles ahorrar y respirar.

Las consecuencias futuras: ¿qué país estamos construyendo?

El análisis crítico exige mirar más allá del presente ejercicio presupuestario.

Si la tendencia actual continúa:

El mercado de la vivienda seguirá tensionado al máximo por la falta de oferta y el aumento de la demanda. La falta de emancipación profundizará el invierno demográfico español, desplomando las tasas de natalidad aún más. Además, mantener un sistema de gestión migratoria asistencialista sin abordar las causas de raíz ni tensionar la infraestructura nacional genera fisuras en la cohesión social y alimenta la descontento vecinal.

Si se produjera el giro inversor hacia la vivienda:

A diez años vista, la inyección constante de presupuesto habría levantado un parque público de casi 80.000 a 100.000 inmuebles. Esto generaría miles de empleos directos en el sector de la construcción, reduciría la presión sobre los precios del alquiler privado y ofrecería una red de seguridad real para las rentas más modestas.

La cuestión que queda sobre la mesa no es solo contable, sino de prioridades políticas. Y es que un país que no puede garantizar un techo a sus ciudadanos ni a quienes llegan a sus puertas se encamina irremediablemente hacia un colapso de bienestar que ningún discurso grandilocuente podrá tapar.

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