CHINA, PRINCIPAL EMISOR DE TURISTAS EN EL MUNDO
China encabeza la transformación del cambio turístico en España: de la Playa a la Diversificación
· Por Joaquín Cañas, corresponsal en Taiwán
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Joaquín Cañas (Corresponsal en Taiwán)
sábado 08 de octubre de 2016, 09:15h
Actualizado el: 14/10/2016 08:27h
Durante las últimas décadas numerosos planes turísticos han contribuido a la dinamización del sector en España, buen ejemplo de ello fueron los Planes Turísticos de Excelencia llevados a cabo en los años 90. Una concienciación firme, un sentimiento patriota, un esfuerzo común prolongado desde entonces, nos permiten afirmar hoy que aquel modelo tradicional turístico ya ha cambiado para siempre. Cierto que el motor turístico español aún sigue siendo en gran manera la playa, sin embargo nuevas y numerosas formas turísticas han ido progresivamente modelando el paisaje -especialmente el del interior-, potenciando la calidad del país y abonando un nuevo terreno, el de un modelo que se ha reinventado escuchando las demandas del turista del sigo XXI. Hoy, el continente asiático conduce las riendas de ese cambio.
Pasar de la playa, del famoso “Sun, Sea and Sand Model”, la imagen de España durante décadas, a un modelo actual tremendamente diversificado, por supuesto no ha sido ni tarea fácil ni rápida. Todo empezó precisamente cuando en los años noventa las autoridades y los expertos admitieron que el modelo estaba al borde del colapso: después de casi cuarenta años en los que la línea marcada había sido tan clara como atraer con precios de ganga al máximo número de turistas, primando la cantidad a la calidad, las consecuencias llegaban dejando un medioambiente destrozado debido a la masificación -junto a unas instalaciones obsoletas- que ya no podía ser disimulado por más tiempo. Fue entonces, y sólo entonces cuando se presentó el “Libro Blanco del Turismo Español” para decir: ¡Hasta aquí hemos llegado!. Allí se recogieron los motivos para el cambio y las líneas a seguir. Y mucho se ha hecho desde entonces.
En aquella época, los que mandaban –y también los que lo intentaban-, junto a los eruditos del turismo, vieron el tremendo potencial de España, se sintieron orgullosos de lo que podían mostrar al mundo y se pusieron manos a la obra. Pudiera parecer coincidencia pero es que justo han pasado veinticinco años desde que se celebrara por primera vez el Día Mundial del Turismo, algo que ocurre cada 27 de Septiembre, y en España, en la parte que nos toca, podemos estar todos tranquilos porque se han hecho bastante bien los deberes: desde hace casi tres décadas la contribución del turismo a la economía española ha permanecido por encima del 10%, el año pasado hasta 68,1 millones de turistas (incluyendo por tanto al menos una pernoctación) llegaron al país dejando un gasto de 67.385 millones de euros –de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística-. El pasado mes de julio se convertía en el mes con más turistas de la historia en España.
El turismo funciona en España, gusta, pero también es porque desde hace un par de décadas se ha ido reinventando para atraer a potenciales turistas. Lejos de aparcar el modelo playa, y más bien adaptándolo y mejorándolo, hemos visto un nicho, una mina que pide ser explotada. ¿Quiénes son los protagonistas del cambio? ¿Quiénes son los que abonan esos nuevos terrenos? La globalización, las tecnologías, los negocios y la burocracia han permitido captar nuevos turistas -sin descuidar al turista inglés, francés o alemán, eje del turismo en España, fiel y con gustos muy parecidos-. El verdadero protagonista del cambio es el gigante asiático, es China, que ha ido llegando a la península tanto para quedarse como para viajar.
El perfil es muy distinto. Un chino de China Continental, o de Taiwán, o de Singapur o de Malasia, siente tal fascinación por un mundo tan diferente al suyo –y sin embargo complementario-, que diez mil kilómetros de separación son los suficientes para hacerle soñar con cielos tan abiertos como azules, con castillos de cuentos de hadas y con joyas de calidad. El atractivo de una cultural milenaria está ahí, y aunque los chinos ya lo empezaron a ver a través de internet, cada vez son más los que lo quieren vivir en persona y lo pueden hacer. Y lo saben. España tiene lo que quieren: cultura, paisajes rurales, gran comida, excelente clima, lujo, formación de estudios (el idioma les tienta, a pesar de su complejidad), posibilidades de negocios. Pues aquí, en el país de Cervantes, lo tienen y aun precio muy competitivo.
Por tanto, no es casualidad que se acabe de celebrar a finales de septiembre en la Universidad Complutense de Madrid la Sexta Conferencia Internacional sobre Turismo y Hospitalidad entre China y España. Ciertamente hay grandes intereses. En el acto inaugural la agregada cultural de China en España, Liu Wenqiu, señalaba que "España es un país de gran interés y con gran atractivo para China”, y también se mostraba segura de que la relación entre ambos países aún puede crecer mucho más. Quizá estamos sólo ante el comienzo, pero lo que es seguro es que las relaciones entre ambos países son francamente buenas y más en términos económicos.
¿Sabías que los estudiantes chinos son actualmente los que pagan los alquileres más altos en España? – datos del portal inmobiliario Uniplaces-, ¿Sabías que las ventas a chinos en Las Rozas Village se incrementaron un 74% durante los primeros ocho meses del pasado año? ¿Sabías que son ellos los extranjeros que más dinero gastan en artículos de lujo en España? ¿Sabías que son de los pocos que no viajan al extranjero en busca de playas? Acostúmbrate, se calcula que para el 2020 China será el primer país emisor de turistas del mundo.
La realidad es que el turismo en España vive una época dorada, quizá la más dorada, ha mejorado lo que ya tenía desde hace décadas, lo ha ido adaptando a lo que el turista demanda hoy, y ha encontrado nuevos nichos turísticos que lo enriquecen y catapultan a un sin fin de posibilidades, algunas aún por descubrirse.
El Modelo actual, por tanto, es un modelo diversificado fundamentado en los siguientes ejes: la modernidad y el progreso tecnológico; la heterogeneidad de contenidos (un paisaje en el interior antes virgen ahora ya ofrece posibilidades rurales, culturales, religiosas, de compras, de negocios, de salud…); la rentabilidad, que se puede traducir en casos concretos como el fenómeno “Las Edades del Hombre”, que benefician a cientos de negocios a su paso, creando paisajes más moderno y atractivos en áreas rurales; las prácticas medioambientales (más y mejores estrategias de sostenibilidad); la ruptura de la tradicional de la estacionalidad, pues el turismo cada vez atrae a más turistas a lo largo del año, y no sólo durante el verano (todas las estadísticas lo corroboran); y por último un modelo fundamentado también en la necesaria e intensa colaboración entre instituciones privadas y públicas que buscan lo mejor para alcanzar el sueño de una España aún más accesible y aún más atractiva.
Tampoco es casualidad que las Naciones Unidas acaben de proclamar el próximo año 2017 como el Año Internacional del Turismo Sostenible para el desarrollo. El turismo es asunto de primer orden en el panorama mundial, generó 7,6 trillones de dólares americanos en 2014, año también en que creó 277 millones de puestos de trabajo en la economía global. Brindemos por ello, y por lo que aún está por venir.