En una ocasión, un conocido tuvo el atrevimiento de decirme que España era un gran país, pero lleno de imbéciles. Lo cierto es que cuando alguien pone un “pero” después de un halago, el “pero” anula lo anterior. A mi lógica indignación, vino después la reflexión sosegada. No pensaba yo en aquel momento que en España hubiera un mayor número de imbéciles que en el resto de países de nuestro entorno. Posiblemente y después de los últimos acontecimientos vividos, debo dar la razón a la impresión que este conocido mío, y que tanto me indignó en su momento, tenía de España. Es complicado negarse a la evidencia. Las actuaciones de unos y de otros vienen a demostrar que en España no cabe un tonto más. Aunque, también es cierto que, si algo es susceptible de empeorar, seguro que empeora.
A las prisas por convocar unas elecciones autonómicas, se le suma ahora el nivel intelectual de los principales actores de este circo en el que se ha convertido la política española en general y muy particularmente la política catalana. Golpistas encarcelados que muy pronto serán liberados y convertidos en diputados, un ex presidente huido que no reconoce su destitución y una futura presidenta que habla de dos gobiernos: el del ex presidente huido en el exilio y el que ella debe presidir. Un candidato, Albiol, al que su propio partido detesta y que habla como si él no perteneciera a la formación que gobierna España y que tiene la obligación de acabar con todo de lo que él se queja: adoctrinamiento escolar, manipulación informativa de tv3 y Cataluña radio, opresión a todo el que no sea nacionalista, etc. En fin, todos los males que permite el gobierno del Partido Popular. Un bloque constitucionalista que hace algo más que aguas con un Partido Socialista que acusa a Ciudadanos de derecha populista. El mismo Ciudadanos que permite que socialistas gobiernen en Andalucía y que la socialdemócrata Cifuentes lo haga en Madrid.
Si algo está claro en la política de este país, es la transversalidad de la idiotez y la falta de principios y valores en toda organización política con representación parlamentaria. Lo de Podemos o sus distintas marcas blancas merece un capítulo aparte. A estos que venían a regenerar la política española, que eran los adalides del progreso y la modernidad, solo se les ocurre abanderar el "anti franquismo", 42 años después de la muerte de Franco. Solo tienen como bandera el infame paño tricolor de los años 30 y solo les obsesiona ganar una guerra en los despachos que perdieron en el campo de batalla hace 78 años. Efectivamente, si pensábamos que lo habíamos visto todo, nos habíamos equivocado, y el problema no es lo visto hasta el momento, el problema es lo que nos queda por ver en el futuro.
Puigdemont sigue prófugo de la justicia española, con la hospitalidad y el cariño de un país aliado como Bélgica, pero para el gobierno de España, el problema es Rusia, como si Rusia nos debiera algún tipo de lealtad o fidelidad. Para empezar, seguimos sin saber que hacen tropas españolas en los países bálticos desde hace meses, países bálticos, que por otro lado siempre se han mostrado muy comprensivos con el “procés”.
Intentan arreglar en 50 días lo que no se ha querido solucionar en 40 años. Esta anticipación electoral en Cataluña solo sirve para ahondar, si cabe todavía más, en la fractura, en la brecha social entre catalanes y entre españoles. Lo que suceda a partir del 22 de diciembre será responsabilidad de todos los que han conducido a Cataluña y a España al abismo y de todos aquellos que, teniendo las herramientas necesarias para solucionarlo, ni han querido, ni han deseado hacerlo. El cortoplacismo de la política española ha prevalecido frente a la altura de miras de aquellos que debieran velar por el interés general de todos. Por Javier García Isac.