Y el caso es que este tipo de actividades cuentan con seguidores que aplauden cualquier cosa por increíble que sea. Los mismos que en su día criticaron a Rajoy por comparecer ante la prensa mediante pantalla de plasma, como el mismísimo Emperador Palpatine de Star Wars, son los que hoy aplauden que Carles Puigdemont se consagre como candidato a la Presidencia de la Generalitat de Cataluña sin estar no un solo día en el territorio por el que se presenta. Una Princesa Leia dando instrucciones a sus acólitos acerca de como ganar su propio Star Wars.
Incluso ha llamado la atención de que el cierre de campaña de Junts Per Catalunya se haya producido frente a las puertas de la cárcel de Estremera, en la provincia de Madrid, en vez de en el territorio catalán donde hay que obtener los votos. Todo se consigue ya por la televisión de plasma, por las redes sociales y por el smartphone. A golpe de bit.
La voz del ahora católico -y catódico- Junqueras robada a través del smatphone en la misma cárcel ha propiciado que sea castigado “sin recreo” por la autoridad penitenciaria. Barcelona bien vale una penitencia, igual que para el hugonote Enrique de Borbón París bien valió una misa.
Lo que viene después de esto e de traca. No lo podemos ni imaginar.
Algo aún más repelente es el hecho de que los ahora presos, presuntos y candidatos busquen el tournedó bruselense y el burdeos francés a costa de ni se sabe que dineros que los sostienen. Entre políticos queda eso del indulto, una instrumento vetado al resto de los mortales, por el que desde La Moncloa, un eterno palacio transversal, se logra el perdón de todos los pecados. La Moncloa, Olimpo de prófugos, políticos corruptos y diocesillos de nuestra política patria. El indulto, una gracia que se obtiene solo por Consejo de Ministros y por invocación de un poder sobrenatural que emana no de la vara de la Justicia, sino de la sonrisa del gobernante magnánimo, como el Atila que no quema Roma y que deja de arrojar sal a su paso de caballería. na gracia boletinada, que todos asían, un lunes cualquiera del B.O.E., y donde se retratan como estabas del emperador romano. De por vida.
El gobernante debe ser benévolo, generoso, espléndido e indulgente, y Puigdemont, con laureles sobre su cabeza, retornará glorioso a la Patria perdonado y admitido. Volverá de su particular “ostrakon” como los griegos antiguos.
Pero lo que da rabia es que eso de los perdones no sea para el esto de los mortales. Es un flaco favor a la igualdad de derechos. El uso de unos privilegios solo limitados a los que mantienen el hilo de conexión con Dios, el cordón umbilical con el más allá cósmico. Algo inalcanzable para el resto de los mortales. Suena mal eso de decir que solo se volverá en caso de que se gane. Todos queremos eso pero Montoro no nos deja.
Muchos quisiéramos gozar de esos privilegios de estar mantenidos en Bruselas con abogado pagado, carnes y viandas, y hoteles y apartamentos hasta que la cosa mala se subsane. Muchos presuntos que no han hecho nada les gustaría estar en la misma situación. Y algunos que lo han hecho también. Es un gozo, esperar a la Justicia indemne, solo esperado y comiendo y diciendo lo que se quiere, desde lejos, con el tricornio en la distancia.
Veremos como acaba esto.
Únicamente quedan ya los electrones virtuales que han discutido por pantallas de plasma y smartphones. Pero nadie ha visto en carne y hueso a muchos de los candidatos, esos nuevos Palpatines y Leias a los que nos tendremos ya que ir acostumbrando.
Ya hay una robot con inteligencia artificial, Sophia, que ha obtenido la ciudadanía en Arabia Saudita. Esperemos un poco y no tardaremos en ver robots humaoides candidatos mucho más cachondos que los de carne y hueso. Y a esos además, no habrá que indultarles. Bastará con quitares las pilas.