Además, la mayor fortaleza del dólar, medida frente a una cesta de divisas, y las tensiones comerciales golpearon China y a los mercados emergentes. Por el contrario, en Estados Unidos, los mercados se vieron impulsados por la rebaja de impuestos, el estímulo fiscal y la percepción de los inversores de que podría ser un lugar seguro para huir de la volatilidad del resto del mundo.
Incluso la caída del 40% en el valor de la lira turca frente al dólar en lo que llevamos de año, que ha generado preocupaciones sobre una repetición de la crisis de deuda emergente de 1997-1998 que empezó con el bath tailandés, no ha sido suficiente como para sacudir a los inversores de una aparente complacencia, apuntan a Vestle.
De hecho, si bien la caída de la lira turca es un problema para su economía, parece ser un asunto controlado. Así, los economistas consultados por Vestle no esperan que se extienda a otras divisas. Sin embargo, añaden, muestran cómo de importante es una relación estable con el dólar para la salud de muchos mercados extranjeros.
Los economistas apuntan tres razones por las que un dólar fuerte puede ser un reto para países como Turquía que ha emitido mucha deuda denominada en dólares para financiar su crecimiento y cómo puede impactar en los mercados estadounidenses.
En primer lugar, los países que se han endeudado en dólares ven subir el coste total de su deuda al apreciarse el dólar frente a sus propias monedas. La liquidez puede reducirse y el crédito puede ralentizarse, provocando un menor crecimiento, señalan.
El segundo aspecto que señalaron a Vestle es que las materias primas se compran y venden en dólares, por lo que los demás países tienen que pagar más cuando el dólar sube. Eso provoca una menor demanda y unos menores precios. La venta de materias primas es una fuente de ingresos para muchos países emergentes.
Y, en tercer lugar, un dólar más fuerte hace que las exportaciones desde EE.UU. sean más caras y menos competitivas. Además, muchos países pueden no comprar al tener menos capacidad financiera, lo que perjudicaría a las multinacionales estadounidenses.
Sin embargo, los economistas recordaban a Vestle que si el dólar se debilita también podría ser negativo. Los precios de las materias primas podrían rebotar, impulsando una mayor inflación que refuerce la intención de la Reserva Federal de mantener al alza los tipos de interés. Y unas subidas más rápidas podrían perjudicar el mercado de bonos y las bolsas estadounidenses.