El euro se ubicó ayer entre las peores posiciones de la cesta de monedas G10 en su desempeño frente al dólar, con el colapso del WTI y la fuerte caída de los precios del Brent pesando sobre el sentimiento del mercado y acelerando la demanda de refugios seguros. Las cifras del virus en la zona euro parecían estar mejorando, pero las nuevas infecciones de Alemania aumentaron a un máximo de tres días, mientras que el número de fallecidos también aumentó considerablemente. Esto ocurrió poco después de que el gobierno alemán comenzara a reabrir la economía. La encuesta ZEW de expectativas en ese país hizo poco por devolver aliento a la moneda única a pesar de que el subíndice de previsiones futuras se disparó a 28.2 en abril desde -49.5 en marzo, alcanzando un máximo de cinco años. La evaluación de la situación actual, en cambio, descendió a -91.5, muy por debajo del pronóstico de -77.5 y la lectura previa de -43.1.
La divergencia entre la situación actual y las expectativas no ha sido tan grande desde la crisis financiera mundial. Sin embargo, una lectura atemperada de estos datos apenas sugiere que los inversores prevén que el panorama no debe tornarse, al menos, más grave de lo que ya es. El Banco Central Europeo se reúne en conferencia virtual esta tarde para discutir la flexibilización de algunas reglas de calificación, posiblemente con la intención de aliviar las preocupaciones de que algunos bonos puedan rebajarse debido a los grandes costos de la recesión económica causada por Covid-19.
El billete verde sostuvo nuevamente sus ganancias frente a sus pares del G10, en otro día dominando por la aversión al riesgo en los mercados. El avance del dólar estuvo notablemente influido por el sostenido descenso de los precios del petróleo, después de un colapso histórico a territorio negativo a inicios de la semana. Donald Trump prometió a la industria doméstica un contundente plan de rescate a partir de planes de ayuda económica, mayor presión sobre los aliados globales y la expansión de las capacidades de almacenamiento de emergencia. Sin embargo, con escasas esperanzas sobre una próxima recuperación del sector, las bolsas continuaron en caída libre.
Por su parte, el Congreso norteamericano aprobó un nuevo plan de rescate de $484 mil millones para fortalecer las líneas de crédito a las pequeñas empresas y al menos un paquete de estímulo adicional se espera en las próximas sesiones. Con esto, el déficit norteamericano se cuadruplicaría este año, empujando al endeudamiento público a niveles no vistos desde la post-guerra. Aunque estos programas de ayuda económica deberán contribuir a una rápida reanimación económica en los EE.UU., el creciente volumen de deuda pública deberá acelerar un gradual debilitamiento del billete verde en el mediano y largo plazo. El calendario económico de hoy es ligero, con un discurso de la Fed de Nueva York sobre las acciones frente al Covid-19.
La libra sintió la fuerza del amargo sentimiento de riesgo global ayer y cayó más de un punto porcentual frente al USD y al EUR, a un mínimo de dos semanas. Hasta ahora, la caída de la libra de 7,3% frente al dólar marca su peor inicio de año desde 1991. Los mercados de opciones están valorando una mayor probabilidad de debilidad de la libra esterlina en los próximos meses. Las apuestas negativas a 3 meses, período que abarca la fecha límite de junio para que el gobierno del Reino Unido busque una extensión a la fecha límite del Brexit, se encuentran actualmente en niveles no vistos desde marzo de 2019. Los datos del IPC de esta mañana vieron caer la inflación de 1.7% a 1.5% en marzo, lo cual no es sorprendente dado el súbito colapso de la demanda de los consumidores a fines de mes a raíz de las medidas de confinamiento. La publicación tuvo un impacto limitado en el mercado, debido a que el Banco de Inglaterra ya vació su conjunto de herramientas para apuntalar la economía británica y el mercado sostiene expectativas bajistas de la inflación en los próximos meses.
El Banco de México tomó las cámaras ayer, con una decisión unánime de recorte de los tipos de interés fuera del calendario. El banco redujo otros 50 puntos básicos del tipo de referencia, que se ubica ahora en un nivel de 6%. Esa rebaja se añade a los 50 puntos recortados en una decisión de emergencia el 20 de marzo y suma a la trayectoria de acomodación monetaria desde el pasado mes de agosto, cuando los tipos se encontraban en 8,25%. Banxico enfatizó que el panorama macroeconómico está notablemente sesgado a la baja, con previsiones de un colapso económico superior al 5% inter-anual en el primer semestre del año. Por su parte, las perspectivas de la inflación siguen nubladas por presiones actuando en direcciones opuestas –la brecha de crecimiento y el precio de los energéticos a la baja y el deterioro de la moneda al alza-, pero en balance se espera que el crecimiento de los precios siga desacelerándose.
A pesar de no abandonar completamente su enfoque conservador, Banxico deberá continuar su senda de relajación gradual de la política monetaria en los próximos meses, con reducciones de otros 200 puntos básicos ya descontadas por el mercado. Por otra parte, el banco central tomó medidas adicionales valoradas en 750 mil millones de pesos orientadas a aliviar las condiciones de liquidez de los mercados financieros internos y expandir los canales de crédito para mitigar el impacto de la crisis, con especial énfasis en las pequeñas y medianas empresas. Entre estas medidas, además, Banxico permitirá que las coberturas de cambios de divisas por diferencias con el USD con contrapartes extranjeros sean canjeadas fuera de los horarios operativos del mercado interno, con el objetivo de reducir la amplia volatilidad imperante en el mercado cambiario.
A pesar de estos pasos decisivos de la institución, esta es la primera vez que el peso mexicano no reacciona favorablemente a la flexibilización de Banxico desde que este inició la normalización monetaria el pasado mes de agosto. En cambio, la caída el peso coincide con el sólido descenso de los precios internacionales del crudo de petróleo. En medio del dramático entorno recesivo que enfrenta la economía mexicana, la reacción de los mercados indica un marcado pesimismo hacia la efectividad de la política monetaria para el rescate de la crisis.