Las principales razones que explican el auge de estos peligros en línea tienen que ver, por un lado, con el aumento del uso de las nuevas tecnologías y de internet —algo que, por supuesto, se ha acentuado de manera notable a raíz de los acontecimientos derivados de la pandemia de Covid-19—. Y por otro, con la falta de conciencia y con la ignorancia que, en muchos casos, rodea a este tipo de peligros y a sus víctimas, usuarios que desconocen los rudimentos básicos de seguridad, como la encriptación o qué es una VPN forman la mayor parte de las víctimas de estos ataques.
Así es, la tecnología se ha transformado en un ámbito completamente integrado en nuestras vidas, tanto desde el punto de vista comercial y administrativo, como desde el punto de vista social. Utilizamos internet para trabajar, para comunicarnos e interactuar, para informarnos, para entretenernos, para comprar… Y esta es una tendencia que no deja de acentuarse. Ante esta situación, los delincuentes informáticos ven un filón para sacar tajada. Por supuesto, hay sectores más lucrativos y que ofrecen mayores posibilidades de beneficio para los hackers que otros. Y es en estos ámbitos en los que hay que estar especialmente atentos si no queremos sufrir un ataque de este tipo.
La prevención es, de hecho, una de las formas más efectivas de evitar ser víctimas de un fraude o de una estafa informática. Estar prevenidos es siempre el mejor escudo frente a las amenazas. Y para estarlo es necesario, primero, saber cuáles son los frentes más activos en términos de ciberdelincuencia (las áreas como el comercio electrónico, el sector bancario y de servicios financieros y el sector de las telecomunicaciones suelen ser objetivos predominantes en este sentido); cuál es la tipología y el alcance de los principales tipos de ataques (robo de cuentas, suplantaciones de identidad, sustracción de datos…); y cómo saber identificarlos antes de que lleguen a causar perjuicio.
Como las formas de operar de los ciberdelincuentes son muy variadas, es crucial desconfiar de cualquier tipo de acercamiento telemático que proceda de fuentes o correos electrónicos desconocidos o sospechosos. Evitar acceder a cualquier tipo de link que no estemos seguros de a dónde nos lleva, evitar descargar archivos desconocidos y evitar aportar información o documentación personal salvo en lugares completamente seguros, son medidas sencillas que nos pueden ahorrar muchos disgustos. A su vez, mencionar que nuestra exposición en la red (por ejemplo, en redes sociales), tiene el riesgo de aportar información valiosa que un ciberdelincuente podría utilizar en nuestra contra. Por tanto, reducir nuestra exposición a estos medios es otra forma de prevención muy efectiva. A estos consejos hay que añadir otros básicos como mantener siempre al día los sistemas y los softwares de seguridad de las herramientas que utilicemos, contar con equipos y sistemas de protección, evitar el uso de redes públicas, tomar precauciones para blindar nuestras redes domésticas y asegurarnos acerca de la legitimidad y la fiabilidad de los sitios web y los servicios en línea a los que accedamos.