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¿POR QUE UNAS EMPRESAS TIENE ÉXITO Y OTRAS NO?

La Economía como parte de las Humanidades

John Maynard Keynes concedió al factor humano un papel fundamental en el llamado “espíritu animal” de los empresarios.
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John Maynard Keynes concedió al factor humano un papel fundamental en el llamado “espíritu animal” de los empresarios.

· Por Pablo Sanz Bayón, Profesor de Derecho Mercantil en ICADE

By Pablo Sanz Bayón
sábado 03 de diciembre de 2022, 09:07h

La investigación contemporánea en ciencia económica muestra marcos conceptuales y metodológicos que a menudo enfatizan un fuerte positivismo, empirismo y utilitarismo basados ​​en una pretendida objetividad y neutralidad. Posiciones que se justifican mayormente en modelos matemáticos, probabilidad y estadística. En las ciencias sociales, el método clásico de interpretación dialéctica, propio de las Humanidades, está siendo sustituido por el de las ciencias naturales. Obviamente, no se puede ignorar la gran utilidad epistémica que para las ciencias sociales implica realizar el análisis de los fenómenos bajo herramientas cuantitativas. La cuestión no pocas veces problemática que surge aquí es que detrás de este paradigma dominante, el transfondo personal, social y motivacional de las acciones humanas se diluye con frecuencia cuando el análisis que se hace a partir de estas herramientas conlleva proposiciones deterministas. Por esta razón, parece oportuno abogar por una ciencia económica que supere la esterilidad de muchas de las posturas epistemológicas y metodológicas dominantes y la forma reduccionista de establecer y validar las pretendidas “leyes económicas” actuales.

El pensador alemán Eric Voegelin argumentó que la mentalidad positivista había causado dos efectos negativos en las ciencias sociales. Primero, la creencia de que los métodos matemáticos de las ciencias naturales -debido a su éxito- tenían alguna virtud inherente. En consecuencia, otras disciplinas o saberes alcanzarían logros similares si fueran capaces de imitar tales métodos. Esta creencia no sería por sí misma peligrosa o arriesgada, ya que el intento de aplicar métodos matemáticos de otras disciplinas a las ciencias sociales podría abandonarse si tal intento no proporcionara los resultados explicativos esperados. Sin embargo, como es sabido, los métodos cuantitativos no han sido lo suficientemente efectivos para explicar, prevenir o regular este tipo de fenómenos vinculados a la acción humana, a su praxis y ethos. Buena prueba de ello fue la no tan lejana crisis financiera internacional de 2008.

Según Voegelin existe otro riesgo que consiste en la subordinación de la ciencia al método. En otras palabras, la creencia de que lo relevante para la ciencia no es la principal contribución al verdadero conocimiento a través del estudio racional de los hechos y a su causalidad, sino la adecuación a un método aplicable a todas las disciplinas, negando que objetos diversos puedan requerir diferentes metodologías de estudio.

El Premio Nobel de Economía Paul A. Samuelson escribió, en su famoso trabajo Fundamentos del análisis económico, publicado en 1947, que “el lenguaje natural del economista son las matemáticas”. Samuelson ha sido probablemente el economista más influyente en la formación de nuevos académicos en los últimos ochenta años, debido a la popularización de esta obra y la extensión de sus ideas por la gran mayoría de las escuelas de economía y negocios del mundo. Sin embargo, Alfred Marshall, que contribuyó a la autonomía de la ciencia económica como disciplina académica a finales del siglo XIX, ya advirtió de los peligros de un uso extremo del lenguaje matemático en detrimento de las formas convencionales de expresión. Llegó a escribir "¡quema las matemáticas!", recomendando no usarlas en aquellos casos en los que el lenguaje común es tan limitado como los números.

John Maynard Keynes le dio al factor humano un papel importante, como en el caso del llamado “espíritu animal” de los empresarios, que tenía para él un fuerte poder explicativo respecto a las cuestiones económicas de su época. Para Keynes la economía seguía siendo esencialmente una ciencia moral, no una ciencia natural, porque a diferencia de las ciencias naturales, la materia o material sobre el que el economista aplica sus métodos no es homogéneo a lo largo del tiempo. La idea de describir el futuro previsible del mercado en términos de probabilidad le habría sido ajena, especialmente a largo plazo. En su Tratado de Probabilidad, Keynes muestra estar al tanto de los límites de la economía en el campo de la lógica formal, debido a la existencia de muchos elementos que no pueden ser verificados sino con el paso del tiempo. El estudio de Keynes hacía referencia a la perspectiva escéptica de David Hume, para quien “todo conocimiento degenera en probabilidad”.

La relación entre escepticismo y probabilidad tiene como punto de partida una visión antropológica, al enfatizar el carácter moral y cultural de la acción humana. Los efectos del libre albedrío en la elección humana no son sólo de medios -particularmente relevantes desde el punto de vista económico- sino especialmente de fines o propósitos, que es la clave en la ética y de la ciencia jurídica. En el caso de la economía, si bien la forma de abordar los problemas se extiende al resto de las ciencias sociales, el éxito de la “hipótesis ergódica”, según Paul Davidson, comienza a producirse fundamentalmente a partir de la Segunda Guerra Mundial, aumentando su influencia en la visión de académicos y del público en general de manera creciente hasta el día de hoy.

Esta hipótesis, al concebir la economía como un proceso estocástico, tiende a describirla en forma de distribución de probabilidad. Esta descripción afecta tanto a los hechos históricos como a las predicciones sobre el futuro. De ese modo, se concibe el futuro como un resultado hipotético de dicha distribución, expresado en términos de probabilidad. Desde este enfoque, la explicación del pasado y la predicción del futuro se describen sobre bases teóricas similares.

Este enfoque sería rigurosamente científico según la visión de Hempel y Oppenheim, para quienes la operación llamada “explicación” tiene las mismas reglas de inferencia lógica que la operación llamada predicción. La única diferencia entre ambas es que la primera se hace después y la segunda antes de los hechos. Sin embargo, es difícil suponer que este enfoque, que a primera vista parece adecuado para las ciencias naturales, sea igualmente óptimo en el campo de las ciencias sociales. De hecho, la explicación del pasado y la predicción del futuro pueden concebirse como operaciones diferenciadas, cada una con sus propias reglas lógicas. Tiende a explicar el pasado tratando de inferir de él ciertos principios generales de cumplimiento universal, principios que se utilizan para tratar de ordenar la conducta del presente hacia ciertos objetivos futuros.

Veamos cómo se puede aplicar esta premisa o hipótesis a un caso particular: la crisis financiera internacional de 2008. Los pocos economistas que dieron la voz de alarma sobre lo que estaba pasando en los mercados años o meses antes no utilizaron modelos complejos de equilibrio general para demostrarlo, a través de la interacción de ciertas variables. Algunos de ellos escribieron artículos o hicieron declaraciones en la prensa invocando principios generales de sentido común en relación con cuestiones de funcionamiento práctico de la regulación y de los mercados, detrás de los cuales yacía un trasfondo ético manifiesto.

Los principales modelos desarrollaron explicaciones, que, como hemos indicado antes y según la “hipótesis ergódica”, tienen las mismas bases lógicas que una predicción, tratando de explicar lo sucedido en los términos de su metodología. Para muchos autores, la crisis fue interpretada como una "restricción crediticia repentina", es decir, un comportamiento anormal de una variable del modelo, generalmente conocido como "shock" externo (al modelo mismo) sin mayores consideraciones sobre la naturaleza y el origen de eso. La ausencia de tales consideraciones suele basarse en la no disponibilidad de series numéricas respecto de determinados valores explicativos, que se rechazan por no poder incorporarse al modelo.

El enfoque de abstracción numérica, utilizando modelos de equilibrio general, toma en consideración el factor tiempo, pero lo hace de manera parcial, sin considerar que las relaciones entre las variables que propugna sólo pueden darse en períodos y contextos específicos y que se plasma en una regularidad difícilmente universalizable. El factor tiempo provoca cambios en las estructuras económicas y sociales que los modelos de equilibrio general, estáticos por definición, no pueden identificar. Estos cambios y los factores que se encuentran detrás de ellos, en muchos aspectos relacionados con las condiciones humanas, sociológicas y culturales, no pueden simplemente ser ignorados cuando tratamos de dar una explicación satisfactoria de los fenómenos estudiados en las ciencias sociales.

Por todo lo anterior, podemos concluir que la ciencia económica contemporánea necesita una (re)visión más clara y profunda. Los economistas no deben conducirnos a planteamientos reduccionistas y deterministas, ni sus técnicas y herramientas cuantitativas y econométricas deben impedirnos desarrollar otras explicaciones del comportamiento humano más realistas, completas y plausibles. Es tiempo de reconducir la Economía hacia las Humanidades.


*Extracto de la ponencia del autor en la Universidad de Leeds en el marco del Congreso anual de la Socio-Legal Studies Association (SLSA) (Inglaterra, 5 de abril de 2019).

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