Netanyahu viajó a Estados Unidos (EE.UU.) con el propósito de negociar los aranceles del 17% impuestos por el tycoon e hipotecar el suministro militar que faculta al IDF custodiar la frontera con Siria, monitorizar las actividades de Hezbolá en Líbano y fantasear con el descabezamiento de Hamás. Pero Trump no hace prisioneros, y reiteró la necesidad de firmar un armisticio definitivo que posibilite la liberación de los rehenes secuestrados el 7 de octubre de 2023. Pero lo más anecdótico del encuentro fue la voluntad del mandatario norteamericano de querer entablar conversación con Teherán. Disposición que pilló a contrapié “Benny” al haberse significado por su intransigencia a cualquier apertura diplomática hacia el régimen de los Ayatolá.
Su gira al exterior tiene lugar en medio de crecientes tensiones internas. En Tel Aviv y Jerusalén los familiares de los rehenes y de las víctimas del pogromo ocasionado por Hamás se manifiestan a diario exigiendo la apertura de una investigación oficial sobre lo ocurrido en 2023 y que se recupere la negociación con la formación islamista para asegurar la puesta en libertad de los seres queridos. Asimismo, las aguas en el Likud están revueltas por la voluntad del sector más radical de querer anexionar al territorio nacional algunas parcelas gazatíes.
Pero Netanyahu se enfrenta también al cerco judicial por variados casos de corrupción desde 2019 que habrían motivado la injustificada destitución de Ronen Bar, admirado responsable de la Shabak. La providencia discrecional ha incrementado el malestar social y ocasionado numerosas críticas al hilo de las investigaciones del servicio de inteligencia sobre el presunto trato de favor del Gobierno hacia funcionarios qataríes que motivó la detención de dos asesores muy cercanos al primer ministro. La rivalidad con Bar y el Shin Bet se suma a la confrontación que mantiene con la judicatura desde 2022 por querer reducir la labor fiscalizadora de los magistrados contraviniendo la separación de poderes de Montesquieu.
Pese a las cortinas de humo orquestadas a medida, Netanyahu se encuentra en una situación personal bastante compleja, atrapado entre denuncias por crímenes de guerra, inestabilidades internas y un enfrentamiento manifiesto con el poder judicial. Y además tiene que lidiar con las exigencias maximalistas de Sionismo Religioso, la formación extremista capitaneada por Bezalel Smotrich y de la que depende la estabilidad gubernamental de cara a las elecciones de 2026.
Mientras Netanyahu viajaba a Budapest y Washington, el sutil equilibrio interno estuvo a punto de resquebrajarse. En aquellos días de periplo europeo y transatlántico el Tribunal Supremo de Israel incoó diligencias para aclarar los motivos que llevaron a la destitución de Ronen Bar. Asimismo, los familiares de los rehenes volvieron a la carga manifestándose en los lugares más emblemáticos del país exigiendo que se abra una investigación sobre lo acontecido el 7 de octubre de 2023. Algo que el mandatario quiere evitar a toda costa. Y la cruzada que ha lanzado contra el sistema judicial se dirige hacia la fiscal general Gali Baharav-Miara, firme opositora al decreto ley que aumentará el control político sobre los nombramientos de los togados. Una némesis considerable respecto a la labor del ministerio público en España.
El líder conservador acusa a los jueces de llevar a cabo una cacería en su contra. Sin embargo estas denuncias contra un fantasmagórico deep state no logran la aquiescencia de una opinión pública cada vez más inquieta por la resiliencia de la democracia del país. Los alborotos en contra de modus operandi de Netanyahu tuvieron lugar en 2023 y desde entonces no han dejado de sucederse. Y la convocatoria de 2026 pone en entredicho la prolongación de su decenal mandato. Siempre y cuando no logre modificar la fecha.
La imagen que desde Jerusalén se quiere transmitir de una población unida y compacta alrededor de su mandatario dista bastante de la realidad. Quién mejor ha sabido retractarlos ha sido el escritor Ian Buruma en una magistral labor periodística que ha recogido La Vanguardia (es posible acceder al artículo a través del enlace https://acortar.link/vtP5B0).
Como se ha indicado, el primer ministro depende políticamente de una engorrosa coalición. Las encuestas indican que, ante una más que posible desintegración gubernamental, todos sus integrantes perderán cotas electorales y Netanyahu tendrá que organizar la mudanza de Beit Aghion, la residencia oficial. En tal caso perderá influencia sobre la judicatura quedándose sin las herramientas necesarias para posponer y retrasar el juicio que le afecta. Pretende evitar una sentencia de culpabilidad debilitando así el sistema judicial. Pero para conseguirlo necesita mantenerse en el poder. Por lo tanto, se encuentra expuesto al chantaje sectorial de los ultraortodoxos que codician expandir los asentamientos en Cisjordania.
Tampoco debe olvidarse la grave crisis económica que Israel está padeciendo a raíz de su despliegue bélico en Oriente Próximo. En un artículo publicado en EMF a finales de 2024 (más información al link rb.gy/w8kd82) se hacía especialmente hincapié en el declive financiero del país más tecnológico del mundo, el estancamiento de sus activos financieros y una posible fuga de talentos hacia litorales más apacibles que las playas de Tayalet, Palmachim o Achziv.
Otro duro revés tuvo lugar en Washington. En su viaje a Norteamérica el presidente del Likud tuvo que sufrir varios desaires protocolarios y encajar otro duro golpe: la voluntad manifiesta de Donald Trump de querer abrir una vía dialogada con Teherán. Los objetivos castrenses de Israel dependen en gran medida del respaldo logístico de EE.UU., un apoyo militar que nadie puede asegurar con el líder republicano instalado en la Casa Blanca tan empecinado con su America First.
La reunión en el despacho oval no finalizó con un encumbramiento del mismo Netanyahu y el beneplácito de la Casa Blanca para enfrentarse a los mencionados desafíos políticos y legales. Es posible afirmar que no reportó beneficio ninguno. Los aranceles seguirán manteniéndose y el deseo del tycoon neoyorquino de querer finalizado el enfrentamiento en Gaza, quién sabe si para construir su mediatizado resort, ha generado expectativas entre aquellas decenas de miles de israelíes que se oponen a la reanudación de la guerra.
Un deseo expresado también por algunos representantes del pueblo gazatí que se manifestaron a principios de abril contra Hamás. El abogado Moumen Al-Natour, portavoz del colectivo, criticaba abiertamente la organización terrorista en un acto organizado por Media Center y Fuente Latina, una información que en España únicamente ha sido recogida únicamente por el rotativo digital ElNacional.cat (véase enlace https://shorturl.at/7czfJ) y que evidencia y resalta las dificultades del aparato mediático de Israel en lograr un respaldo a su narrativa.