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Líder

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· Ante un problema lo primero que se debe resolver es la prisa real y la urgencia cierta que se tiene para hacer posible, entre las viables, su mejor solución y todo ello, para incrementar el éxito, debe ser enfocado a través de las lentes de la calma con una mirada lenta. No conviene seguir el impulso que nace de la impaciencia

domingo 07 de septiembre de 2025, 08:59h
Lo que sucede no siempre es lo más importante, a veces es mucho más trascendente el modo y la manera que uno elige para, antes de actuar o adoptar como respuesta un determinado comportamiento, examinar y analizar en profundidad lo que sucede. Por encima de muchas otras también relevantes, hay una destacada diferencia entre personalidad y comportamiento, la primera tiene contenido, es compleja y no se percibe completa con un simple golpe de vista, en cambio sí se puede perfectamente sin mayor dificultad mirar e interpretar el comportamiento porque este suele casi siempre estar motivado por una causa o razón cognoscible. Un mismo comportamiento se puede manifestar sin ningún conflicto de forma coincidente en tiempo y lugar en dos o más seres humanos con muy diferentes personalidades.

¿El liderazgo dónde está ubicado en sede de la personalidad o en el comportamiento?

El liderazgo es el pegamento que en la mente de sus miembros une y consolida la imagen del objetivo perseguido, por un grupo que se conforma y articula como un cuerpo único, con el comportamiento de todos y cada uno de los integrantes de ese ente organizado sobre una base sistemática para hacer posible de forma eficiente y pronta su alcance.

Por ello al líder, a fin de conseguir un punto de resistencia frente a la adversidad, corresponde soldar en todos y cada uno de sus seguidores la representación mental de una meta posible con el comportamiento que al ejecutarse la hará factible.

El auténtico líder no es otra cosa que un mero factor ambiental y circundante que crea e inventa nuevas condiciones para que sus seguidores sin traicionar su particular estilo de comportarse se adapten sin apenas dificultades, e incluso con gusto, a esas nuevas condiciones que exclusivamente para ellos de forma expresa ha manufacturado su líder.

Y en justa correspondencia el seguidor y adepto debe ser consciente de ello a la par que debe saber bien que de no ser por el líder en ese instante probablemente no habría podido evitar por sí mismo el estar en otra parte y dedicado a otra cosa menos provechosa para él.

El líder debe ante todo primero, facilitar en todos sus partidarios un estado de buen humor; y segundo, compartir y repartir pensamientos, enfoques y espontáneas creativas soluciones “outside the box”, porque de no hacerlo así no es un auténtico líder, simplemente es un jefe o lo que es peor un amo, y no podrá evitar, por mucho que le pese y que se fuerce en lo contrario, solo como tal ser percibido. El liderazgo de uno reside en la cabeza de otro.

Liderar nada tiene que ver con presidir, dirigir, gestionar o administrar, ni siquiera con capitanear aunque el liderazgo pueda también avenirse sin alterarse y de buen grado a realizar cuando le toca o no le queda otra alguna de estas encomiendas; el líder solo por ser titular de tal condición de manera natural con la personal idiosincrasia que le distingue debe estar en permanente alerta, practicar la atenta observación, anticipar consecuencias, nunca driblar la verdad y hacer un honrado y honesto uso del pensamiento lateral.

Y lo más importante de todo ello es que su acervo generosamente lo comparte sin escatimar; carece de arrogancia y por ello nunca nada enseña, y para compensar sin trucos ni reservas ofrece y sin tapujos muestra ese conocimiento que a él le ha funcionado para que cualquier otro, si lo considera adecuado y oportuno, libremente se lo apropie y lo aprenda.

Al líder no le corresponde el reparto del juego en la mesa, esa es la función propia del crupier que por algo es quien por la obediencia vendida al casino que lo contrata y le paga está obligado a barajar; el líder es el que con fichas propias y su serena confiada forma de subir la apuesta consigue tal simbiosis entre tapete, naipe y jugadores que convierte, sin que se vea mayor esfuerzo en ello, el desafío del riesgo y la suerte en un auténtico espectáculo de indiferente burla a la contingencia y el azar.

El líder no copia ni pude ser copiado, no imita ni busca ser imitado, y sin proponérselo con su sutil paso en la superficie por la que se desliza sin que esta sufra el menor daño, más bien al contrario, deja una pequeña huella indeleble que para siempre la inmuniza frente al crecimiento de otras malas hierbas.

En los habituales y frecuentes actuales espacios de impostada libertad, alguno de ellos publicitado interesada y engañosamente como un estado de [falso] bienestar, y por eso en no pocos aspectos de la vida así nos va, para desgracia del común de los mortales abunda mucho, mejor dicho demasiado, quien creyendo ser un líder solo es simplemente un patético y bochornoso ser percibido por quienes cree erróneamente que por él son liderados como un analfabeto emocional con ínfulas de caudillo aldeano que a lo único que de verdad aspira es a tenerlos a todos siempre sometidos y encerrados dentro de su burdamente pintarrajeado de “rojiverde” caprichoso redil.

Esta última, es una palabra que por cierto curiosamente de forma perfecta cumple con el requisito para ser el anádromo o bifronte de la que pone título a esta columna, al ser el resultado de su lectura hecha de derecha a izquierda, líder-redil.

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