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ANÁLISIS SALVAR EL PLANETA

Innovación: el motor verde para salvar el planeta

Alice Falchi
Alice Falchi

  • Por Alice Falchi, profesora de marketing de ESSCA Naciba Chassagnon Haned, profesora de Economía, Leyes, Sociedad de ESSCA Christoph Weber, Profesor y Jefe de Departamento Economía, Leyes, Sociedad de ESSCA

jueves 09 de octubre de 2025, 13:37h
Naciba Chassagnon Haned
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Naciba Chassagnon Haned
La narrativa dominante en la política y en la economía repite una idea tentadora, que es la innovación como clave para resolver el cambio climático. Si se logra ser más creativo, se inventan nuevas tecnologías y se mejoran los procesos productivos, se podrá seguir creciendo y, al mismo tiempo, salvar el planeta. Pero ¿es tan simple como innovar y esperar que las emisiones bajen? Un estudio reciente publicado en Ecological Economics por Christoph Weber, Alice Falchi y Naciba Chassagnon-Haned invita a analizar el tema con mayor profundidad. Usando datos de 229 países entre 2013 y 2020 y el índice global de innovación (GII), los autores han llegado a una conclusión alentadora: los países más innovadores tienden a emitir menos CO₂ por persona. Incluso al considerar el nivel de desarrollo, el consumo de energía y el comercio, la relación se mantiene.

Invertir en investigación, tecnología y educación no solo impulsa la economía, sino que también puede reducir la huella de carbono. Sin embargo, el estudio hace una advertencia crucial: innovar por innovar no garantiza un futuro sostenible. Las innovaciones que aumenten la producción pero ignoren el impacto ambiental pueden empeorar el problema.

Por eso hoy se habla tanto de eco-innovación. No basta con que las nuevas ideas sean eficientes o rentables, sino que deben de ser deliberadamente verdes. Existen ejemplos de países como Dinamarca o Suecia, que son líderes en energías renovables, con una matriz energética que ya depende en gran parte de la energía eólica y la hidroeléctrica. Países Bajos, por su parte, se ha convertido en referencia mundial en agricultura sostenible gracias a sus innovaciones en invernaderos de alta tecnología que usan menos agua y pesticidas. Incluso Corea del Sur ha apostado fuerte por la economía del hidrógeno, invirtiendo miles de millones para convertirse en líder en esta tecnología de bajas emisiones.

Estos casos demuestran que la innovación puede transformar diferentes sectores de la economía si se orienta hacia objetivos ecológicos claros. Aquí entraría el rol importante de los gobiernos y de las empresas para dirigir la innovación. Esto se traduce en establecer políticas públicas que premien las tecnologías limpias, con impuestos al carbono que penalicen la contaminación y ofrecer financiación a startups verdes para acelerar esta transición. Las empresas, por su parte, tienen la oportunidad y la responsabilidad de convertir la sostenibilidad en un motor de competitividad.

La innovación es una herramienta muy potente, pero no es automática ni neutral. Si se la orienta hacia lo ecológico, puede convertirse en una palanca para lograr un crecimiento verdaderamente sostenible.

La pregunta, entonces, no es si innovar, sino cómo innovar. En tiempos de crisis climática, la creatividad sin dirección es insuficiente. La innovación necesaria no es la que produce más, sino la que produce mejor, tanto para las personas como para el planeta.

Christoph Weber
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