Madrid tiene la virtud de acoger sabores de toda España y convertirlos en parte de su propio paisaje gastronómico. El Restaurante Portonovo es un claro ejemplo de ello. Entrar en este local es, en cierto modo, viajar al norte sin salir de la ciudad. El ambiente es clásico, sin artificios innecesarios, y transmite esa sensación de casa conocida que tanto se agradece en una ciudad cada vez más dominada por modas efímeras.
Mi experiencia personal comenzó con una atención cercana y profesional, algo que se ha convertido en una seña de identidad del restaurante. Aquí no hay prisas ni rotación constante de mesas: el servicio entiende que comer bien también implica tiempo y calma. Esa filosofía se percibe desde el primer momento y marca el tono de toda la experiencia.
La carta de Portonovo es un homenaje al producto. Pescados y mariscos frescos, traídos directamente de las lonjas gallegas, son los auténticos protagonistas. Comenzar con un pulpo a la gallega resulta casi obligado. En este caso, llega a la mesa en su punto exacto de cocción, con una textura tierna y un sabor equilibrado, donde el pimentón y el aceite de oliva acompañan sin enmascarar al producto principal.
Le siguieron unas almejas a la marinera, limpias, sabrosas y con una salsa que invita a mojar pan sin remordimientos. Es en estos platos donde se aprecia la experiencia de una cocina que no busca sorprender con técnicas modernas, sino respetar la materia prima y realzar su sabor natural.
En los segundos, el pescado se impone como una apuesta segura. Merluza, rodaballo o besugo se presentan con elaboraciones sencillas, pensadas para que el comensal disfrute de la calidad del producto sin distracciones. En mi caso, opté por una merluza a la gallega, jugosa y perfectamente ejecutada, que confirma por qué este plato sigue siendo un clásico imprescindible.
El restaurante también ofrece opciones de carne, pero Portonovo brilla especialmente cuando mira al mar. Todo ello se acompaña de una cuidada selección de vinos, con especial protagonismo de las denominaciones de origen gallegas, que armonizan a la perfección con la propuesta culinaria.
Más allá de la comida, Portonovo destaca por su capacidad para mantenerse fiel a sí mismo. En un contexto gastronómico donde muchos restaurantes cambian de concepto para adaptarse a las tendencias, este establecimiento ha entendido que su valor reside precisamente en la constancia. Esa coherencia es, hoy en día, un activo diferencial.
Salir de Portonovo deja una sensación clara: la de haber disfrutado de una experiencia honesta, sin artificios, basada en el respeto por el producto y por el comensal. No es un restaurante para la foto rápida ni para la moda pasajera, sino un lugar al que se vuelve, ya sea para una comida familiar, una reunión profesional o una celebración especial.
En definitiva, Restaurante Portonovo sigue siendo un referente de la cocina gallega en Madrid. Un espacio donde tradición, calidad y buen hacer se dan la mano para demostrar que la buena gastronomía no necesita reinventarse constantemente, sino mantenerse fiel a su esencia.