Ser auténtico tiene un coste (pero también un valor)
Durante la sesión, Ramírez ha desgranado las principales ideas de su libro, reflexionando sobre el desequilibrio cada vez más frecuente entre los valores que las empresas comunican y los hábitos que practican. “Hoy todas las compañías proclaman los mismos valores -innovación, sostenibilidad, foco en el cliente-, pero pocas los viven realmente. Y eso está generando una crisis de confianza”, ha explicado.
Frente a este vacío, Ramírez ha defendido una autenticidad pragmática: “No se trata de parecer perfectos, sino de ser coherentes. De hacer lo que decimos. Y eso, en las empresas, implica revisar qué medimos, qué premiamos y qué permitimos. Ahí es donde se construye -o se rompe- la cultura real”.
Autenticidad, rentabilidad y largo plazo
Uno de los momentos más debatidos del encuentro ha sido la tensión entre autenticidad y rentabilidad. Ramírez ha sido claro: “La autenticidad tiene un coste. No es cómoda. Obliga a revisar incentivos, procesos y liderazgos. Pero también es lo que permite que una empresa sea sostenible en el tiempo”.
En ese sentido, ha cuestionado el papel de ciertos fondos de inversión y modelos cortoplacistas que sacrifican el propósito a cambio de retornos rápidos. “Muchos fondos compran empresas por su cultura… y la destruyen al día siguiente. Son coherentes con su rentabilidad, pero no con lo que compraron”.
Inteligencia artificial, cultura organizativa y consumidores responsables
Ramírez también ha abordado el impacto de la inteligencia artificial en la gestión empresarial, señalando que “muchas tareas se automatizarán, pero hay decisiones -especialmente las relacionadas con personas y valores- que no deberían delegarse nunca”. Para él, el criterio, la experiencia y la ética seguirán siendo insustituibles.
Asimismo, ha reivindicado el papel de los consumidores en la construcción de empresas auténticas: “Cada vez que compramos, votamos por el mundo que queremos. No basta con exigir autenticidad si seguimos premiando con nuestras decisiones a quienes no la practican”.
“La autenticidad no es un objetivo, es un hábito”
El encuentro, organizado por CeVe y Alive Comunicación, ha finalizado con una intervención personal en la que Adolfo Ramírez ha compartido su propia decisión de dejar la alta dirección del Grupo Santander para emprender un camino más coherente con su propósito vital. “Tenía el cargo, el reconocimiento, la seguridad. Pero decidí irme porque quería escribir, enseñar y trabajar desde otro lugar. Me dijeron que estaba loco, pero hoy duermo tranquilo”.
Para Ramírez, la autenticidad no es una estrategia de comunicación ni una tendencia de RSC, sino una forma de vivir y liderar. “No se trata de parecer ético, se trata de serlo. Y de construir empresas honestas, rentables y sostenibles.