Es cierto que el llamado «punto de equilibrio» del empleo probablemente ha descendido, en parte debido al envejecimiento de la población y a las restricciones migratorias. No obstante, un incremento medio de 15 000 puestos al mes sigue siendo modesto, y nuevas revisiones podrían incluso llevar la dinámica salarial a terreno negativo.
Además, los datos de enero invitan a la cautela: el crecimiento estuvo impulsado casi en su totalidad por un único sector, sanidad y educación. Esta concentración sugiere que no es inminente un repunte amplio y sostenido del empleo. Como ha señalado el gobernador de la Fed, Christopher Waller, se trata, en esencia, de un crecimiento del empleo «cero».
En nuestra opinión, este escenario no constituye una señal positiva ni para la evolución futura de la tasa de desempleo ni para la resiliencia del consumo. A la luz de las revisiones, incluso el poder adquisitivo de los hogares, como indicador del crecimiento de la renta agregada y estrechamente vinculado al gasto real, resulta más débil de lo estimado anteriormente y se sitúa por debajo de su media de largo plazo. Esto apunta a una dinámica de crecimiento más lenta en los próximos meses.
De cara al informe de empleo de febrero, que se publicará a principios de marzo antes de la próxima reunión del FOMC, mantenemos por ahora nuestra previsión: la inflación debería moderarse en 2026 y el mercado laboral seguir debilitándose, lo que abriría la puerta a tres recortes de tipos a lo largo del año, a partir del segundo trimestre.