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De perdones y de inquina: México o la nueva España

· Por Jorge Vargas Morgado, Catedrático de Derecho de la Universidad Anáhuac (México). Doctor, en programa mixto con la UCM (España)

viernes 13 de febrero de 2026, 18:46h
De perdones y de inquina: México o la nueva España

Cíclicamente, se aviva el reclamo de perdones por la presencia española en América, fundamentalmente por políticos de izquierda de ambos lados del Atlántico, en su búsqueda permanente de víctimas y victimarios, para justificar el discurso del pasado de penumbra y futuro brillante gracias a la revolución socialista. Pero este propósito no es más que inquina pura y dura. Espero tener oportunidad de comentar distintos temas relacionados con la conquista y el Virreinato en la entonces Nueva España hoy México, pero en esta ocasión aludiré sucintamente a la encomienda, que tanto ha dado para que la ignorancia y la mala fe hagan estragos en la percepción de las personas no ilustradas, a quienes se les viola su derecho a saber porque se les engaña. La encomienda fue la asignación de comunidades indígenas ya existentes y con autoridades propias (pueblos encomendados) a un principal (encomendero). Los encomenderos no sólo fueron españoles también los hubo indígenas, por ejemplo, Tecuichpo, la hermosa hija favorita del emperador Moctezuma, que bautizada llevó por nombre de Isabel Moctezuma, fue dotada del pueblo de Tacuba, que fue la encomienda más grande en superficie y población; su hermano, Pedro Moctezuma, le fue encomendado del pueblo de Tula, sitio también de gran dimensión y relevancia. Como vemos, la encomienda no tuvo carácter racial, en todo caso sí lo tuvo de clase. Los caciques de los pueblos encomendados conservaron su autoridad, lo que condujo con el tiempo a que la Corona regulara los tributos para distribuirlos entre el cacique y el encomendero, de manera que la carga no fuera excesiva.

Jorge Vargas Morgado, Catedrático de Derecho de la Universidad Anáhuac (México). Doctor, en programa mixto con la UCM (España).
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Jorge Vargas Morgado, Catedrático de Derecho de la Universidad Anáhuac (México). Doctor, en programa mixto con la UCM (España).

Los encomenderos, por la Bulas Alejandrinas y por las leyes de Indias, habían de cumplir con obligaciones tutelares, militares y religiosas en favor de las comunidades indígenas; en contraparte gozaban del derecho al trabajo y al tributo de los indios, lo cierto es que lo que fue más verídico fue el tributo. Hay que decir con vigor que los indígenas eran súbditos de los reyes, lo que equivaldría en la actualidad a decir que eran ciudadanos españoles, lo que propició el mestizaje, de hecho, no fueron pocos los conquistadores, encomenderos o no, que casaron con indígenas. Vale señalar que la Inquisición no tenía jurisdicción sobre los indígenas, quienes, por cierto, como lo refiere el Inca Garcilaso de la Vega en el caso de Perú, abrazaron muy rápidamente la religión católica, qué diferencia con los ingleses que preferían no bautizar a nativos y negros, no fueran a creerse iguales y redimibles. Las encomiendas fueron finalmente abolidas en 1718, fundamentalmente porque se desarrollaron formas de producción y comercio más eficientes. El viajero investigador, Alexander von Humboldt, tiempo después que las encomiendas habían desaparecido, refirió que en Europa sí había un régimen de servidumbre y en la América Hispana no.

Las expansiones territoriales y la emigración son perfiles propios de la naturaleza humana, así ha sido y así será, respecto de los sucesos propios de esta genética social, indudablemente hemos de reflexionar para conocernos y entendernos, lo que es impertinente es formular juicios, particularmente si se pretende juzgar el pasado con criterios presentes, eso es un disparate que viene de la ignorancia o de la mala fe. Por mi parte, desde Querétaro, hermosísima ciudad virreinal, celebro que la conquista de estas tierras haya sido realizada por los españoles de entonces, generosos y valientes, que se aliaron a los tlaxcaltecas y a otros pueblos para la conquista del actual México y de Filipinas, que fundaron ciudades, universidades, templos, acueductos y, por el mestizaje, participaron en la generación de la raza cósmica referida por el gran José Vasconcelos. Las peticiones de perdón las debemos despreciar porque en España y en México, la Nueva España, provienen de la inquina política.

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