Uruguay es el segundo país más pequeño de América del Sur, pero su economía —con una deuda pública del 68% y un déficit del 3,22% sobre su PIB (datos de 2024)— proyecta una imagen de solidez y confianza que el Ejecutivo de Montevideo quiere aprovechar para impulsar su desarrollo, en un momento en el que se espera la ratificación del Parlamento Europeo del Acuerdo de Asociación UE-Mercosur, firmado el pasado mes de enero.
Además, otros datos avalan esa buena imagen de la República Oriental, “labrada a lo largo de los años”, como señaló el director de Relaciones con Iberoamérica de la CEOE, Narciso Casado. La Organización de Transparencia Internacional sitúa a Uruguay como el 16º país con menor percepción de corrupción en el sector público, por delante de todos los países de la región, compartiendo puesto con Bélgica y Japón y por delante de España (36º) o Francia (20º). Tambien puntúa bien en el Índice de Competitividad del Foro Económico Mundial (54º) —en el que sólo le supera Chile (33º)— y en el Índice de Fragilidad, donde se encuentra en el puesto 157º, liderando el ránking de los países latinoamericanos.
Por su parte el embajador de Uruguay en España, Bernardo Greiver, subrayó que el Índice de Democracia de The Economist considera a su país como una democracia plena y lo sitúa entre los 15 países más democráticos del mundo. Esa estabilidad política, que ha permitido relevos gubernamentales periódicos sin sobresaltos, se ha basado en un consenso entre los partidos sobre las cuestiones fundamentales y en la estabilidad macroeconómica que el país ha experimentado desde 2022, añadió Sánchez.
A pesar de estos esperanzadores datos, el secretario de la Presidencia admitió que el 1% de crecimiento económico de Uruguay en la última mitad de 2025 no es suficiente. El país, dijo, todavía enfrenta problemas sociales y “necesita reformas para generar un marco adecuado para los negocios” y para atraer inversores en sectores clave de su economía.
Entre esas iniciativas expresó su intención de dar un mayor impulso a las Ventanilla Única de Inversiones (VUI), que Uruguay puso en marcha recientemente, así como potenciar la utilización del Portal de Cartera de proyectos elaborado por el Instituto de Promoción e Inversiones UruguayXXI, cuyo objetivo es facilitar los trámites necesarios para la creación de empresas, los intercambios comerciales y la entrada de capitales extranjeros en el país.
A la hora de concretar los ámbitos que ofrecen oportunidades de negocio a los inversores, además del agropecuario, Sánchez identificó como prioritario el desarrollo del sector logístico, que definió como “una gran oportunidad”.
La transformación energética ocupa un lugar central en esa estrategia, con un fuerte desarrollo de energías renovables y la ambición de avanzar en hidrógeno verde y movilidad eléctrica. Al mismo tiempo, ante un nutrido auditorio de empresarios e inversores, el dirigente uruguayo anunció los planes de su Gobierno para impulsar la digitalización, sobre todo con el objetivo de “cerrar la brecha de uso” ya que la tecnología necesaria está implantada.
“Somos un país confiable, el mejor socio para desarrollar negocios y una magnífica puerta de entrada en América Latina”, finalizó Alejandro Sánchez. Una vez ratificado por su Parlamento el Acuerdo UE-Mercosur, Uruguay quiere convertirse en la cabeza de puente para las empresas europeas en la región, a la que aprovechó para reclamar “integración para producir mejor”.