Ha pasado mucho tiempo desde entonces y ya no existe el poderoso Imperio Británico y, en general, los ingleses, salvo Nigel Farage, parece que son más proclives a considerar que los europeos estamos en el mismo plano que ellos. Bueno, no todos, puesto que un mensaje similar al del periódico londinense ha surgido en estos días en España, con nuestro presidente poniéndose a defender los intereses de un régimen teocrático, corrupto, inquisidor y que ignora los derechos de su pueblo, y en particular los de las mujeres.
Sólo habría que fijarse en las imágenes de las mujeres iraníes embutidas en su chador gritando a favor de los ayatolas que las reducen a madres y ¿amas? de casa (vamos, como hacía Franco en su día con las españolas), para no comprender cómo un partido “progresista” y feminista es capaz de defender aunque sea subliminalmente a un régimen como el iraní.
No es que el reinado del Shah previo a la revolución de los años setenta fuera mejor, puesto que rivalizaba en corrupción y desigualdad con el actual, pero siempre he dicho que cuando uno no tiene por qué significarse, lo mejor es no hacerlo, sobre todo si no tienes ni la fuerza militar ni económica como para poder respaldar tus palabras. ¿Quién le manda a Pedro Sánchez quedarse sólo en Europa criticando la actuación de Estados Unidos en una zona geopolítica en la que España no tiene ningún interés estratégico?
Los socialistas se han pasado la vida criticando el alineamiento que impuso José María Aznar en la famosa “foto de las Azores”, actuando de una forma individual respecto de sus socios europeos, y tenían razón; un Aznar endiosado en su segunda legislatura tomó una decisión inaudita y fuera del consenso de la Unión Europea, a la cual se supone que pertenecemos para algo y que tiene sus propios portavoces para que demos una respuesta conjunta y meditada, y no soflamas impulsivas para trata de desviar el foco de lo que ocurre realmente en España, el único país de Europa que va a tener una legislatura completa sin presupuestos generales y con varios dirigentes significativos procesados o en la cárcel (y los que vendrán) debido a que su partido no tenía los controles necesarios para garantizar la honorabilidad de la actuación de sus líderes y que, además, defendía que, en pleno siglo XXI, se siguieran haciendo pagos en sobres con billetes (¿los seguirán haciendo?), mientras que Hacienda acota cada vez más cualquier movimiento en efectivo en las actividades mercantiles y bancarias (por algo será).
Probablemente nunca sabremos si la peculiar actitud de nuestro presidente tiene o no que ver con los presuntos vínculos de personas de la izquierda radical con Venezuela e Irán, y a las que hay que contentar para seguir manteniéndose como presidente de un gobierno al que resulta cada vez más difícil calificar como tal. Entre otras cosas porque, cuando uno acepta el mandato para gobernar a cincuenta millones de personas, lo que tiene que hacer es gobernar pensando en el bien común de todos ellos, piensen como piensen y voten como voten.
No se puede uno levantar por las mañanas, mirarse en el espejo, regodearse en su belleza y decir en los medios lo primero que se le ocurre para que el foco tanto nacional como internacional se centre en él. Todos recordamos las consecuencias de la decisión de Aznar en materia de pérdida de vidas humanas, y entonces no había en la Casa Blanca un presidente con una personalidad tan inestable como Donald Trump, que no oculta para nada su enemistad hacia el Sr. Sánchez.
Ignorar que, en materia de defensa, dependemos a través de la OTAN de que los marines nos defiendan, es no ver más allá de tus narices. Y si hiciéramos caso de políticas de izquierda radical que no paran de decir que tenemos que irnos de la OTAN, sencillamente estaríamos completamente indefensos; tanto que si hipotéticamente Marruecos se enfadara con nosotros, probablemente su ejército estaría a las puertas de Madrid en una semana.
Por tanto, no hagamos como los ingleses de hace un siglo, Europa no está aislada; quien lo está es España, debido a una actuación negligente e irresponsable de un hombre que no piensa en sus conciudadanos sino en él mismo y en sus correligionarios y que, con tal de seguir mirándose a ese espejo de la Moncloa todas las mañanas, no nos va a hacer más que daño durante los próximos quince meses, aunque en realidad no gobierne de forma efectiva.
Así que recordemos , “aunque no venga a cuento”, la famosa tercera estrofa del romance “Un castellano leal” del Duque de Rivas: “No profane mi palacio un fementido traidor que contra su rey combate y que a su patria vendió”, que en el siglo XIX representaba muy bien lo que ocurría (y desgraciadamente sigue ocurriendo) en la política española.