El estudio, publicado en la revista Encyclopedia, tiene como objetivo apoyar la integración segura, ética y sostenible de la IA en los entornos laborales, garantizando que los avances tecnológicos se traduzcan en mejoras reales en la salud, la seguridad y el bienestar del personal. "Este artículo nace de la necesidad de parar, mirar con calma lo que está pasando y aportar una mirada preventiva y responsable, que ayude a anticipar riesgos y a situar a las personas en el centro de la transformación tecnológica", afirma Torrent.
La investigación incluye aplicaciones actuales de estas herramientas en el mercado laboral, como la automatización de tareas en los sectores industrial y de servicios, donde estos sistemas se encargan de actividades repetitivas o de alta precisión, aumentando la eficiencia y reduciendo el error humano. Esto es evidente en las líneas de montaje, las operaciones logísticas y la atención al cliente mediante chatbots, donde la IA gestiona las funciones rutinarias y permite al personal centrarse en tareas de mayor valor.
La IA se utiliza cada vez más para respaldar la toma de decisiones mediante algoritmos capaces de analizar grandes cantidades de datos en tiempo real. Por ejemplo, estos sistemas ayudan en la planificación de recursos humanos, y, en cuanto a la prevención de riesgos laborales, los modelos predictivos ya analizan datos de accidentes, identificando patrones que permiten a las organizaciones implementar medidas preventivas más eficaces. Respecto a entornos industriales avanzados, la robótica colaborativa representa otra área de expansión de la IA. Estas aplicaciones demuestran que no es una tecnología del futuro, sino una herramienta integrada en muchos sectores.
Los riesgos de la tecnología
Hay precedentes de tecnologías que también revolucionaron el trabajo, aunque con diferencias. "La mecanización industrial o la electricidad cambiaron profundamente la forma de trabajar, pero la inteligencia artificial marca un punto de inflexión distinto. Por primera vez, una tecnología no solo automatiza tareas, sino que empieza a tomar decisiones, a organizar el trabajo y a evaluar a las personas. Eso supone un verdadero cambio de paradigma, ya que no solo cambia cómo se trabaja, sino quién decide, cómo se decide y con qué criterios. Por eso su impacto es tan profundo y tan rápido, y nos obliga a replantearnos de raíz cómo protegemos la salud, la seguridad y el bienestar en el trabajo", puntualiza Baraza.
El estudio también analiza los riesgos de estos sistemas en el ámbito laboral, como el tecnoestrés, que es la tensión que surge cuando el personal debe adaptarse a herramientas digitales sin la formación ni el tiempo adecuados. Otro riesgo es la percepción de vigilancia excesiva derivada de los sistemas de monitorización basados en la IA. Las cámaras inteligentes, los sensores biométricos o los algoritmos de productividad pueden aumentar la sensación de falta de privacidad, fomentar la desconfianza y deteriorar el clima laboral.
Un tercer riesgo psicosocial implica la desconfianza hacia los sistemas opacos. Cuando los trabajadores no comprenden cómo los algoritmos toman decisiones que afectan a su rendimiento, sus horarios o su evaluación, surge la incertidumbre. La incorporación de la IA en los entornos laborales también introduce importantes riesgos éticos y legales, derivados de la forma en la que los algoritmos procesan la información y toman decisiones que afectan directamente a los trabajadores.
"A menudo la tecnología se implanta con prisas, pensando solo en eficiencia o control, y eso aumenta los riesgos. Vamos en la dirección correcta, pero aún queda recorrido: hace falta más cultura preventiva, más reflexión y más voluntad de poner a las personas en el centro de las decisiones tecnológicas", plantea Torrent, director del centro de investigación UOC-DIGIT.
Adaptar el marco regulatorio
Según la investigación, la rápida incorporación de la IA al mundo laboral ha superado, con frecuencia, la adaptación de los marcos regulatorios y éticos. Por eso, es necesario establecer sistemas sólidos de gobernanza de la IA que garanticen su uso responsable, transparente y centrado en el ser humano en la prevención de riesgos laborales.
"Existe un marco preventivo sólido que protege a las personas trabajadoras y que sigue siendo plenamente válido. El reto no es tanto crear leyes completamente nuevas, sino adaptar e interpretar ese marco para escenarios que antes no existían. La clave está en anticiparse, aplicar criterios preventivos desde el diseño de las tecnologías y no esperar a que el daño ya esté hecho", propone Baraza.
El siguiente paso de la investigación será analizar con mayor detalle cómo se está utilizando la inteligencia artificial en contextos laborales concretos y qué efectos reales tiene sobre la salud, la seguridad y la organización del trabajo.
"Nuestro objetivo es generar evidencia útil que ayude a las empresas, las instituciones y los responsables públicos a tomar mejores decisiones, para que la IA no sea solo una innovación tecnológica, sino una herramienta que contribuya de verdad a trabajos más seguros, más saludables y más humanos", concluye Torrent.
Este estudio se enmarca en las misiones de investigación de la UOC Transformación digital y sostenibilidad, Salud y bienestar planetario y Tecnología ética y humana. Además, este trabajo favorece los siguientes objetivos de desarrollo sostenible (ODS): el 3, salud y bienestar; el 8, trabajo decente y crecimiento económico, y el 9, industria, innovación e infraestructuras.