La reciente subida del índice STOXX Europe 600 Energy es, de hecho, más pronunciada que la observada en las primeras semanas de la guerra en Ucrania en 2022, a pesar de que el sector energético europeo también había subido considerablemente. Lo que está impulsando la reacción actual es la perspectiva de una interrupción prolongada en el estrecho de Ormuz, que en vísperas del conflicto era el punto de tránsito de casi el 20% de los flujos mundiales de petróleo y gas: una crisis de suministro de una magnitud excepcional.
En este contexto, el sólido rendimiento del sector energético nos parece plenamente justificado. Cuanto más se prolongue la crisis, más se retrasará la reactivación de las capacidades de producción, lo que provocará un déficit de oferta que se acumula semana tras semana. Incluso en caso de una resolución inmediata del conflicto, la vuelta a la normalidad llevaría varios meses, teniendo en cuenta los plazos logísticos necesarios para restablecer los flujos.
A más largo plazo, también es probable que este episodio acelere las iniciativas destinadas a reforzar la autonomía energética europea, en particular mediante el desarrollo de las capacidades nacionales y de las energías renovables.