No obstante, la actividad inmobiliaria se desacelera. Las compraventas de viviendas descendieron un 5,0% interanual, con 57.489 operaciones, y el total de transmisiones de fincas registradas cayó un 4,6% (191.315 fincas). La caída se concentra especialmente en la vivienda usada (−5,4%), que representa más del 75% del mercado.
“Estamos viendo un mercado más tensionado: hay crédito disponible, pero el acceso a la vivienda es cada vez más competitivo y costoso, lo que obliga a los compradores a ser más estratégicos y a dedicar más tiempo y esfuerzo para encontrar una propiedad que se ajuste a sus necesidades y posibilidades”, añade Decaux.
La preferencia por el tipo fijo (66,7% de las hipotecas) confirma que los compradores buscan estabilidad y planificación a largo plazo, mientras que el comportamiento financiero de los consumidores se vuelve más sofisticado: las novaciones cayeron un 29,2%, pero las subrogaciones aumentaron un 77,6%, indicando que los clientes comparan, negocian y se mueven activamente en busca de mejores condiciones.
El análisis territorial muestra una gran fragmentación del mercado. Algunas comunidades registran crecimientos notables en hipotecas, como Extremadura (+28,8%) y Navarra (+28,6%), y en compraventas, Navarra (+20,5%). Otras, como Madrid (−19,6%), Canarias (−21,9%) y Aragón (−20,9%), presentan descensos muy acusados.
“La evolución del mercado depende cada vez más de factores locales: disponibilidad de producto, presión de la demanda y dinámica económica de cada región”, concluye Decaux.
En conclusión, los datos de enero reflejan un mercado activo desde el lado financiero, pero limitado desde el lado inmobiliario. El principal reto no es el acceso al crédito, sino el acceso al producto. Sin un aumento sostenido de la oferta, ya sea a través de nueva construcción o rehabilitación de viviendas existentes, la tensión en precios y la dificultad de acceso seguirán marcando la evolución del mercado en los próximos trimestres.