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ESTUDIO DE FITSTORE

Menos torrijas y más caras: el truco que usan los supermercados para venderlas un 49,6% más caras

Menos torrijas y más caras: el truco que usan los supermercados para venderlas un 49,6% más caras

  • El cambio de packaging y la caída del gramaje esconden una subida del precio en uno de los productos más ligados a la tradición de la Cuaresma

martes 31 de marzo de 2026, 11:10h

Con la llegada de la Cuaresma, es el momento de un popular postre hecho con leche infusionada con canela, azúcar caramelizado y pan empapado: es la antesala de las torrijas, uno de los postres más arraigados de la tradición de Semana Santa. Este dulce de origen humilde, nacido como receta de aprovechamiento del pan duro, se convierte cada año en protagonista de hogares y supermercados, que comercializan pan específico para su preparación. Sin embargo, esta tradición gastronómica está adquiriendo una condición más “premium” y se ve afectada por una práctica cada vez más extendida en la industria alimentaria: la reduflación, es decir, vender menos producto por prácticamente el mismo precio.

Esta estrategia se agudiza con la tendencia actual hacia una subida directa de precios. Según se observa en lineales, en Mercadona el pan “original” de torrijas de 500 gramos ha pasado de costar 1,13€ en 2025 a 1,35€ en 2026, lo que supone un incremento del +19,4% interanual para un producto muy similar dentro de la misma categoría de pan de Semana Santa.

Sin embargo, también en los lineales de Mercadona, observamos otro truco en el nuevo pan especial para torrijas: la reduflación. A primera vista, el cambio parece mínimo: una nueva referencia de torrijas prácticamente idéntica dentro de la gama cuyo precio pasa del 1,13€ del producto habitual en 2025 a 1,15€ en 2026, apenas dos céntimos más por paquete. Sin embargo, el contenido del envase se ha reducido de forma considerable. Mientras el formato “original” incluía 500 gramos de producto, el nuevo paquete contiene 340 gramos, lo que supone una reducción del 32% en la cantidad.

Según un estudio de análisis de precios realizado por FITstore, esta modificación implica que el precio real del producto se ha incrementado un 49,6% en términos relativos, pese a que el consumidor pueda percibir que el coste prácticamente se mantiene. La clave está en el precio por kilo, que aumenta de forma significativa al reducirse el contenido del paquete.
“Este ejemplo muestra de forma muy clara cómo opera la reduflación: el consumidor ve un precio final casi idéntico y cree que apenas ha habido cambios, cuando en realidad se ha producido una reducción importante del contenido. Al bajar el gramaje, el precio efectivo por kilo aumenta de forma notable, aunque a primera vista pase desapercibido”, explica Luis Cañada, CEO de FITstore.
De acuerdo con el análisis de FITstore, el consumidor está pagando ahora mucho más por cada kilogramo de pan para torrijas, aunque el impacto pase desapercibido en la etiqueta del precio final. “La sensación inicial es que apenas hay variación en el precio, pero al revisar el gramaje y calcular el coste real por kilo queda claro que la subida ronda el 50%”, añade Cañada.

Las torrijas, históricamente vinculadas a la cocina de aprovechamiento de los días de abstinencia de carne durante la Cuaresma, han pasado en las últimas décadas de ser un postre casero para convertirse también en un producto ampliamente comercializado por supermercados y panaderías. Esa creciente demanda estacional ha generado toda una categoría de productos específicos, como panes especiales ya cortados para esta receta.

Un cambio de formato justo antes del momento de mayor consumo

La técnica de la reduflación no es un fenómeno desconocido en los supermercados. La polémica se agudizó en los meses previos a las pasadas Navidades cuando los lineales se llenaron de turrones Suchard con un precio disparado… y con menos cantidad por envase; lo que hizo que el consumo de este dulce navideño fuese más caro que nunca.
Otro de los elementos que destaca el estudio de FITstore es el rediseño del packaging del producto. El nuevo envase presenta una estética más moderna y llamativa, con una imagen renovada del pan para torrijas bajo la marca Hacendado.
“Normalmente no se recurre a un cambio drástico de packaging, sino a modificaciones sutiles y visualmente cuidadas que pueden pasar inadvertidas en una revisión rápida del producto. De ese modo, la atención del consumidor sigue puesta en la familiaridad del envase y no tanto en la cantidad real que contiene”, explica Cañada.
El momento elegido para esta reformulación tampoco es casual. El nuevo envase aparece en los lineales a pocas semanas del inicio del periodo fuerte y concentrado de consumo de torrijas, coincidiendo con la Cuaresma y la proximidad de la Semana Santa, cuando la demanda de este tipo de pan se dispara. Escoger así el momento permite introducir subidas de precio que pasan más desapercibidas.
El precio por kilo: la referencia que muchos consumidores ignoran
Ante este tipo de prácticas, los expertos insisten en la importancia de mirar más allá del precio final del producto. La información realmente útil para comparar productos es el precio por kilogramo, una referencia obligatoria en el etiquetado de los supermercados pero que muchos compradores pasan por alto.
El caso del pan para torrijas ilustra cómo un cambio aparentemente pequeño puede alterar de forma significativa el coste real de un producto. Como advierte el estudio de FITstore, en un contexto en el que la reduflación la aplican muchos gigantes de la alimentación en productos que van desde dulces navideños hasta productos básicos, leer bien las etiquetas se convierte en una herramienta clave para proteger el bolsillo del consumidor.

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