A estos datos se suma la evidencia sobre el impacto específico del diseño de las plataformas. Según el informe sobre el impacto de las redes sociales en menores publicado por la Comunidad de Madrid, hasta el 60% de los adolescentes pierde horas de sueño debido al uso de redes sociales, una situación asociada a mayores niveles de ansiedad y depresión. Estos efectos no son casuales, sino que están directamente relacionados con sistemas de recomendación y mecanismos de interacción diseñados para maximizar el tiempo de uso y la retención de la atención.
En la misma línea, según el informe ESTUDES sobre conductas adictivas en población adolescente publicado por la Generalitat de Catalunya, el 23% de los adolescentes presenta conductas de uso compulsivo de internet y un 15% está en riesgo de adicción a redes sociales. Este uso problemático no puede entenderse únicamente como una falta de autocontrol individual, sino como el resultado de plataformas diseñadas deliberadamente para generar hábito, mediante notificaciones constantes, recompensas variables y desplazamiento infinito de contenidos.
“Las redes sociales no son neutrales: están diseñadas para captar nuestra atención el máximo tiempo posible. Cuando hablamos de jóvenes, esto tiene consecuencias directas en su salud mental y en su capacidad de construir relaciones y autoestima en un entorno digital sano”, afirma Mercè Botella, psicóloga social y socia fundadora de la operadora de telefonía ética Somos Conexión. “No estamos ante un problema de uso, sino ante un problema de diseño: los algoritmos están optimizados para generar dependencia, no bienestar. Es imprescindible poner límites a los modelos de negocio basados en la vigilancia y que persiguen captar toda nuestra atención. Hay que promover alternativas tecnológicas que respeten a las personas”.
La dependencia digital no puede entenderse únicamente como una cuestión individual, sino como el resultado de arquitecturas tecnológicas diseñadas para maximizar la permanencia y la interacción. En este sentido, Somos Conexión insiste en que el debate público debe centrarse en la responsabilidad de las plataformas y no únicamente en los hábitos de la juventud y en el trabajo de las familias. Por ello, la entidad reclama medidas que incluyan mayor regulación de los algoritmos, transparencia en el diseño de las plataformas y el impulso de modelos digitales éticos y neutrales centrados en el bienestar.
“Es sumamente importante avanzar hacia un ecosistema digital que sitúe la salud mental y los derechos de la juventud en particular y de la sociedad en general en el centro, promoviendo una relación más consciente, crítica y equilibrada con la tecnología”, concluye Botella.