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El Inmobiliario ante el espejo: ¿Por qué los "Capitanes" del Ladrillo" ya no tiemblan ante la guerra?

El Inmobiliario ante el espejo: ¿Por qué los 'Capitanes' del Ladrillo' ya no tiemblan ante la guerra?
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· A veces parece que el mundo se está desmoronando, pero si entras en los despachos de las grandes torres de cristal, la melodía que suena es otra

By Angel Manuel Gómez
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angelbereales/5/5/12
https://www.bereal.es/

Es una sensación extraña, casi contraintuitiva. Mientras los informativos nos bombardean con el eco de los tambores de guerra en Oriente Medio, esta vez con el pulso entre Irán e Israel en el centro de la diana, y la incertidumbre geopolítica se vuelve el pan de cada día, los líderes de las grandes inmobiliarias españolas han decidido que 2026 no solo será un año bueno, sino que será incluso mejor que el anterior.

¿Es una desconexión total de la realidad o es que el sector ha aprendido a bailar bajo la lluvia de misiles? Lo cierto es que Ismael Clemente (Merlin Properties), Pere Viñolas (Colonial) y Miguel Pereda (Grupo Lar) coinciden en un diagnóstico que suena a resiliencia, pero que también esconde una fría lectura de los números.

De la tragedia al hábito: Gestionar el "Fin del Mundo"

La verdad es que nos hemos acostumbrado a lo extraordinario. Como bien decía Viñolas hace apenas unas horas, llevamos un lustro en el que, año tras año, aparece un evento que "básicamente va a acabar con el mundo". Primero fue una pandemia, luego una guerra en el corazón de Europa, después la crisis energética y ahora la escalada en Irán. Y aquí estamos. El sector parece haber desarrollado una especie de callo emocional: la tragedia se ha vuelto parte de la gestión diaria.

Pero no se trata solo de aguantar el tipo. Hay datos que sustentan este optimismo que, a primera vista, resulta casi insolente. La inversión inmobiliaria en España no solo no se ha frenado, sino que ha arrancado 2026 batiendo récords. Solo en el primer trimestre, el volumen de transacciones se disparó hasta los 5.482 millones de euros, un 105% más que el año pasado. Es una cifra mareante que nos dice una cosa clara: el capital tiene miedo a la inflación y a la volatilidad bursátil, y por eso busca refugio en lo que puede tocar, en el ladrillo de toda la vida.

Los "fundamentales": El as bajo la manga

¿En qué se apoyan para decir que 2026 será el año de la consolidación? Básicamente, en tres pilares que aguantan el edificio mientras fuera sopla el viento:

- Los tipos de interés: tras el calvario de las subidas, el BCE ha empezado a dar aire. Con un Euríbor que se estabiliza en torno al 2,5%, el acceso al crédito vuelve a ser humano. Esto ha permitido que en 2025 se firmaran más de 000 hipotecas, y la inercia para este año es seguir esa senda.
- La resistencia del inquilino: clemente lo explica con una sencillez casi quirúrgica: el inquilino aguanta bien las subidas de renta. Los problemas serios solo aparecen cuando los incrementos llegan a los dos dígitos. Mientras tanto, el flujo de caja de las socimis sigue siendo un reloj suizo.
- La escasez de oferta: es la ley más vieja del mundo. No hay casas suficientes para tanta demanda. En 2025 cerramos con el metro cuadrado más caro de la historia (230 €/m² de media), superando incluso los picos de la burbuja de 2008.

Las víctimas colaterales: El coste humano del optimismo

Sin embargo, este optimismo de los grandes propietarios tiene una cara B que no sale en los folletos de inversión. Para los líderes del sector, un mercado "dinámico" con precios al alza es sinónimo de salud. Para el ciudadano de a pie, es una barrera cada vez más alta.

Se estima que la "tasa de esfuerzo" para pagar una vivienda sigue bordeando niveles críticos para los jóvenes. Aunque el sector celebra la rentabilidad, la realidad es que más de un millón de metros cuadrados de oficinas se han transformado en viviendas en el último año para intentar paliar la sed de oferta, y aun así, los precios siguen escalando un 9% en ciudades como Bilbao o Madrid. La consecuencia es clara: el "buen año" de las inmobiliarias se construye sobre una escasez que empuja a miles de familias hacia un mercado de alquiler cada vez más tensionado y agresivo.

¿Espejismo o solidez?

La gran pregunta que queda en el aire es si este muro de optimismo es lo suficientemente sólido para resistir un conflicto a gran escala que dispare el petróleo o bloquee las rutas comerciales. Por ahora, las grandes socimis juegan al ajedrez con escenarios alternativos. Saben que no son inmunes, pero confían en que España se ha convertido en un "puerto seguro" para el dinero que huye de otros lugares más expuestos.

En definitiva, 2026 se perfila como un año de paradojas. Los directivos sonríen porque los fundamentales son rocosos y el dinero fluye. Pero esa sonrisa convive con un mapa geopolítico en llamas y una sociedad que mira con vértigo cómo el precio del techo que los cobija se aleja cada vez más de sus salarios. Al final, parece que el ladrillo no teme a la guerra; quizás porque, en tiempos de caos, la seguridad de una propiedad es el único lujo que nadie quiere soltar.

¿Será realmente mejor este año? Para los balances de Merlin y Colonial, todo apunta a que sí. Para el bolsillo del ciudadano medio, la victoria será, simplemente, no perder más terreno.

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