El aumento no responde a una mayor frecuencia de consumo, sino al encarecimiento generalizado de los bienes y servicios. En un contexto marcado por el incremento del coste de vida, mantener los planes habituales de ocio y restauración, que forman parte de la cultura y vida social de muchos consumidores españoles, exige destinar una parte mayor del presupuesto mensual.
En este sentido, el estudio de Plazo apunta a una tendencia marcada por el equilibrio entre disfrute y control del gasto. Los consumidores mantienen sus hábitos de ocio y vida social, pero el encarecimiento de los planes fuera de casa les obliga a prestar más atención al presupuesto que destinan a restauración, cultura y salidas. El ocio no desaparece, pero se gestiona con mayor cautela.
El buen tiempo eleva el gasto fuera de casa
El estudio de Plazo revela, a su vez, que el 63% de los consumidores sale más y gasta más cuando llega el buen tiempo. El 37% restante mantiene un nivel de gasto similar con independencia de la época del año.
Este comportamiento confirma el peso del factor estacional en el consumo de ocio y restauración. Los meses de mejor clima favorecen los planes fuera de casa y aumentan el gasto asociado a actividades que, para muchos, forman parte de su rutina social.
Comer y cenar fuera, lo más caro
La restauración mantiene un peso relevante dentro del gasto en ocio. El 46% de los consumidores destina menos de 100€ al mes a salir a comer o cenar fuera, mientras que el 26% reserva entre 100 y 200€ mensuales. Otro 19% dedica entre 200 y 300€ a esta partida y el 9% supera los 300€ al mes.
La comida a domicilio, una opción puntual
La comida a domicilio ocupa su espacio dentro de los hábitos de consumo, aunque no sustituye a la restauración tradicional. El 41% de los consumidores afirma que nunca pide comida a domicilio, mientras que el 31% lo hace una o dos veces al mes. El ticket medio por pedido también refleja un gasto contenido. El 61% de los consumidores paga entre 5 y 20€, mientras que una proporción menor de usuarios está dispuesta a abonar importes superiores. El estudio indica que el delivery sigue teniendo un uso más ocasional que recurrente.
Las salidas informales mantienen su peso
Los planes más informales siguen ocupando un lugar destacado en la vida social. El aperitivo de fin de semana se mantiene como una de las opciones más habituales y concentra un gasto moderado: el 54% de los consumidores destina entre 10 y 20€ cuando queda para tomar el aperitivo.
Las quedadas de tarde presentan un patrón similar, aunque representan un gasto superior. El tramo más habitual se sitúa entre los 15 y los 20€. El estudio de Plazo evidencia la importancia de este tipo de consumo cotidiano, menos asociado a grandes desembolsos que una cena o una salida nocturna, pero relevante por su frecuencia y su papel en la vida social de muchos consumidores.
Las salidas nocturnas elevan el desembolso
Las noches de fiesta implican un gasto más elevado que otros planes de ocio. El 36% supera los 60€ cuando sale de fiesta, mientras que el 34% se sitúa entre los 40 y los 60€. En cambio, un 30% de los consumidores gasta menos de 40€ en una noche de ocio nocturno.
Este mayor desembolso se explica por la acumulación de gastos asociados a este tipo de planes, especialmente cuando se añaden transporte, cena o consumiciones. Por este motivo, el ocio nocturno se sitúa entre las actividades con mayor capacidad para tensionar el presupuesto destinado al tiempo libre.
El ocio cultural resiste con importes más moderados
El ocio cultural mantiene su presencia en el presupuesto mensual, aunque con importes más contenidos. El 47% de los consumidores gasta entre 5 y 20€ al mes en actividades culturales, mientras que el 17% se sitúa entre los 20 y los 40 € y el 12% entre los 40 y los 50€. La mayor parte del gasto cultural se concentra, por tanto, en importes inferiores a 50€ mensuales. El cine continúa siendo la actividad cultural más extendida entre los consumidores, por delante de los conciertos, el teatro o las exposiciones.
Recortes en ocio y restauración
A pesar de la importancia del ocio y la restauración para la vida social de muchos consumidores, son la primera partida que los consumidores reducen cuando necesitan controlar sus gastos. El 41% afirma que recorta antes en esta categoría si tiene que apretarse el cinturón. Por detrás se sitúan la ropa, con un 24%; los viajes, con un 22%; y otros conceptos, con un 13%.
Entre quienes se ven obligados a reducir su gasto, un 67% lo atribuye a un deterioro de su situación económica. En el caso de una proporción reducida, estos recortes se deben a cambios en su situación personal, como haber tenido hijos, la jubilación o la pérdida de empleo.