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ESTUDIO DE INVESCO

Los inversores soberanos priorizan la innovación y la diversificación ante la creciente incertidumbre

Los inversores soberanos priorizan la innovación y la diversificación ante la creciente incertidumbre
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  • Infraestructura ha sido el activo alternativo de mayor crecimiento en los últimos cinco años para los fondos soberanos

lunes 29 de junio de 2026, 11:58h

Invesco, uno de los principales gestores globales de activos del mundo, ha publicado su decimocuarto estudio anual sobre la gestión de activos soberanos a nivel global (IGSAMS), que revela que los inversores soberanos -que gestionan aproximadamente 29 billones de dólares- están llevando a cabo una amplia revisión de la construcción de carteras. Los resultados ponen de manifiesto un cambio fundamental en la forma en que tanto los bancos centrales como los fondos soberanos equilibran la resiliencia, la rentabilidad y la diversificación en un entorno de inversión cada vez más complejo.

El estudio, en el que participaron 144 instituciones, formado por 90 fondos soberanos y 54 bancos centrales, subraya las opiniones de los inversores soberanos en un contexto geopolítico que está reconfigurando la inversión soberana a un ritmo sin precedentes. Desde las tensiones entre Estados Unidos y Europa por Groenlandia hasta el conflicto en Ucrania y la renovada inestabilidad en Oriente Medio, los inversores soberanos se enfrentan a una compleja red de riesgos que afecta directamente a la seguridad energética, las rutas comerciales y las cadenas de suministro. Estos factores están impulsando una revisión profunda de la construcción de carteras, con especial énfasis en la resiliencia y la diversificación.

Resiliencia y rentabilidad van de la mano

La resiliencia ha dejado de ser un resultado secundario de la diversificación para convertirse en un objetivo deliberado de la construcción de carteras. El 71% de los bancos centrales y el 54% de los fondos soberanos coinciden en que las consideraciones de resiliencia están adquiriendo tanta importancia como la rentabilidad en el diseño de carteras. A medida que los shocks geopolíticos y las correlaciones cambiantes desafían los marcos consolidados, los inversores soberanos están rediseñando sus carteras para resistir un espectro más amplio de escenarios.

La resiliencia se refleja cada vez más en la forma en que se supervisan las carteras, con el análisis de concentración y las pruebas de escenario en el núcleo de los marcos de evaluación. El 82% de los bancos centrales realiza seguimiento de la concentración de riesgo y el 76% utiliza análisis de escenarios; entre los fondos soberanos, estas cifras se sitúan en el 65% y el 62%, respectivamente.

El capital se dirige de forma creciente hacia activos que combinan características de resiliencia y rentabilidad. La seguridad energética y la infraestructura de transición energética son percibidas como el tema de resiliencia más relevante por el 80% de los inversores soberanos, respaldadas por el desarrollo de la IA, que está generando un incremento significativo en la demanda de infraestructura de energía y centros de datos.

La agenda de resiliencia se extiende también más allá de la propia cartera. Varias instituciones han descrito revisiones de su dependencia de bancos custodios, entidades financieras y sistemas de compensación con sede en Estados Unidos, y algunas ya han establecido espacios alternativos. Hace cinco años, el lugar donde se custodiaban los activos raramente se planteaba como una consideración estratégica. En 2026, está firmemente en la agenda por el aumento del riesgo geopolítico

Benjamin Jones, responsable global de análisis en Invesco, ha manifestado: "El gran cambio que observamos entre los inversores soberanos es que la resiliencia se está convirtiendo en un requisito indispensable. En un mundo de shocks inflacionarios, fragmentación geopolítica y mercados más concentrados, los inversores están replanteando viejos supuestos sobre la diversificación y rediseñando carteras para resistir un abanico más amplio de resultados. La liquidez, la gobernanza, las pruebas de escenario y el acceso operativo a los activos están ahora en primer plano. Estos inversores no tratan de anticipar el próximo shock ni de abandonar la inversión a largo plazo. Buscan hacer esa inversión a largo plazo más duradera construyendo carteras que puedan mantenerse en un mayor número de escenarios, en un mundo en el que la confianza y la estabilidad no pueden darse por sentadas”.

La inversión a largo plazo en un entorno menos favorable

La inversión a largo plazo adquiere mayor valor en un contexto de mayor incertidumbre, pero resulta más difícil de mantener en la práctica. El 39% de los fondos soberanos constata que su horizonte de inversión real no alcanza al declarado, siendo los soberanos de inversión y de pasivo los que presentan la mayor divergencia. La capacidad de capturar primas de iliquidez y fuentes de rentabilidad a largo plazo depende de desplegar capital con la paciencia que las instituciones dicen tener, algo que no todas están logrando en la práctica.

Las restricciones varían según el tipo de institución. Para los bancos centrales, las necesidades de liquidez y las demandas de capital imprevistas son el factor más frecuentemente citado, mencionado por el 61%, especialmente entre las instituciones de mercados emergentes que afrontan presiones de defensa de divisas. Para los fondos soberanos, la sensibilidad a la volatilidad y las caídas, así como las expectativas de los consejos de administración o partes interesadas, son las principales limitaciones, cada una citada por el 37%.

El capital está respondiendo a este entorno rotando desde la renta variable cotizada concentrada. Entre los fondos soberanos, el 65% identifica los mercados privados como un motor clave de rentabilidad, y las intenciones netas de asignación señalan a la infraestructura y el crédito privado como los principales beneficiarios.

La infraestructura alcanzó el 9% del total de activos de los fondos soberanos en 2026, frente al 4,9% en 2022, convirtiéndose en la clase de activo alternativo de mayor crecimiento en el período de cinco años. Por regiones, los programas de infraestructura están siendo impulsados por la descarbonización, las energías renovables, la infraestructura digital y los centros de datos, todos ellos considerados como contribuyentes tanto a la productividad como al desarrollo económico a largo plazo.

El papel creciente de los ETF

Por otra parte, los activos globales en ETF alcanzaron aproximadamente los 19,5 billones de dólares a finales de 2025, con un crecimiento de alrededor del 15% anual en las dos últimas décadas. El mercado se ha expandido mucho más allá de la renta variable pasiva para incluir estrategias de renta fija, activas y temáticas.

A su vez, la demanda institucional de flexibilidad, liquidez y eficiencia en la implementación ha impulsado este crecimiento. Si bien los bancos centrales y los fondos soberanos han favorecido históricamente estructuras directas y a medida, la adopción se está acelerando y ha alcanzado ya un umbral significativo, con el 39% de los encuestados utilizando ETF.

La adopción varía de forma notable según el tipo de institución. El 58% de los soberanos de inversión y el 53% de los soberanos de pasivo utilizan ETF, frente al 31% de los bancos centrales, mientras que los soberanos de desarrollo son los más selectivos, con un 24%, lo que refleja mandatos que favorecen las participaciones directas, las posiciones estratégicas y la propiedad activa frente a los vehículos cotizados.

Para los bancos centrales, el ETF ofrece acceso a exposiciones que de otro modo requerirían más recursos internos, mayor infraestructura de gestión o mayor complejidad operativa. El 67% de los bancos centrales los utiliza principalmente para exposición estratégica, mientras que los fondos soberanos los emplean para asignación táctica de activos (64%) y gestión de liquidez (52%). La facilidad de uso es el principal motivo para los bancos centrales, citado por el 82%, mientras que los fondos soberanos priorizan la transparencia y la liquidez.

Los ETF de renta variable pasiva y de renta fija pasiva son con diferencia las modalidades predominantes en ambos grupos, mientras que los ETF temáticos ganan terreno, especialmente entre los fondos soberanos. Los ETF de materias primas cumplen una función específica para los bancos centrales: exposición eficiente al oro sin los requerimientos operativos del metal físico. Sin embargo, los ETF activos se encuentran aún en una fase incipiente de adopción, con la mayoría de los encuestados sin haberlos implementado todavía. Entre los fondos soberanos, el 7% ya asigna a ellos, pero un 26% adicional está considerando hacerlo.

Josette Risk, responsable de Oriente Medio y África en Invesco, señaló: "Estamos viendo cómo los ETF asumen un papel más amplio y mejor definido en las carteras soberanas. Los bancos centrales se centran en el acceso eficiente a nuevas clases de activos, mientras que los fondos soberanos los utilizan para la flexibilidad táctica y la exposición selectiva. La adopción sigue siendo selectiva, especialmente en estrategias activas y ESG, pero la dirección es clara: los ETF están evolucionando de herramientas de implementación a componentes más integrados de la construcción de carteras."

La IA: oportunidad de inversión y herramienta operativa

La inteligencia artificial ocupa el centro de una tensión creciente para los inversores soberanos. La convicción sobre su importancia estructural es elevada: el 77% la considera una tecnología transformadora con importantes implicaciones de crecimiento durante varias décadas, y solo el 2% cuestiona su impacto económico. Sin embargo, traducir esa convicción en una exposición limpia en cartera está resultando más complejo.

A medida que la oportunidad se expande más allá del software hacia la infraestructura física, los sistemas energéticos y la capacidad industrial nacional, el 52% de los fondos soberanos cita la concentración de mercado como el principal riesgo en cartera de las inversiones vinculadas a la IA, lo que refleja la dificultad de obtener exposición sin depender en exceso de un grupo reducido de grandes empresas tecnológicas.

La infraestructura y la habilitación de la productividad son las vías de inversión preferidas, ambas citadas por el 69% de los fondos soberanos como los temas a largo plazo más atractivos. El suministro energético se identifica cada vez más como la restricción determinante en la próxima fase de expansión de la infraestructura de IA, lo que convierte la geografía y el ritmo de esa expansión tanto en una cuestión energética como tecnológica.

Internamente, el despliegue de IA se está expandiendo con rapidez. El 69% de los inversores soberanos utiliza IA en su proceso de inversión, frente al 33% en 2024. El uso más habitual es la investigación y síntesis de información, aunque también se emplea con frecuencia para mejorar la eficiencia operativa y como apoyo a la generación de ideas y la toma de decisiones. El avance está siendo condicionado tanto por los requisitos de seguridad y confidencialidad de los datos como por la capacidad tecnológica, con instituciones que construyen entornos aislados para habilitar el despliegue sin exponer datos sensibles al exterior.

Los bancos centrales y la búsqueda de diversificación

Ya por último, los bancos centrales están experimentando un cambio estructural en la gestión de reservas, impulsado por la inflación, la fragmentación geopolítica y la evolución de las condiciones de mercado. La renta variable, la deuda corporativa y los valores ligados a la inflación están atrayendo intenciones de asignación positivas, a medida que los bancos centrales buscan ir más allá de la renta fija tradicional, pese a los obstáculos de gobernanza y legislativos que muchos afrontan.

Las preocupaciones en torno al dólar estadounidense se están intensificando: el 61% de los bancos centrales coincide en que los niveles de deuda de EE. UU. están afectando negativamente a la posición del dólar como activo de reserva a largo plazo, frente al 20% en 2024. La diversificación fuera del dólar es real, pero está limitada por la ausencia de una alternativa creíble a gran escala, lo que hace que el cambio sea gradual.

El oro es uno de los beneficiarios de este desplazamiento y sigue siendo un pilar de la estrategia de reservas de los bancos centrales. Más de un tercio de los bancos centrales prevé aumentar sus asignaciones en los próximos tres años. La protección contra la inflación ha emergido como un factor determinante, citado por el 72% de los encuestados en 2026 frente al 35% en 2025, junto al papel consolidado del oro como cobertura geopolítica.

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