Durante décadas hemos defendido un modelo profesional basado en la independencia, la libre competencia, la formación continua y el estricto cumplimiento de la normativa que regula nuestra actividad. Estos principios han sido, son y seguirán siendo irrenunciables.
Confiamos plenamente en el trabajo de las autoridades competentes y respetamos la presunción de inocencia de las entidades que puedan verse afectadas por cualquier investigación en curso. No obstante, aprovechamos esta circunstancia para recordar que la confianza de consumidores, entidades financieras e instituciones se construye desde la integridad, la profesionalidad y el respeto a las reglas del mercado.
En AIF seguiremos trabajando para dignificar la profesión, representar a los intermediarios que ejercen su actividad con responsabilidad y promover las mejores prácticas que fortalezcan el prestigio de nuestro colectivo.
La ética profesional no es una opción; es el principal activo de una profesión que aspira a generar confianza cada día.
Setenta y cinco años de historia nos obligan a ser especialmente exigentes con nosotros mismos. Porque representar a una profesión también significa defender su prestigio.