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7ª ECONOMÍA DEL MERCADO LATINOAMERICANO

Perú, tierra de promisión para las inversiones españolas

Perú, tierra de promisión para las inversiones españolas
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· Por Rudolf Helmbrecht, consultor

By Rudolf Helmbrecht (Corresponsalía en Barcelona)
sábado 09 de abril de 2016, 09:03h
Mi última estancia en Perú se prolongó por un periodo de medio año y fue como responsable del proceso de implantación de la filial local de un grupo empresarial español. Paulatinamente me fue cautivando la belleza del país y el trato que me dispensaron sus gentes. Ellos cuidan y tratan muy bien a turistas y visitantes ocasionales. Si uno acude a un Chifa (fusión de cocina china y peruana) o bien a restaurantes de menú autóctono, comprobará que se puede comer de maravilla por pocos soles (moneda peruana) y disfrutar de una calidad culinaria digna del célebre chef limeño Gastón Acurio, cuyo exquisito cebiche se sirve en el restaurante La Mar.




Aparte de una gran variedad de verduras y pescados, existe una amplia gama de deliciosos platos de carne como el anticucho (corazón de vaca) que sirven en La Tía Grimanesa o el cuy peruano (cobayo) asado, que ofrecen en el restaurante Santa Catalina. Todos ellos son platos que los peruanos saben cocinar de un modo exquisito, motivo de un justificado orgullo gastronómico patrio.

Aprovecho estas líneas para comentar que la ciudad de Lima es la sede permanente de la mayor feria gastronómica anual de Latinoamérica: la muestra internacional conocida como Mistura. A mi regreso a España y analizando la evolución socioeconómica de Perú, les confieso que encontré claros puntos de conexión entre la calidad de las atenciones que recibí, la creciente prosperidad que disfruta el país andino y el trato acogedor que reciben diariamente las 400 empresas españolas que operan allí.

En líneas generales, puedo afirmar, con conocimiento de causa, que Perú es un país muy seguro y fiable para el inversor español. Las reformas puestas en marcha por el Ejecutivo del Presidente Ollanta Humala, el desarrollo de infraestructuras y servicios, la seguridad jurídica, la flexibilidad fiscal y su situación estratégica como eje para las relaciones comerciales entre Latinoamérica, Europa, y Asia Oriental lo han convertido en uno de los destinos más atractivos para acoger la inversión de las empresas españolas.

Cuando uno afronta la tarea de hablar del país andino, no debe olvidar que se trata del tercer productor mundial de cobre y plata, del sexto en producción de oro y del segundo productor de espárragos del mundo. Según cifras del Banco Mundial, Perú tiene hoy un Producto Interior Bruto (PIB) de algo más de 11.400 millones de dólares.

Dicho lo anterior, si tuviese que señalar para nuestros lectores la clave de la exitosa pujanza económica de Perú, apuntaría directamente a la Ley de Responsabilidad Fiscal. Desde su entrada en vigor, no sólo ha contribuido a implementar reformas sino también a buscar y mantener una estabilidad macroeconómica que certifica que Perú ha pasado de vivir sumido en una inestabilidad casi endémica a convertirse en uno de los motores de desarrollo socioeconómico más estables, prósperos y dinámicos de la América de habla hispana.

Atrás quedan unos años 80 de muy triste recuerdo y cuya tarjeta de visita se plasmó en etapas de hiperinflación, con un índice de pobreza que superaba el 59% y una merma constante en el poder adquisitivo de la población peruana. En la década de los 90 empezaron las reformas y, tras 10 años de férrea disciplina fiscal y estabilidad macroeconómica, la economía empezó a presentar síntomas de buena salud y a dar los frutos esperados. Los sucesivos Gobiernos entendieron que era imprescindible acometer reformas profundas (tanto en materia monetaria como fiscal) para revertir la situación y sentar las bases del crecimiento. Entre los años 2002 y 2012, Perú mantuvo un crecimiento económico del 6,5% anual y pasó de tener una inflación de 7.550% en 1990, al 2,5% en 2015. La buena gestión de la economía conllevó un reparto más equitativo de la renta que tuvo su impacto positivo en la población, ya que en 10 años el número de habitantes en situación de pobreza se redujo a la mitad. Datos oficiales fechados en 2004 señalan que el 59% de los peruanos vivía entonces por debajo del umbral de pobreza, mientras que en 2014 esta cifra bajó al 26%. Esto significa que 15 millones de peruanos pasaron a engrosar las filas de la clase media, que ahora constituye la mitad de la población del país.

Como señaló en su día el prestigioso economista Hugo Perea, “Tener baja inflación y cuentas fiscales saludables reduce incertidumbres. En un contexto en que la incertidumbre es menor, la inversión privada se vuelve dinámica”. Desde 2006, la Ley de Responsabilidad y Transparencia Fiscal establece límites al Gobierno peruano en materia de política fiscal, de tal modo que el déficit no puede superar el 1% del Producto Interior Bruto (PIB) y en los periodos en que se generen excedentes, estos han de ser depositados en una cuenta intangible en el Banco Central de Reserva del Perú para así aumentar las reservas del país.

En la actualidad, España ocupa la primera posición como inversor en Perú con una cifra estimada en 4.405 millones de dólares en inversión extranjera directa, seguida en el ranking por el Reino Unido y Estados Unidos de América. El grueso de las inversiones se localiza fundamentalmente en los sectores de energía, finanzas, telecomunicaciones, construcción y tratamiento de aguas. También destacan las inversiones realizadas en las áreas de actividad relacionadas con las áreas de hostelería, seguros, comercio, servicios y transporte aéreo (de pasajeros y mercancías).

Hoy día, Perú es la consolidada 7ª economía del mercado latinoamericano. Es un destino que no tengo la menor duda en calificar de excelente para la inversión por su plena seguridad jurídica, su solidez macroeconómica, su búsqueda del crecimiento dentro de los parámetros del desarrollo sostenible y por la multiplicidad y valor de las oportunidades que ofrece a las empresas españolas. En suma, la nación andina es un caso clásico de merecido éxito colectivo que aspira a ser beneficiario permanente de un paulatino y constante incremento de la inversión empresarial española apuntando, tal y como señaló en su célebre frase el aviador peruano Jorge Chávez, “arriba, siempre arriba hasta las estrellas”.
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