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LA MITAD DEL SALARIO, PARA EL ESTADO

Renta 2015: cómo nos afecta el fraude fiscal

· Juan Ramón Sánchez Carballido

lunes 20 de junio de 2016, 11:18h
Renta 2015: cómo nos afecta el fraude fiscal
Hay un sector en España absolutamente ajeno a los efectos de la crisis económica. Es el de la política fiscal. Así parece atestiguarlo la cifra record de recaudación en IRPF de 2014, 72.662 millones de euros, que ha superado el hito histórico de 2007 y sus 72.614 millones de euros. Tampoco los ingresos en concepto de IVA se ha resentido en nada del estado terminal de nuestra economía ya que, en 2014, también se alcanzaron, las cifras más elevadas de toda la serie histórica en este capítulo, con sus 56.174 millones de euros de recaudación. Si introducimos una tercera variable que suponen los impuestos especiales (tabaco, alcohol, hidrocarburos…) el escenario está completo y muestra que más del 84% de la estructura impositiva de España recae sobre el ciudadano de a pie.


Ochenta-y-cuatro-por-ciento: una cifra a retener. En términos más gráficos, cada contribuyente dedica la mitad de su salario anual a satisfacer las necesidades económicas del Estado. Si dividimos el año en dos tramos, resulta que cada ciudadano con el raro privilegio de disfrutar de un puesto de trabajo dedica a pagar sus impuestos la totalidad de lo ganado entre el 1 de enero el 30 de junio de cada año. Según el calendario, en el momento en que usted lea estas líneas aún no habrá podido disponer de un solo euro de lo que lleva ganado en 2016. Unas ratios tan escandalosas que hacen buena la frase atribuida a Ronald Reagan: un contribuyente es un individuo que trabaja para el Estado sin haber adquirido la condición de funcionario público.

En este entable algunos partidos políticos todavía creen encontrar margen para subir los impuestos. No parece preocuparles la posibilidad de un estallido social, tal como incluso empiezan a advertir los domesticados sindicatos del Sistema. Pero tampoco sus antagonistas del espectro electoral, los partidarios de la bajada, demuestran una gran convicción en sus intervenciones televisivas ni en sus programas electorales. Se supone que el diferencial de la rebaja es tan exiguo que desaconseja utilizar el argumento como palanca electoral principal, dado el volumen de pérdida de apoyo del partido en el Gobierno (en funciones) tras el incumplimiento de sus promesas en esta materia sensible. En cualquier caso, un punto arriba o un punto abajo en la presión no tendrá un efecto suficiente para compensar el terrible desequilibrio impositivo al que nos hallamos expuestos.

Mientras tanto, los profesionales asociados al Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda (GESTHA) llevan advirtiendo, desde finales de 2011, de que el 72% del fraude fiscal en España corresponde a las grandes empresas y las grandes fortunas. En efecto, nuestro índice de fraude fiscal del 23% se situaba en esas fechas diez puntos por encima de la media europea, unos 38.000 millones de euros al año. Estas magnitudes son muy fáciles de visualizar si decimos, por ejemplo, que de haber evitado el fraude fiscal en 2014 -estimado en 90.000 millones de euros- los ciudadanos de a pie no tendrían que haber pagado NADA, ni un solo euro, en su declaración de la renta de ese año. En efecto, como esa recaudación ascendió hasta 72.662 millones, aún habría quedado un remanente de 17.000 millones de euros para tapar agujeros o amortizar deuda, que esa es otra. Sencillamente: un escándalo monumental.

En 2016 la situación parece muy lejos de haber mejorado. Según esta misma asociación de Técnicos de Hacienda cada español paga entre 800 y 1.000 euros adicionales en sus impuestos para enjuagar el fraude fiscal cometido por otros. Hay familias enteras que sobreviven con menos de esa cantidad de ingresos al mes.

¿Nada que hacer? Parece que no, al menos a tenor de los discursos y los programas políticos del “punto arriba-punto abajo”, temerosos todos ellos de afrontar el problema de fondo (84%, ¿recuerdan?). Sin embargo, en países geográficamente muy cercanos se ha demostrado que una política de control fiscal exhaustiva sobre las grandes empresas consigue incrementar los ingresos fiscales entre un 30% y un 50% con la implantación de sistemas de control y mejora.

Como tantas veces, es la falta de ambición y de visión política lo que cierra el paso a medidas tan imaginativas como efectivas. Un posible argumento para amenizar el tedio de la próxima jornada de reflexión.

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