www.elmundofinanciero.com

¿ES POSIBLE CRECER EN PEQUEÑOS ECOSISTEMAS ECONÓMICOS?

Economía colaborativa: la visión del ingeniero

Economía colaborativa: la visión del ingeniero
Ampliar

· Por Juan Ramón Sánchez Carballido

lunes 11 de julio de 2016, 08:57h
La mentalidad económica capitalista se encuentra firmemente asentada en nuestro deseo de acumular objetos, en nuestra tendencia inmoderada a la posesión de todo tipo de cosas, sean superfluas o no. Hay toda una rama del conocimiento, el marketing, especializada en despertar ese instinto y en satisfacerlo de manera compulsiva. Como resultado de su eficacia los hogares se llenan de cachivaches inútiles y el trastero se hace un aditamento irrenunciable de cualquier vivienda moderna. En este contexto surge con fuerza el fenómeno de la Economía Colaborativa que inicialmente, fuerza es confesarlo, sonaba un poco a aquella retrovisión idealista de Marx sobre el comunismo primitivo. Por supuesto, y como corresponde a toda actividad económica, nos seguimos moviendo aquí dentro de las coordenadas del intercambio de bienes y servicios.


Pero, como novedad, se introducen dos variables con suficiente potencial teórico como para auspiciar un completo cambio de paradigma: que lo puesto a disposición del otro es aquello que, de alguna manera, “nos sobra”; y que la transacción procura evitar en la medida de lo posible los términos estrictamente dinerarios de ganancia neta.

Este carácter revolucionario ya no resulta tan evidente ni a sus críticos ni a los profesionales del escepticismo, que se aferran a unos rasgos que delatan su genealogía claramente coyuntural. Es erróneo afirmar que, de la noche a la mañana, los agentes económicos hayan preferido trocar en lugar de comprar, compartir en lugar de consumir. La cuestión es muy otra. Todo se reduce a que el calado y la perseverancia de la crisis económica actual han promovido fórmulas de consumo alternativas. Solución: inyéctese liquidez en los bolsillos de la economía tradicional y disuélvanse las veleidades pseudo-anarquistas de estos visionarios de la colaboración.

¿Coyuntural? Tal vez hayamos pasado con demasiada alegría sobre ese concepto, obligándonos a una relectura. Ciertamente, los primeros desarrollos de la Economía Colaborativa presentaban un alcance muy limitado y un perímetro de influencia marcadamente local. Pero ese entable ya no está vigente.

Por lo que respecta al alcance, la Economía Colaborativa dejó de ser tan sólo consumo colaborativo. Quedaron atrás los tiempos en que se reducía a compartir coche para ir al trabajo o a ofrecer clases particulares a cambio de que te cuidaran al gato durante los fines de semana. Ahora es también producción colaborativa (movimiento Do-It-Yourself), finanzas colaborativas, movimientos de crowfunding y modelos de conocimiento abierto (MOOC).

En lo relativo a su carácter local, no es difícil asociar estas prácticas a los pequeños ecosistemas económicos de las tribus y comunidades indígenas, las comunidades de neo-hippies o al ingenio de los argentinos durante su afamado corralito, donde la indisposición de efectivo obligó a idear –tal vez a recordar- otras formas de intercambio. Hoy, la pujanza de las nuevas tecnologías ha permitido que la colaboración se propague a escala global. Cualquier demanda de producción o de consumo tiene su oferta idónea en alguna parte del planeta. Sólo hay que encender el ordenador y comenzar a navegar en la Red. Hoy mismo usted puede intercambiar lo que le sobra, el conocimiento del idioma español, por lo que le falta, el conocimiento del chino mandarín, sin salir de su casa.

A pesar de todo, el gran enigma que plantea al Economía Colaborativa no ha sido resuelto todavía. No sabemos si nos encontramos ante un sistema económico alternativo o ante unas herramientas alternativas del mismo sistema capitalista. Y, tal como señala el Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación (COIT) en su reciente “Informe sobre Economía Colaborativa”, es importante esta diferenciación puesto que un sistema alternativo implica una redefinición a su vez alternativa de las relaciones ligadas a dicho sistema (relaciones laborales, impuestos, legislación, etcétera), en tanto en cuanto que el uso de herramientas alternativas implica nuevas estructuras organizativas internas y particularizaciones en el sistema general implantado, pero no una reelaboración general del marco de relaciones.

Esta reserva queda plenamente justificada por los hechos. Las empresas más exitosas del nuevo modelo y, en consecuencia, las más reconocidas (AirBnB o Uber) no han dejado de responder ni un solo momento al vector del beneficio económico. No; no es Economía Colaborativa todo lo que se pretende hacer pasar por tal cosa.


¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (1)    No(0)
Compartir en Meneame enviar a reddit compartir en Tuenti

+
0 comentarios