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¿ESTAMOS PERDIENDO SEGURIDAD JURÍDICA?

¿Justicia? No, gracias

¿Justicia? No, gracias

· Por Luis Sánchez de Movellán, doctor en Derecho, profesor y escritor

By Luis Sánchez de Movellán
jueves 06 de abril de 2017, 08:57h
La democracia totalitaria que carcome nuestra Patria desde hace cuarenta años ha situado a los españoles en un umbral de asombro y de repugnancia difícilmente superables. Cualquier atropello, aberración, delito o corrupción no suscitan ya ninguna reacción de nuestros compatriotas. El establishment socio-político-cultural ha ido inoculando virus postmodernos (relativismo, corrección política, ideología de género, cultura de la muerte…) en pequeñas y graduales dosis para que lentamente nuestras conciencias se fueran acostumbrando y así, poquito a poco, ha conseguido anestesiarlas.
Luis Sánchez de Movellán
Luis Sánchez de Movellán

Un ejemplo paradigmático de la situación nacional es el estado de la Justicia. Aunque por desgracia tengamos que asistir todos los días a una avalancha de sentencias disparatadas, contradictorias, incomprensibles o injustas, últimamente varios fallos judiciales nos han recordado palmariamente en qué estado ruinoso se encuentra nuestro poder judicial: la absolución de la miliciana Rita Maestre en su ataque a una capilla católica, la condena de un grupo de patriotas españoles en el affaire Blanquerna, la condena blandita a los separatistas catalanes que llevaron a cabo un referéndum contra la unidad nacional, la absolución de Cristina de Borbón y la libertad condicional para su cónyuge en un delito más que manifiesto de corrupción…

La Constitución de la II Restauración establece en su art.9,3: “La Constitución garantiza el principio de legalidad…la seguridad jurídica…y la interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos”. Asimismo, en su art.14 podemos leer: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento…opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. A pesar de ello, podemos contemplar como desde un punto de vista conceptual, justicia y legalidad no tienen por qué coincidir y de hecho no coinciden en un buen número de asuntos…vamos a llamar “delicados”. Y dentro de la legalidad hay diferentes interpretaciones del mismo hecho delictivo por parte de los jueces, según los intereses políticos o de otro orden que vienen a interferir ilegítimamente en las sentencias. Y este fraude es tanto más frecuente cuanto más próximos están los tribunales al poder político (Constitucional, Supremo, TSJ) puesto que su nombramiento o destitución depende de los políticos de turno.

Mientras muchos cacos de guante blanco, aforados forrados de toda laya y condición o terroristas asesinos en libertad, se ríen de todos los españoles, observamos con tristeza y preocupación como día tras día, se ataca desde partidos políticos e instituciones públicas la unidad de la Patria, sus sagrados símbolos, su gloriosa Historia, su excelsa Cultura o sus héroes más bizarros. Cómo se pisotea la memoria de muchos españoles que dieron su vida por España. O de aquéllos que pusieron su talento, sea político, artístico o militar, al servicio de la nación española y que transmitieron a sus hijos la herencia recibida de sus padres.

Los ataques a España, que en pura justicia serían merecedores de un castigo ejemplar, se consideran “libertad de expresión” por los sumos sacerdotes del uso alternativo del derecho. Mientras que la defensa de la nación, de su unidad o de sus símbolos es considerada una vulneración del orden constitucional, cuando no un mero “ataque fascista”. En el Código Penal están tipificados los delitos de rebelión, de sedición o de ultrajes a España, pero los políticos (en su juego rastrero de intereses) no quieren aplicarlos y mientras tanto se “dan el pico” con los enemigos de la Patria.

Una verdadera democracia necesita unos verdaderos checks and balances (controles y contrapesos) que limiten y controlen al poder. Ya que éste es un ente bulímico que, como ya nos hiciera ver el maestro Bertrand de Jouvenel en su magnífica obra, Du Pouvoir. Histoire naturelle de sa croissance, tiende a expandirse a toda costa. Si nada viene a contrarrestarlo, estaremos en una dictadura. Si la Justicia no limita al Poder, será cómplice del statu quo, será coadyuvante de la corrupción del poder político y cooperadora necesaria en el mantenimiento de una democracia totalitaria.

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