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OCCIDENTE SE ENFREENTA A UN GRAN DILEMA CON TAIWÁN

El poder punzante, nueva fuerza autoritaria de China Continental
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El poder punzante, nueva fuerza autoritaria de China Continental

· Por Simón Shen Yeaw Ko, Embajador y Representante de la Oficina Económica y Cultural de Taipéi

sábado 23 de junio de 2018, 21:53h
Actualizado el: 26 de junio de 2018, 07:37h
La Fundación Nacional para la Democracia (NED,sigla en inglés), el prestigioso thinktank en Washington, define las nuevas influencias autoritarias que se experimentan en el mundo como “PODER PUNZANTE” (sharp power). The Economist lo define como el uso de “subversión, hostigamiento y presión, que se combinan para promover la autocensura”. Mientras que el poder blando occidental utiliza el atractivo de la cultura y los valores para aumentar la fortaleza de un país, el poder punzante es una herramienta de regímenes autoritarios para forzar conductas en el país de origen y manipular la opinión en el extranjero. Al ser diferente al mundo Occidental, que cuenta con una sociedad abierta y democrática que permiten la libre y veloz circulación de informaciones y de personas, China como país de régimen comunista y autoritario, en vez de intergrarse o interrelacionarse con otros países, aún restrige y censura la divulgación de comunicación, y sus autoridades intervienen donde existe la mínima ofensa o posible deterioro de sus intereses nacionales.

No ha sido casual que tanto Australia como Nueva Zelanda aleguen que el dinero chino ha adquirido influencia en la política, con las donaciones a partidos o el pago a políticos individuales. Asímismo, Alemania ha acusado a China de utilizar las redes sociales para espiar a 10.000 políticos. China ha castigado a Noruega por otorgar el Premio Nobel de la Paz a Liu Xiaobo, ha amenazado con restringirle el acceso al mercado chino a una editorial australiana que publicó un libro con críticas a China. El senador americano, Marco Rubio, ha mostrado su preocupación por la proliferación de los Institutos Confucio y las Clases Confucio en Estados Unidos, y ha exhortado a eliminar contratos cooperativos con ellos, porque el gobierno comunista de China propaga su agresiva influencia para ‘infiltrar’ las aulas en Estados Unidos, suprimir las investigaciones independientes y subvertir la libre expresión tanto en su país como en el extranjero.

Uno de los casos recientes más polémicos ha sido el de las aerolíneas: hace unos meses la Administración de Aviación Civil de China envió una carta a una 40 compañías aéreas extranjeras y les instó a que eliminaran las referencias en sus sitios web o en cualquier otro material publicitario o administrativo que sugiera que Taiwán, Hong Kong y Macao son independientes de China. Lo mismo pasó en las multiempresas internacionales como Marriot Internacional, la marca de ropa española Zara, la americana GAP, y la compañia estadounidense de dispositivos médicos Medtronic, que ante el inmenso interés económico del mercado chino debieron hincar la rodilla, porque deben cumplir con el pedido de China si quieren seguir haciendo negocios en y con China.

El gobierno chino, que nunca ha ejercido su jurisdicción sobre Taiwán, siempre reivindica el principio de ´´Una China´´, ignorando la existencia política de ambos lados del estrecho, que llevan más de medio siglo de separación, y amenaza constantemente con la creciente presión diplomática y militar sobre Taiwán por considerarse un territorio independiente. Sin embargo, sus "disparates orwellianos" no cambiarán el hecho de que Taiwan es un país soberano de facto, independiente y democrático, que ha sido reconocido por sus 18 países aliados y posee 23 millones de habitantes, además, los portadores de pasaporte taiwanés gozan de exención de visa en más de 140 países, incluyendo 26 países de la Unión Europea.

Después del colapso de la Unión Soviética, el mundo Occidental confía en que el país sucesor comunista adapte las reglas institucionales del sistema internacional que se han establecido después de la Segunda Guerra Mundial, como la Organización Muncial del Comercio (OMS). Sin embargo China, presumiéndose de una superpotencia ascendente, es ambicioso por establecer sus propias normas del juego. El poder punzante es un largo brazo del Estado autoritario chino, que en vez de promover los valores universales, tales como la democracia, la libertad y los derechos humanos, usa la subversión, el bullying y la amenaza, muchas veces combinadas, para aumentar la influencia y el control en otros países por sus propios intereses.

Para enfrentar la manipulación china de la opinión pública y la subversión en otros países, la mejor arma es la transparencia, pedir que se respete el existente sistema internacional con todos los países actores y que estos se sometan a las reglas institucionales. Como ha revelado el primer Ministro australiano Malcolm Turnbull sobre el poder punzante de China, “debemos asumir la responsabilidad para nuestra propia seguridad y prosperidad mientras reconocemos que somos más fuertes al compartir la responsabilidad del liderazgo con socios y amigos de confianza.”´

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