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REDUCIENDO NUESTRA DEMOCRACIA

‘Sánchez Style’ o una democracia tocada y herida
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‘Sánchez Style’ o una democracia tocada y herida

· Por Juan Gonzalo Ospina

martes 28 de agosto de 2018, 00:41h
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Hemos pasado del “Democracia Real Ya” al refórmese la voluntad popular reflejada en el Senado. Hemos pasado del referéndum para todo al ‘mejor que no opine la mayoría a ver si vamos a perder la capacidad de acción’. Hemos pasado del Gobierno de la gente a un verdadero gobierno de lobos que aplica las normas según su arbitrio. ¿Qué es democracia si no es la aplicación general de la ley desde el respeto a las normas previas en consonancia con los Derechos Fundamentales ya recogidos en la Constitución?





Que nuestro régimen democrático atisbaba muchos defectos y debilidades no era novedad. Tenemos una elección de presidente que, al ser escogido a través del parlamento, deja la verdadera voluntad popular al nivel de los zapatos. Tenemos un Congreso que representa supuestamente la soberanía nacional pero que con la Ley d’Hont y la provincia como circunscripción hace que las verdaderas cuestiones de Estado hayan de comprarse cediendo transferencias o presupuestos del Estado a los partidos regionales a golpe de talón. Eso, por no olvidar un Senado que debiera representar más y mejor las regiones pero que de facto es en realidad la cámara que mejor representa los intereses de todo el conjunto. Todo ello sin olvidar que en España nuestras comisiones de control de las cámaras para escoger cargos de máximo nivel institucional como el Fiscal General del Estado, el presidente de RTVE, así como los otros tantos cargos de empresas públicas, priman por su ausencia ante el estupor de una ciudadanía que en realidad es la última pagana de este invento.

España necesita un debate de fondo para fortalecerla y mejorarla, con el fin de dejar de caer de una vez en el vaivén del arbitrio político y el partidismo. Posiblemente una reforma que permita escoger al presidente de Gobierno a dos vueltas no hubiera permitido el actual circo. Serían los ciudadanos los que escogerían realmente a su líder, y no sería éste encumbrado a través de pactos de sillón. ¿No es ésa una buena mecánica de imitar el tan sano ejercicio de transparencia al más puro estilo norteamericano?

Con tristeza oímos una y otra vez aquello de que “el pueblo tiene el Gobierno que merece”. Y el de hoy es un poder ejecutivo que sortea al máximo cualquier tipo de control. Ahora quiere aumentar el déficit, que pagamos todos los españoles para contentar a sus socios, eliminando el posible veto en el Senado. ¿Nos imaginamos este debate en países desarrollados? ¿Es posible que un presidente deslegitime el poder del Senado y se ufane o lo motive pseudo-racionalmente? Sería impensable. No solo porque es aberrantemente desde una óptica constitucional sino porque en otros países, a diferencia de la ideología política, está el respeto a la institución y a la ley.

Como me dijo un exiliado político venezolano, “la clave de todo totalitarismo moderno es perpetrar el golpe de Estado institucional, esto es, poco a poco ir legislando y reduciendo el poder de las cámaras para hacerse leyes a su medida. Primero, acotan el poder del Senado, luego nombrarán los jueces del Constitucional que puede terminar siendo un estorbo; y una vez controlados ambos, es el comienzo del fin”. Esperemos que en nuestro caso, y por el bien de todos, este presagio sea solo eso, un diagnóstico nada más que sea apartado de nuestro querido país.

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