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LA CLAVE TECNOLÓGICA DE LA GUERRA COMERCIAL

Shanghái es hoy uno de los mayores centros neurálgicos del mundo financiero.
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¿Cómo está hoy la guerra comercial USA-China?

· Por Manuel Rodriguez Fernández, Ingeniero Industrial y Consultor de Negocios para China

lunes 04 de febrero de 2019, 14:35h
Actualizado el: 07 de febrero de 2019, 07:16h
El año 2018 transcurrió con una escalada continua de la guerra comercial que Donald Trump inició contra China en el primer trimestre del año. Una cascada de aranceles sobre los productos chinos importados a Estados Unidos, fue respondida de inmediato con otra sobre los productos y bienes americanos que China importaba. Después vinieron las declaraciones agresivas de uno y otro lado, nuevas subidas de aranceles y una guerra comercial en toda regla, que llego a poner en peligro la economía mundial.
Manuel Rodriguez Fernández es Ingeniero Industrial y Consultor de Negocios para China.
Manuel Rodriguez Fernández es Ingeniero Industrial y Consultor de Negocios para China.

Como ya dije en uno de mis artículos sobre este tema, detrás de la guerra comercial, que gravaba a corto plazo los productos, había una guerra tecnológica y una lucha para impedir el dominio chino en sociedades americanas tecnológicamente estratégicas, que podían acabar cediendo sus patentes a las matrices chinas que las compraban. Esta es la lucha mas importante, junto con la promesa electoral de Donald Trump de equilibrar la balanza comercial con China, a través de mayores compras agrícolas de cereales americanos por parte de China.

El grado de enfrentamiento, hizo crisis a finales de Noviembre, y con ocasión de la cumbre del G20 en Buenos Aires, Trump y Xijinping acordaron una tregua de 3 meses, que finaliza el 1 de Marzo próximo, para negociar un nuevo status quo en sus relaciones comerciales, que de no alcanzarse, significaría la implantación de aranceles aun mas agresivos por ambas partes.

Estaba previsto, que ambos presidentes volvieran a verse con ocasión de la cumbre de Davos, pero Donald Trump, con el gobierno federal cerrado, optó por no asistir, y en consecuencia tampoco lo hizo el presidente chino. Allí debería haberse evaluado el recorrido de esas negociaciones, que a un tercer nivel de las respectivas administraciones, han tenido lugar en Pekin en la semana del 7 de Enero, y que vuelven a reproducirse esta semana que termina en Washington, subiendo ya a un segundo nivel.

Lo poco que trasciende de estas reuniones, esta cerca de parecerse a un resultado positivo, aunque con matices. Las dificultades que ha planteado al proceso el cierre del gobierno federal americano, han sido un obstáculo para avanzar, aunque han ayudado a quitar el foco de las reuniones, cosa que siempre gusta a los chinos. Los “think tank” chinos están difundiendo alli la idea de que se avanza lo suficiente para que, de no llegarse a un acuerdo total antes de la fecha limite, esta seria prorrogada.

Sobre que se negocia no queda muy claro, aunque los puntos clave parecen ser: la balanza comercial mas equilibrada, y el fin de los subsidios gubernamentales chinos a sus empresas, que les permiten competir en condiciones ventajosas con las americanas. Los antes mencionados portavoces no oficiales chinos, publican análisis sobre a quien perjudica mas esta guerra comercial, y se centran solamente en la cuestión del intercambio de productos. Obviamente, los nuevos aranceles encarecen los productos importados a Estados Unidos desde China, con el consiguiente perjuicio para el consumidor americano. También las restricciones chinas a las importaciones agrícolas americanas, están enfadando al tradicional electorado de Trump en el Medio Oeste americano. En conclusión, para ellos los perjudicados son los Estados Unidos.

Ninguno de estos “think tank” habla de las claves tecnológicas de esta guerra, que es lo que perjudicaría a China a medio y largo plazo, si Estados Unidos consigue sus objetivos para frenar la entrada de sociedades china en empresas tecnológicas americanas. Aquí se esta jugando el papel de China como economía líder mundial de los próximos años, sustituyendo a los americanos. Ambas partes lo saben, y los Estados Unidos creen que están ante una de las ultimas ocasiones para frenar este “sorpasso”, impidiendo el fácil acceso de las empresas chinas a la tecnología americana, como venia produciéndose hasta ahora.

Da la impresión, que este tema va a generar pocas noticias en los próximos meses, ya que a ninguna de las partes le va a interesar que se conozcan sus cesiones a la otra. El proceso de negociación parece ya poco transparente, y solo una posible salida de tono de Donald Trump, nos podrá poner en la pista de algún percance grave, nada deseable por otra parte.

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