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TENSIÓN USA-RUSIA

Muchos expertos consideran que el uso de drones robotizados por Estados Unidos es en realidad una violación del antiguo tratado INF.
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Muchos expertos consideran que el uso de drones robotizados por Estados Unidos es en realidad una violación del antiguo tratado INF.

La nueva guerra fría por el Tratado INF

· EEUU presentó acusaciones por primera vez contra Rusia en 2013, mientras, Rusia desde 1999 venía planteando el tema de uso por el Pentágono de los denominados misiles blanco, prohibidos por el Tratado

jueves 14 de febrero de 2019, 09:56h
Actualizado el: 15/02/2019 16:09h

Procurando justificar su destructiva decisión de retirarse del Tratado sobre la Eliminación de Misiles de Alcance Medio y Más Corto (Tratado INF), EEUU impulsa una campaña informativo-propagandística basada en interpretaciones falsas y manifiestos infundios. Aparte de los sucios intentos por endosar la responsabilidad a Rusia, se les restan premeditadamente la importancia y la validez a las preocupaciones que Rusia ha venido expresando durante muchos años en relación con el cumplimiento del Tratado por el propio Washington. Más aun, se filtran informaciones no fidedignas sobre la evolución y el contenido del diálogo relativo a las reclamaciones recíprocas.

· Más información en:

http://www.mid.ru/es/foreign_policy/news/-/asset_publisher/cKNonkJE02Bw/content/id/3512248

En las publicaciones y declaraciones hechas por representantes oficiales de EEUU se afirma, en particular, que Rusia, “en vez de reaccionar a los motivos de la preocupación de EEUU en relación con el Tratado INF, se puso a presentar sus propias reclamaciones”. En realidad, ocurrió todo lo contrario. EEUU por primera vez presentó acusaciones contra Rusia en 2013. Mientras, Rusia desde 1999 venía planteando el tema de uso por el Pentágono de los denominados misiles blanco, prohibidos por el Tratado. El tema de los drones de ataque lo venimos planteando desde comienzos de los años 2000.

Las declaraciones de los representantes estadounidenses en el sentido de que EEUU, supuestamente, respondió en detalle a las reclamaciones rusas, tampoco se corresponden con la realidad. Durante muchos años, Rusia mostró el máximo de paciencia, procurando que la parte estadounidense eliminara las evidentes infracciones del Tratado INF. Para corroborar nuestra postura, aducíamos argumentos sólidos y técnicamente fundamentados. Pero Washington les hizo caso omiso.

Si hablamos en detalle sobre los drones de ataque estadounidenses, algunos de sus tipos corresponden plenamente a la definición del término “misil de crucero con base en tierra” contenido en el Tratado INF. Bajo este término se entiende un vector no tripulado, destinado a portar armas y dotado de motor propio. El vuelo del vector, en el mayor tramo de su trayectoria, se realiza gracias a la fuerza de sustentación aerodinámica. Quiéranlo en Washington o no, pero la correspondiente cláusula del Tratado fue formulada precisamente así, de modo que es imposible desatenderla.

El Tratado INF no hace menciones de rampas de lanzamiento ni de que los vectores puedan ser empleados en una sola ocasión o en múltiples ocasiones. Así que lo infringen cualesquiera drones de ataque con alcance de 500 a 5.500 kilómetros, lanzados desde tierra firme.

Son absolutamente inconsistentes los intentos de alegar el desarrollo de drones de ataque en Rusia. A diferencia de EEUU, en Rusia no están desplegados los sistemas de esta clase con alcance prohibido por el Tratado. Por lo que se refiere a los trabajos I+D, el Tratado INF no los prohíbe.

En cuanto al masivo empleo por el Pentágono de los misiles blanco durante las pruebas anunciadas como antimisiles, Rusia tiene todas las razones para sospechar que en realidad se ensayen los misiles prohibidos por el Tratado INF. So pretexto de someter a prueba el sistema de alarma de la defensa antimisiles, ellos son lanzados a una distancia de 500 a 5.500 kilómetros sin destruirlos. Los misiles realizan el ciclo completo del vuelo: desde el lanzamiento hasta la caída de la carga útil que a menudo incluye vehículos de reentrada maniobrables, bloques con blancos falsos, etc.

De este modo, detrás del biombo de “blancos para la defensa antimisiles” EEUU desarrollan misiles cuyas ojivas tienen unos alcance, características de vuelo, sistema de control, masa y dimensiones idénticos a los misiles sujetos a las limitaciones del Tratado INF.

Las afirmaciones estadounidenses de que los misiles blanco en realidad no lo son, porque no se ensayan con fines de ataque, no las podemos aceptar, porque sus lanzamientos sin intercepción no son distinguibles de los ensayos de los misiles de ataque.

Otra reclamación rusa a EEUU que, tal vez, suscita la mayor inquietud en el contexto del Tratado, es el despliegue terrestre de las rampas de lanzamiento universales Mk-41 formando parte de los sistemas Aegis Ashore. Se despliegan en Europa supuestamente con fines exclusivos de la defensa antimisiles. Pero las mencionadas rampas de lanzamiento permiten lanzar desde tierra los misiles de alcance medio Tomahawk y otros vehículos de ataque. Se trata de una directa y flagrante violación del Tratado INF.

Como es sabido, a tenor del Tratado INF, EEUU en su tiempo eliminó los sistemas terrestres de lanzamiento de misiles de crucero Tomahawk. Dichos misiles desde el inicio se desarrollaron en el marco de un programa único como vehículos universales con base en diversos medios. Los misiles con base en tierra y con base en mar no se diferenciaban por su aspecto exterior.

Ahora, pasados varios decenios, la parte estadounidense de hecho reconstruye la infraestructura para los Tomahawk en tierra. Esto contradice el Tratado INF. El traslado de las rampas de lanzamiento Mk-41 desde buques a la tierra automáticamente las cataloga entre las rampas de lanzamiento de misiles de crucero con base en tierra.

Las declaraciones hechas por los representantes oficiales de EEUU acerca de que las rampas de lanzamiento ya desplegadas en Rumania y a ser desplegadas en Polonia, no son análogas a las rampas Mk-41 con base en mar, contradicen las afirmaciones de los militares estadounidenses y de los proyectistas del sistema Aegis Ashore quienes en reiteradas ocasiones confesaron honestamente que las versiones terrestre y naval de esta rampa de lanzamiento son “de hecho idénticas”.

Aparte del aspecto jurídico, dicha cuestión tiene para la parte rusa una importante dimensión estratégica, pues en las cercanías inmediatas de Rusia aparece una infraestructura de misiles estadounidense. La amenaza a nuestra seguridad se ve agravada por los anunciados planes estadounidenses de restablecer misiles de crucero con base en mar dotados de ojivas nucleares. Como ya ocurrió antes, con esta finalidad pueden volver a utilizarse los Tomahawk. Consecutivamente, estos misiles con ojivas nucleares en un futuro podrían aparecer en los lanzadores de los sistemas Aegis Ashore desplegados en Rumania y Polonia.

Al renunciar a los avances positivos en los problemas de importancia crítica para Rusia, EEUU procura focalizar la atención en las aparentes “infracciones” rusas del Tratado INF. Y pretende presentar la situación como si a la parte rusa le hubiera sido proporcionada una copiosa información que testimonia nuestra “culpa”.

No es verdad. No por casualidad Washington oculta que, durante unos cinco años, Rusia le solicitó información sobre tres aspectos clave cuyo examen integral abriría el camino hacia el análisis profesional de las reclamaciones estadounidenses. Se trata de una descripción precisa del misil que suscita sospechas, la indicación de los lanzamientos concretos cuando, según EEUU, se violaron los compromisos asumidos a tenor del Tratado INF y, ante todo, la presentación de los datos objetivos a partir de los que se sacó la conclusión de que, durante los ensayos, el alcance del vuelo superó al permitido.

En vez de presentar todo el conjunto de la información supuestamente disponible, como insistía Rusia, los estadounidenses eligieron andar por otro camino. Al inicio, aparecieron las insinuaciones al estilo "ustedes saben perfectamente cómo lo violan". Posteriormente, se le entregó a la parte rusa una información mínima y de carácter muy general a la que periódicamente, a veces, una vez al año, se agregaron datos poquísimos, incluidas las imágenes del espacio sacadas de Internet y una denominación como chasis ampliamente utilizado de una rampa de lanzamiento, a partir de las que es imposible sacar una conclusión profesional.

Washington necesitó varios años antes de señalar un misil concreto - 9М729 diseñado en el marco de la modernización del sistema de misiles Iskander-M. Mientras, Rusia nunca ha disimulado su existencia de que nos intentan acusar. Después de que los estadounidenses indicaron el índice del misil, confirmamos su estancia en los arsenales de Rusia. Refutamos y seguimos refutando el hecho de que este misil se ensayara alguna vez a distancias prohibidas por el Tratado INF.

En lo que se refiere a los lanzamientos concretos que Rusia presuntamente realizó violando el Tratado INF en el polígono de Kapustin Yar en la provincia de Astracán, se le informó a la parte rusa sobre sus fechas - en 2008 y 2011 – cinco días antes del 20 de octubre de 2018 cuando EEUU declaró su intención de abandonar el Tratado. Esta información no fue fundamentada por algunos hechos tampoco. No se señaló la precisa distancia a la que Rusia supuestamente probó su misil, según los estadounidenses. En vez de eso se limitaron a referirse a una enigmática información de inteligencia y se negaron a presentarla, como siempre.

En otras palabras, durante mucho tiempo, se ofrecía a Rusia montar un puzzle de los elementos aislados y obtenidos en momentos diferentes cuando no se presentó ni una sola prueba de violación por parte de Rusia de este Tratado. El índice del misil y las fechas de sus lanzamientos que se realizan regularmente en Kapustin Yar en el marco de ensayos o ejercicios militares de las tropas antiaéreas no evidencian de nada ilegal.

La forma de tergiversar los hechos a la que recurre hoy EEUU para justificar torpemente su decisión de destruir el Tratado INF, consolida la convicción de que los estadounidenses decidieron torpedear el Tratado hace mucho. El motivo real es el deseo de desatarse las manos al máximo, garantizar la posibilidad de recurrir a un número ilimitado de herramientas militares para ejercer presión con el empleo de la fuerza en cualesquiera opositores en todo el mundo.

Es una política peligrosa que puede conllevar las consecuencias muy graves para la estabilidad global. La comunidad internacional, ante todo, los ciudadanos de EEUU y otros países miembros de la OTAN cuyas autoridades reproducen a ciegas las insinuaciones estadounidenses deberían reflexionar sobre las posibles consecuencias de la obsesión de Washington por el espejismo de la supremacía militar.

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