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MORAL TRIBUTARIA Y ADMINISTRADOS

¿Existe la ética fiscal?

· Por Gonzalo Barceló (Responsable de Área Jurídica y Jefe de Redacción de ElMundoFinanciero.com)

sábado 06 de julio de 2019, 09:00h
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Gonzalo Barceló
Gonzalo Barceló
Uno de los efectos más controvertidos de los sistemas tributarios y fiscales en los países desarrollados es el de la contribución al sostenimiento de los estñandades de vida. Cuando se habla de redistribución de la riqueza suele tenderse a pensar de manera simplificada en el gasto social, en materias como la sanidad pública, la educación o las pensiones. Pero los sistemas de los países avanzados tienen también que disponer de gastos muy importantes, en los que todos aportamos, que tienen que ver con la seguridad y el sostenimiento de los equilibrios necesarios para que dicho sistema no se ponga en riesgo, minimizando las amenazas. Entre ellos estaría también el gasto en Defensa, Inteligencia o Policía, sin los cuales ningún estado moderno, avanzado y democrático podría supervivir.

Para rodar en torno a la idea acerca de la ética en su ámbito fiscal, parémonos a reflexionar acerca de lo que es la ética en si, y si seremos capaces de sostener que nos movemos en entornos morales y éticos en el seno de nuestra empresa, compañía, equipos de trabajo o, incluso, familia. La ética se define como aquella disciplina filosófica que estudia el bien y el mal; y se dedica por tanto a valorar el comportamiento humano en diversos aspectos.

La ética fiscal se abre a un sinfín de ramas a abordar, las cuales han tocado diversos autores a lo largo del siglo pasado -ioncluso desde los escolásticos- y han fundamentado y establecido las bases de dicha ética fiscal. Entre alguno de los autores más destacados sobresalen José Luis Pérez de Ayala y a Gonzalo Higuera, los cuales han realizado diversos ensayos sobre la ética fiscal y su doctrina.

La obligación de pagar impuestos es algo que se lleva imponiendo y tratando incluso en diversas obras literarias desde tiempos inmemoriales, ya sea desde la época romana o prerromana, pero siempre ha estado presente en diversas culturas a lo largo de la historia, que se disponía y continúa disponiendo como herencia de aquellos tiempos como contribuir al bien y al mantenimiento de toda la sociedad como la obligación moral de pagar impuestos.

Suele decirse que una de las principales obligaciones del empresario es la de eludir impuestos, de zafarse de la presión fiscal buscando los instrumentos legales que permiten reducir la carga impositiva. Pero parémonos a pensar por un momento lo necesario que es que nuestra Sociedad se comrometa con su sostenimiento en lo más íntimo de s médula. Todos somos conocedores de las normas que impone el Estado, acusado muchas veces de confiscatorio, especialmente de aquellas donde se nos detalla el tributo, el hecho gravado y las futuras consecuencias, pero aún así tenemos además de la obligación normativa de pagar impuestos otra fuerza o segundo impulso interno, llamado moral, que nos lleva a cumplir con dicha ética fiscal, es decir, el cumplir con dicha norma y cumplir con lo dispuesto en ella por una cuestión meramente humana y razonable.

Como símil encontramos el orden moral y ético del respeto de la integridad del resto de personas por ejemplo cuando estamos caminando por la calle, es algo que procede de nuestro subconsciente y moralmente nos guía por ese camino para cumplir con el bien común, algo sobre lo que todo el mundo está de acuerdo que existe: nuestra Sociedad funciona como un organismo vital, que se mueve en unas fases consciente y en otras incosncientemente. Esto mismo es lo que nos es aplicable a dicha ética fiscal, el que cumpla contribuye al bien común y al mantenimiento, renovación y perpetuación de la Sociedad y su sistema; por el contrario sabemos que si vamos en contra de dicha ética también estaremos atentando contra la normativa legal dispuesta, a consecuencia de la cual nos encontraremos con una sanción o un incremento en el pago además de un pesar interno al haber ido en contra de dicha ética.

También es verdad que conocemos diversas normas que igual ahora mismo se nos vienen en mente que quizás nos parezcan desproporcionadas o abusivas en los tributos, esto nos hace pensar internamente que es una ley injusta vigente pero que no es ilegal al estar aprobada por las Cortes, es legal, es una ley que entra dentro de nuestro sistema de normas, con la cual hemos de cumplir, y si bien es verdad que hacemos caso al bien común puede que dicha norma despliegue consecuencias y se nos llegue a sancionar. Estos casos se han dado a lo largo de la historia, cuando por ejemplo un gobernante aprueba un tributo nuevo que a los ciudadanos les es contrario al bien común pero aún así han de cumplir con él, ya que pueden hacer caso a su subconsciente y a su moral pero se verán afectados por las consecuencias jurídicas de dicha norma.

El concepto de ética fiscal se nos viene introduciendo desde pequeños, mucho antes de nacer al mundo empresarial, porque el ir a por una barra de pan conlleva el pago de un tributo, el cual se paga implícitamente sin casi percatarse de ello a la hora de abonar la cantidad del producto, es algo que va implícito en nuestro ser como por ejemplo son dichos impuestos indirectos. Por su parte, los impuestos directos que gravan a la persona y corresponden a unas cantidades monetarias más elevadas son los que más problemas plantean a la hora de la ética. Vemos por ejemplo multitud de aparatosos tejemanejes que realizan por de personas en todos los países del mundo para eludir su pago de impuestos o pagar menos, que estarían atentando contra la obligación moral de pagar impuestos, ya que muchos piensan que es abusivo o desproporcionado y es donde entra como protagonista el fraude fiscal, el cual está al otro extremo de lo que es dicha ética fiscal.

Al igual que hay multitud de personas para dar diversas opiniones también las hay a la hora de cumplir debidamente como ciudadano. Estos distintos tipos de persona piensan en una de las siguientes cosas:

  • La moral me dice que he de cumplir con el bien común, el cual corresponde a contribuir al igual que lo hacen todos en la sociedad y mantener mi estado de derecho y el bienestar.
  • La moral me dice que he de cumplir con el bien común, el cual me dice que no tengo por qué pagar dicho impuesto porque es confiscatorio, por lo consiguiente, no lo pago.

Muchas personas actúan como ven a sus símiles, estos ven que todos incumplen, pues ellos también, y piensan que es el bien común y van desencaminados ya que solo unos pocos se salvan de dicha lluvia de sanciones que posteriormente les acechará, porque al incumplir con más personas su instinto les dice que se encuentran protegidos, lo cual es mentira, porque esto es como si incumples un artículo del código penal, que conllevará su sanción proporcional al daño o falta que hayas tenido.

Reflexionemos acerca de lo importante que es nuestro compromiso con la Sociedad, una Sociedad que nos quiere como personas activas y de las que sentirse orgulloso, personas con talento que hacen su esfuerzo, no para que todo continúe igual, sino para que mejore aún más. ¿Quién no se siente orgulloso de sí mismo cuando va logrando los objetivos que se propone? Esas metas son las mismas por la que nuestra Sociedad también se siente orgullosa de nosotros.

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